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Publicaciones / Concurso-2ºAccesit

  V Concurso Literario UDP


 2º Accesit


SUEÑOS ROTOS
AUTORA: ISABEL MICO FELIZ

La mente envuelta en brumas de semiconsciencia y el cuerpo ajeno a su control, desmadejado, inmóvil en la gran cama matrimonial. Así ha quedado después del ataque cerebral que sufrió inesperadamente hace tan sólo un par de días. La respiración indica que el cuerpo aun conserva vida. La mente .... Ha quedado dañada. Ya no es capaz de enviar órdenes a los sentidos.

En este momento, sin embargo, siente un extraño desasosiego que percibe muy tenuemente y como en sueños. Le llega un rumor de voces extrañas, sonidos desacostumbrados, muy cerca. Escucha e intenta comprender. Apenas lo consigue en momentos fugaces. Comentarios incoherentes, como si fueran trozos de un viejo tenido deshilachado. Una voz desconocida, áspera y dura.

- No podemos incluir en el lote de venta este Don Quijote tan manoseado y que, además, casi se está cayendo a pedazos.

El cuerpo desmadejado del hombre sufre un ligero temblor y hace esfuerzos sobrehumanos para despejar su mente abotargada. Lo consigue en cierta manera, pero no lo suficiente como para poder gritar su desconcierto.

"¿Quiénes sois vosotros para manosear nuestro amado libro Don Quijote? ¡Ni os atreváis a tocarlo! Está viejo y gastado, sí, es cierto. Fueron incontables las veces que mis manos pasaron sus hojas a lo largo de todos los años que estuvimos juntos, ¡toda una vida! A ella le gustaba que le leyera un capítulo cada día. Se emocionaba, reía o lloraba, según fueran las aventuras de nuestro héroe más querido...".

- Una pena porque es una edición antigua y valiosa por la que conseguiríamos un buen pellizco.

"Muy antigua, bien cierto es. Perteneció a varias generaciones de mi familia y lo recibíamos en herencia como un bien muy apreciado. Hubiera pasado a nuestro hijo si hubiéramos podido tener uno. Entre sus hojas han quedado prendidas muchas horas de sueños, de ilusiones, de esperanzas, de... ¡si! También de dolor. Se lo leí a ella muchas veces, no sabría decir cuántas. Nunca se cansaba de escucharlo. Algunos capítulos casi los aprendí de memoria. Era feliz viendo que ella podía reír cuando escuchaba las aventuras más disparatadas. Me sentía igualmente feliz cuando ella lloraba en las aventuras más tristes y dolorosas..."

- Si no estuviera tan desgastado...

"Ha sido e amor el que ha desgastado las finas hojas de nuestro Don Quijote. El amor y la angustia cuando veía cómo iba debilitándose su cuerpo tan frágil. Discutíamos todos los pasajes de la obra. Unas veces estábamos más de acuerdo con el caballero y otras nos inclinábamos por la sensatez y la ingenuidad, a veces, de su escudero. Eran ya casi como miembros de la familia. Ella, espíritu romántico, defendía a Don Quijote y deseaba con todo su corazón que encontrase el amor de Dulcinea. A veces parecía como si creyera que el personaje era real. Estaba de acuerdo con las ideas de la discreta Dorotea y defendía con empeño Maritornes que, aunque de figura poco agraciada, tenía un corazón de oro. La Duquesa no le caía tan bien. Decía que por intentar burlarse de Sancho Panza. De todos los personajes tenía opinión propia..."

- Así, tal como está, no nos quedará mas remedio que ponerlo en el montón de trastos inservibles destinados al fuego.

"¡No! ¡no lo echéis al fuego! Por favor ¡no lo hagáis! Era su libro preferido. Hace años que se la llevaron de mi lado. La larga y cruel enfermedad consiguió vencerla y murió un atardecer, su rostro lleno de paz y un amago de sonrisa en su boca mientras le leía una de las aventuras más amables. Aquella en que Don Quijote pidió al ventero que le armase caballero..."

- Aquí hay un libro de poemas, de valor si no fuera porque está casi igual de destrozado. Este hombre tiene una buena biblioteca y no entiendo cómo ha podido tratar algunos libros con tan poco cuidado.

"¿Cómo que con poco cuidado?" Pocos serán capaces de amar los libros tanto como los hemos amado nosotros. Esos poemas los leíamos juntos, uno ella, otro yo, mientras dábamos cortos paseos por la alameda al atardecer. Empezaba a manifestársele la terrible enfermedad y teníamos que sentarnos a descansar cada poco. Sentados en un banco leíamos poemas y eso nos serenaba. Siempre los mismos, los que más nos conmovían y emocionaban. Por eso están tan desgastadas las hojas..."

- ¡Curioso! Esta colección de libros de viaje es francamente buena y está casi nueva, como si no la hubiera leído ni una sola vez.

"No, no llegué a leerlos... Ella hubiera escuchado con la misma atención, pero... ¿cómo leerle libros de viajes a países exóticos cuando ella apenas podía moverse? Me parecía cruel por mi parte y ni siquiera llegué a decirle que los había comprado. Es verdad que podía haberlos leído cuando me quedé solo, pero entonces ya no tenía ilusión. Necesitaba que ella escuchara, ver su mirada atenta y llena de cariño, su sonrisa alentadora..."

- Entonces ¿qué decidimos por fin? ¿Intentamos vender el tomo de Don Quijote o lo quemamos?

"¡No lo hagáis, por favor! Lo necesito para leerle un capítulo cuando un día el Señor me lleve junto a ella. Ese día me atreveré a decirle que yo me fijaba más en el paisaje y en los lugares que recorrieron nuestro héroe y su fiel escudero. Que en cierta manera realizaba así mis sueños de viajar, mi gran pasión. Estoy seguro de que ella me comprenderá. Sonreirá con picardía y... seguirá defendiendo con entusiasmo los sueños de Don Quijote. Por favor ¡no lo echéis al fuego!"

- Hemos terminado, ya no quedan libros en las estanterías.

Las voces extrañas suenan cada vez más lejanas y la habitación, en la que él nota el vacío de sus amados libros, ha quedado en total silencio. Siente que se le escapa rápido la vida.
Una silueta borrosa, aunque para él perfectamente reconocible, se acerca lentamente. Le llega la voz de ella, tan recordada y añorada...

"¡No te preocupes, querido! Ya estamos juntos y aquí no necesitamos tener en las manos nuestro libro. Aún sin él podemos seguir soñando y disfrutando con las aventuras de nuestro caballero. ¡No temas!"

Ella había acudido junto a él para consolarle, para estar a su lado como siempre. No puede hablar ni darle la mano, pero seguro que ella sabe que está dispuesto y preparado para acompañarla.

TRA-NA