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A fondo / 20-2007

 Reflexiones de Luis Martín Pindado


El presidente Nacional, Luis Martín Pindado, reflexiona sobre política y políticos


Acabamos de celebrar en la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España, UDP, nuestra XXVIII Asamblea General. Se trata de un encuentro anual donde la organización se toma el pulso, se intercambian ideas y opiniones y se conversa con los compañeros de toda España. Otra de las cosas que hacemos cada vez que celebramos una asamblea es dar la bienvenida a las asociaciones que se han incorporado a la organización durante ese año. En esta ocasión han sido más de 30 las nuevas asociaciones incorporadas en toda España.

En mi condición de presidente nacional tengo que viajar con frecuencia por el país y da gusto comprobar que en los pueblecitos más remotos, en los lugares más recónditos existe un letrero en algún local con las siglas de UDP.
En estos tiempos de individualismo exacerbado es reconfortante comprobar que el movimiento asociativo de mayores está tan vivo. Y es tan útil a la sociedad. Me comentaba un amigo de Castellón, que gracias a las convivencias con otros pueblos que organizan desde su asociación, se han estrechado importantes lazos de amistad entre comunidades vecinas que estaban enfrentadas desde hace tiempo no se sabe bien por qué; esa dichosa herencia cainita que nos persigue a los españoles haciéndonos pelear hermanos contra hermanos permanentemente.

Los amigos de Burdeos, Francia, están peleando desde hace varias legislaturas para que se reconozcan los años que trabajaron antes del final de la guerra, pues no se les computan para su pensión al no tener la mayoría documentos que justifiquen esos años trabajados. Y el vicepresidente de la asociación de Laussane, en Suiza, me contaba que allí cuidan muy bien a la gente mayor, proporcionándoles rentas complementarias cuando sus pensiones son muy bajas.

Los amigos de Tenerife quieren ampliar la oferta de viajes fuera de las Islas para sus mayores, porque les cuesta un dineral salir de allí. En cambio los de Melilla están contentos con la ayuda que les proporciona el ayuntamiento. En Logroño piden a sus autoridades competentes un local nuevo para la asociación, porque son ya más de 1.500 asociados y hay demasiado trajín para tan poco espacio. En Castilla-La Mancha y en Galicia se hace hincapié en incrementar las redes de apoyo en los ámbitos rurales y desde Valladolid nos piden ordenadores y cursos de formación.
Cada territorio tiene sus carencias, cada localidad sus necesidades. Pero lo que es claro es que los mayores disponemos de una inmejorable red asociativa para canalizar nuestras demandas a las administraciones competentes, aunque en muchas ocasiones hagan oídos sordos.

Acabamos de celebrar unas elecciones y me hubiera gustado que a la hora de confeccionar los diferentes programas se nos hubiera tenido en cuenta. Pocos piden nuestra opinión, a pocos interesan, pero todos se pelean por nuestros votos.

Qué ocasión mejor que ésta para que los políticos de uno u otro signo hubieran puesto en práctica lo que proclaman siempre que tienen oportunidad: “queremos que los mayores participen activamente en la construcción de la sociedad”, “la aportación de los mayores a la sociedad es un elemento indispensable del que no podemos prescindir, bla bla bla, bla bla bla...” ¿Quién mejor que nosotros para exponerles nuestras inquietudes, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones? ¿Cómo quieren resolver nuestros problemas si no nos preguntan?

La política debería ser el cauce para dar solución a los problemas de los ciudadanos pero a veces pienso que Woody Allen tenía razón cuando decía que “la vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema”. Señores políticos, hagan su trabajo, cumplan con los compromisos adquiridos y, aunque les parezca anacrónico, respeten la palabra dada.

No incidiré en un tema en el que coinciden casi todos los partidos. Se trata de la necesidad de aumentar la cobertura de atención sociosanitaria. Hacen falta más plazas en residencias, más centros de día y más servicios de ayuda a domicilio. Y lo ideal, aunque parezca utópico, es que el mayor pudiera elegir el lugar en donde pasar sus últimos años de vida.
Con el sistema actual, en muchas ocasiones a los mayores los envían a la residencia que tiene una plaza libre, sin tener en cuenta si la residencia en cuestión esta a 15 o a 50 kilómetros de los domicilios de sus hijos o familiares cercanos.
A menudo esto supone romper del todo los lazos familiares y dificultar grandemente la posibilidad de que la familia visite al mayor con más asiduidad. Los mayores sabemos quiénes serán las personas que nos visitarán más frecuentemente si ingresamos en una residencia, y esa información debería ser relevante a la hora de asignar destino a un solicitante de plaza.

Uno de los problemas que más sufren muchos mayores es el de la soledad. No me refiero a las personas que escogen vivir solas, sino a aquellas que llegan a esa situación arrastrados por las circunstancias vitales. Viudas y viudos sin hijos o con poca relación con ellos y personas con problemas de movilidad.
Es cierto que se han ampliado los servicios de ayuda a domicilio y teleasistencia, sobre todo en las grandes ciudades, y es un avance, pero también es cierto que un buen número de las llamadas a estos servicios son para poder hablar con alguien, simplemente para charlar. Las redes de apoyo social en nuestro país son escasas.
Los programas de voluntariado, -costosos de gestionar y complejos en su ejecución- deben ser promocionados mucho más por las distintas administraciones. Porque son, hoy por hoy, la única alternativa que se ofrece a miles de mayores que, gracias a la compañía y el apoyo de los voluntarios, han superado el enorme vacío que acompaña a la soledad no deseada.

Y es responsabilidad nuestra, de las asociaciones del tercer sector, generar nuevos programas de apoyo y ser capaces de ponerlos en marcha para romper las barreras que separan a muchos mayores de este país con el resto de la sociedad. Me estoy refiriendo a programas de intercambio generacional y a programas de integración.

Por último, quiero pedir a nuestros gobernantes de hoy y de mañana que multipliquen sus esfuerzos para reducir la brecha digital existente entre los mayores y otros grupos de edad. Internet y las nuevas tecnologías pueden ser una herramienta muy útil que nos ayude a superar o a paliar en parte problemas tan graves como la soledad o la incomunicación, a la vez que un instrumento imprescindible para la modernización de las diferentes redes asociativas en las que trabajamos.

La gente mayor vamos a votar. Sabemos del privilegio que disfrutamos porque durante muchos años no hemos podido hacerlo. Y ocho millones de votos dan para mucho. Ténganlo en cuenta señores políticos.


Luis Martín Pindado
Presidente Nacional de UDP