Ni una duda más
Estamos entrando en las procelosas aguas del periodo electoral y los pensionistas ya empezamos a oír con demasiada frecuencia pesimistas vaticinios sobre la viabilidad de las pensiones.
El éxito de supervivencia conseguido en los países desarrollados parece ser un demérito a la hora de calcular pensiones futuras. Los gestores de nuestros fondos, con los que hemos ido proveyendo al Sistema durante tantos años, no parecen tener ideas más creativas que las que resultan de que el ratio de cotizantes/pensionistas sea favorable. Pues bien, por muy favorable que resultara para la viabilidad del Sistema que la tasa de supervivencia se recortara, los pensionistas no estamos dispuestos a dar ese tipo de facilidades. Tendrán que buscar otras alternativas, como se ha venido haciendo desde hace casi 100 años.
El sistema público de pensiones no es nada nuevo, más bien tiene una larga historia. Los funcionarios civiles y militares del Estado han venido disfrutando de las pensiones a cargo de la partida de clases pasivas desde el Siglo XVIII. El origen de nuestro actual sistema de pensiones se remonta al año 1919, cuando se crea el régimen obligatorio del Retiro Obrero, que es aprobado por Alfonso XIII en 1921. En el año 1939, después de ser instaurado el régimen franquista en abril, el 1 de septiembre de ese mismo año se promulga el Fuero del Trabajo, una de las Leyes Fundamentales del Reino, y se sustituye el régimen de capitalización en el Retiro Obrero por el de pensión fija, aumentando la pensión y convirtiendo las cajas colaboradoras en delegaciones del Instituto Nacional de Previsión. El Real Decreto de 18.4.1947 establece el Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez, conocido por las siglas SOVI. En 1963 aparece la Ley de Bases de la Seguridad Social, cuyo objetivo principal era la implantación de un modelo unitario e integrado de protección social.
Han pasado muchos años y nuestra Seguridad Social ha mejorado mucho y se ha beneficiado de otros tipos de gobierno eminentemente más sociales. El Sistema, que se cimentó sobre una base de contribución/asistencia, se ha universalizado para poder acoger a otros colectivos más desfavorecidos.
Entre las mejoras más recientes tenemos las reflejadas en el Acuerdo sobre la consolidación y racionalización del Sistema de Seguridad Social, aprobado por el Pleno del Congreso de los Diputados, en su sesión del día 6 de abril de 1995, y que conocemos como “Pactos de Toledo”.
Citamos textualmente la referencia a las obligaciones adquiridas para con los pensionistas:
“El Sistema de Pensiones debe prepararse para hacer frente, sobre todo en el largo plazo, a un incremento de sus obligaciones con las próximas generaciones de pensionistas. Garantizar el fiel cumplimiento de las expectativas debe constituir un compromiso firme de toda la Nación y deben asegurarse las condiciones que permitan su financiación. El futuro debe escribirse y posibilitarse desde el respeto a los compromisos y los principios de solidaridad entre las generaciones y en el seno de cada generación”.
El 13 de Julio de 2006, se firma, en el Palacio de La Moncloa, el Acuerdo Sobre Medidas en Materia de Seguridad Social que complementa y mejora los acuerdos del Pacto de Toledo.
Citamos otro compromiso de este nuevo Acuerdo:
“En primer lugar, se hace hincapié en la garantía de la adecuación entre los ingresos y gastos del sistema, ratificando el objetivo de culminar el proceso de separación de fuentes de financiación y un mayor equilibrio en materia de cotización que refuerce el principio de contributividad. Además, se incluye un compromiso dirigido a garantizar en todo momento la sostenibilidad, mejora y adaptación de la Seguridad Social y se refuerza la eficacia del Fondo de Reserva”
Las medidas que se están aplicando en la actualidad para el cobro de las pensiones son, sin duda, medidas sociales equitativas y progresistas, pero deben ir acompañadas también de una salvaguarda de los derechos adquiridos.
Y los pensionistas hemos adquirido esos derechos. El esfuerzo de cotización que hemos hecho a lo largo de estos casi 100 años ha sido muy importante. La Seguridad Social no es un ente abstracto; es el patrimonio de todos los españoles y el resultado del esfuerzo colectivo de los millones de trabajadores que hemos cotizado, muchas veces con enorme esfuerzo, incluso por encima de los 35 años exigidos. Los fondos generados se han confiado a unos gestores, nombrados por el Gobierno de turno, que esperamos los hayan sabido administrar. Nuestra generación ha cumplido. Este país es lo que es porque nosotros lo hemos hecho así. Esperamos que las generaciones que ahora lo conforman lo mejoren aún mucho más. Y ahora, ya mayores y el eslabón más débil de la cadena social, tenemos derecho a esperar que cumplan con nosotros como nosotros hemos cumplido con las generaciones que nos han precedido.
Y con las pensiones ni una broma, ni una duda, ni una inquietud. Esta es una cuestión que inquieta a los mayores pero, lo que es más grave, en los jóvenes puede generar desconfianza y eso es peligroso. Nosotros, los pensionistas de hoy, hemos hecho nuestras aportaciones a un sistema de seguridad social que hemos supuesto ha sido gestionado con la máxima eficacia y ahora esperamos el debido retorno. Los pensionistas del mañana, que serán los que lo tendrán que seguir manteniendo, suponemos que esperarán lo mismo. ¿Y qué confianza podría generar, pongamos por caso, una entidad bancaria que pusiera en tela de juicio la viabilidad del cobro de sus depósitos? ¿Y qué futuro podría tener? Con las cosas de comer no se juega.
Resumiendo, lo que los mayores queremos oír sobre las pensiones es que gozan de una salud férrea y que su único futuro es mejorar. En estos tiempos en que se nos habla continuamente de una economía en desarrollo, queremos que se nos trasmita confianza. La verdadera dimensión de un país civilizado se mide por su bagaje social y si los mayores no se pueden beneficiar del desarrollo de su país, algo falla en la sociedad. España tiene que compartir su desarrollo con sus mayores y unas pensiones adecuadas son la llave de nuestra dignidad, de nuestra autonomía y de nuestra independencia.
Lo que UDP pide a los que nos gobiernan, a los que nos pueden gobernar y a los que tienen escasas posibilidades de poder hacerlo, es que sobre la viabilidad de las pensiones no nos presenten ¡¡ni una duda más!!
|