El fin de la vida laboral suele ser sinónimo de una rebaja de los ingresos. Lo dice la realidad y lo dicen también las encuestas. La mitad de los trabajadores, y algo más de la mitad de los jubilados, consideran insuficientes los fondos de que disponen (o dispondrán) para pasar los últimos años de retiro, según los datos de una encuesta mundial realizada por la aseguradora Axa Winterthur.
Es necesario, pues, planificar la jubilación con tiempo y ahorrar de forma constante, como en la fábula de la cigarra y la hormiga. Pero son muy pocos los que lo hacen.
Las entidades financieras recomiendan iniciar el ahorro destinado a la jubilación entre los 35 y los 45 años y no dejarlo para el final, lo que obligaría a realizar una inversión más elevada y arriesgada para conseguir el capital equivalente al obtenido tras una larga planificación.
Sin embargo, y a pesar de que España encabeza la lista de países con mayor población anciana de la UE, la jubilación suena aquí a futuro remoto, tan remoto que sólo el 30% de los trabajadores han empezado a prepararla, según el informe anual de Axa Winterthur. En Europa este porcentaje ronda el 60%.
A pesar de que el 77% de los encuestados opina que la Seguridad Social tiene problemas o está en crisis, lo cierto es que prefieren dejar 'para más adelante' este tipo de inversión. 'Los españoles prefieren disfrutar el presente y ver el futuro desde lejos, como si fueran inmortales', dicen los expertos. Y cuándo se les pregunta a qué edad abrirán su primer fondo de pensiones la mayoría ofrece el dato de los 48 años, 52 en el caso de los trabajadores con hijos. Ya se sabe, cuando los niños son pequeños los gastos son todavía muchos.
Si la planificación se resiste, también lo hacen las tasas de ahorro. Mientras que en España el dinero que los trabajadores dedican a la jubilación asciende actualmente a 196 euros, 12 euros menos que en 2004, el de los estadounidense es de 474 euros y el de los japoneses de 395 euros.
Esta diferencia tiene que ver con la percepción que este país tiene sobre quién debe ser el proveedor de este bien. La mayoría, el 94% de los encuestados, estén en activo o retirados, considera que es el Estado el responsable de suministrar los ingresos de jubilación, una creencia que es aún más intensa entre las mujeres trabajadoras (97%). El papel de la empresa y del propio individuo sigue siendo secundario y sólo la mitad de los empleados opina que su empresa o él deben asumir los gastos durante el retiro, en contraposición al 70% y 80%, respectivamente, de la encuesta internacional.
Sacrificar el bolsillo pensando en el día de mañana quizá tenga poco que ver con el carácter latino y el carpe diem, pero en las bajas tasas de ahorro en planes de pensiones de España respecto a sus vecinos europeos también tiene mucho que ver el fuerte nivel de endeudamiento de las familias españolas y el yugo que suponen las hipotecas.
Ante las reticencias culturales y económicas para ahorrar, el trato fiscal favorable de que disfrutan los planes de pensiones es el gran reclamo para su contratación. Hasta el punto de que el momento álgido de la compra de estos productos es la recta final del año, justo cuando hay que calcular con tino cuál será la factura tributaria.
En cualquier caso, las entidades insisten en la conveniencia de ir realizando aportaciones periódicas y no dejarlo todo para el final del año, aunque esta recomendación convive después con las campañas publicitarias. En cualquier caso, los españoles demuestran una clara aversión al riesgo. El 78% de los trabajadores y el 81% de los jubilados opta por una rentabilidad mínima sin riesgo financiero, mientras que en Europa la inversión arriesgada se eleva hasta el 70%.
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