Un factor que ayuda a esta situación
es la ausencia de una formación más
amplia en temas de salud desde la escuela
o durante el embarazo. Muchas pacientes
no conocen esta parte de su anatomía,
su vejiga, su periné ni los cuidados
que deben realizar en el embarazo y tras
el parto o la menopausia.
Tampoco conocen que existen tratamientos
disponibles que van desde el tratamiento
rehabilitador de la musculatura de la pelvis,
pasando por el tratamiento médico
y, cuando se precisa, el tratamiento quirúrgico.
Estos tratamientos, bien indicados y usados
tienen una alta tasa de éxitos. Los
tratamientos de los que disponemos permiten
curar más del 40% de los casos de
incontinencia de orina en la población
de más edad y más del 70%
del resto de los incontinentes.
Es cierto que la incontinencia urinaria
no constituye una amenaza para la vida de
los y las pacientes que la sufren, pero
actualmente se reconoce que puede interferir
en la calidad de vida de quien la padece
de forma más severa que otras enfermedades
con consecuencias o secuelas a largo plazo
más graves. Padecer incontinencia
afecta a las relaciones humanas y sexuales,
limita la libertad de viajar o salir a la
calle, disminuye la productividad laboral,
afecta a la vida familiar, deteriora la
autoestima, favorece el aislamiento y empeora
la depresión.
Pero además, la incontinencia urinaria
a menudo repercute en la vida del cuidador
o cuidadores del paciente incontinente (figura
imprescindible cuando la incontinencia afecta
a niños, ancianos, lesionados medulares...)
Por otra parte, se comprende fácilmente
que un problema de tal magnitud tiene aspectos
sociales y económicos nada despreciables.
Por todas estas razones debemos prestar
más atención y medios al cuidado
y cura de esta enfermedad.
La incontinencia urinaria aumenta progresivamente
desde la edad adulta joven (20-30%) a un
30-40% en la edad media y un aumento en
los más mayores hasta alcanzar una
prevalencia del 30-50%.
Es muy importante, además de reconocer
su presencia, valorar hasta qué punto
esa incontinencia urinaria produce problemas
a la mujer que la sufre. ¿Es un problema
severo? ¿O por el contrario, por
su estilo de vida tiene poca repercusión
en su vida diaria?
Existen una serie de factores de riesgo
que favorecen la aparición de incontinencia
de orina en la mujer. Entre ellos destaca
la edad, pero también aumenta la
posibilidad de presentar incontinencia con
el número de partos. Otros factores
importantes son la obesidad, la menopausia
o el deterioro funcional que acompaña
al envejecimiento.
El diagnóstico, tratamiento farmacológico
y quirúrgico de la incontinencia
urinaria están aceptablemente bien
cubiertos en la Asistencia Sanitaria española,
aunque siempre es susceptible de mejora.
Pero en la prevención pre y postparto,
la educación sanitaria preventiva
en la mujer, la reeducación vesical
y entrenamiento del suelo pelviano queda
mucho por mejorar.
Con un tratamiento adecuado, la incontinencia
puede curarse en ocho de cada diez casos.
El tratamiento no es igual en todos los
tipos de incontinencia y puede consistir
en cambios de hábitos o medicación,
tratamiento de reeducación, fármacos
o cirugía. Consulte a su
médico.