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 Andorra, a la vuelta de la esquina


Andorra ya no es sólo una gran calle con muchas tiendas donde comprar muy barato, el país de las montañas esconde muchos secretos para aquél que decida buscar por detrás de alguno de sus valles.

Corría el año 805 de nuestra era, cuando según la leyenda, Carlomagno recompensó a los parroquianos por la ayuda prestada a su ejercito en la lucha contra los sarracenos, con la fundación de Andorra. Aunque es en el Acta de Consagración de la catedral de Santa María de Urgell del año 839 donde aparece por primera vez mencionado el Principado. Ya entonces, la población sometida al poder feudal y en lucha con los sarracenos utilizaban los campanarios de las iglesias como torres vigía, y alrededor de sus porches y sagreras –espacios sacralizados y de recogimiento– se organizó la política andorrana.Los templos románicos andorranos de pequeñas dimensiones, siempre de una nave y con un ábside semicircular, se levantaron con los materiales que dan las montañas, granito, esquistos, piedra tosca y losa, rompiendo la sobriedad de estas iglesias con decoraciones lombardas en sus muros y pinturas murales.
Situados en torno a los caminos, para no perderse ninguna lo mejor es seguir los senderos tradicionales andorranos: El Gran Valira, el Valira del Norte, y el Valira de Oriente.

Iniciamos el camino del Gran Valira en una de las siete parroquias andorranas, la de Sant Julià de Lòira, cuya iglesia de Sant Julià y Sant Germà de Lòira conserva el campanario original de finales del siglo XI –de tres pisos, ventanas geminadas y arquerías lombardas–. Cerca de allí, como si trepara por la montaña, encontramos Nagol, un pequeño pueblo con dos importantes templos, el de Sant Serni y el de Santo Martí. En el primero de ellos se conserva el acta de consagración de la iglesia en el 1055, y se pueden contemplar pinturas murales en el arco triunfal donde aparecen representados ángeles y unos santos no identificados, uno de los cuales tiene cuatro brazos por las distintas modificaciones realizadas por el pintor. Hay que ascender una montaña en un paseo de 20 minutos para encontrarnos con otra iglesia minúscula pegada a la roca, la de Santo Martí.

 Sant Vicenç


Siguiendo el Gran Valira cerca de Santa Coloma se encuentra el templo más antiguo de los valles, el Sant Vicenç d´Enclar construido en el siglo VIII.


Antes hemos visitado la iglesia de Santa Coloma con campanario cilíndrico de cuatro pisos, y la imagen más conocida del románico andorrano. La nave y el ábside fueron construidos entre los siglos VIII y X, sufriendo en el siglo XII algunas reformas.

En el exterior del templo pinturas murales apenas perceptibles en la actualidad, y en el interior, en el arco triunfal de Santa Coloma se conserva un Agnus Dei con decoraciones geométricas.

Salimos de esta parroquia por el puente de la Marginada que con arco de albardilla y nueve metros y medio de luz es el más elegante y esbelto de Andorra, y pasamos a la parroquia de Escaldes Engordany, cuyo edificio románico más representativo es la iglesia de Sant Miquel d´Engolasters, con campanario de tres pisos y planta cuadrada que hacen pensar que lo construyó el mismo equipo que la de Santa Coloma.De cabecera rectangular es también la iglesia de Sant Romà del Vilars del siglo X, que pequeña y austera se encuentra antes de llegar a Engordany.
Cerca de aquí y una vez finalizado el camino del Gran Valira, comienza el Valira del Norte. Desde Escaldes nos dirigimos por un desfiladero muy cerrado a la parroquia de La Massana. Río arriba encontramos la iglesia de Sant Cristòfol de Anyós, una de las más pequeñas de Andorra cuyas pinturas murales del ábside del siglo XII deben adornar las paredes de algún coleccionista.Al oeste de La Massana se encuentra Pal, el pueblo medieval mejor conservado de Andorra, y cuya iglesia de Sant Climent de Pal conserva un campanario del siglo XII, con tres pisos, ventanas geminadas (incluso en el tercer piso, caso único en Andorra) y decoraciones lombardas, tan características de los campanarios andorranos.

Al este se encuentra la parroquia de Ordino, con la iglesia de Sant Martí de la Cortinada en este mismo pueblo, y cuyo interés radica especialmente en su profusa decoración pictórica. En el ábside conserva la figura de un animal fantástico, una clase de lobo con lengua bífida y la figura de Gullem Guifré, un hombre que lleva en las manos un cuchillo y una copa, y cuyo nombre coincide con el de un obispo de Urgell del siglo XI.

Visitar las Casas Museos andorranas, las iglesias románicas con sus pinturas murales y vivir sus fiestas, son algunas ofertas para disfrutar de Andorra.

Al este se encuentra la parroquia de Ordino, con la iglesia de Sant Martí de la Cortinada en este mismo pueblo, y cuyo interés radica especialmente en su profusa decoración pictórica. En el ábside conserva la figura de un animal fantástico, una clase de lobo con lengua bífida y la figura de Gullem Guifré, un hombre que lleva en las manos un cuchillo y una copa, y cuyo nombre coincide con el de un obispo de Urgell del siglo XI.
En la parroquia de Encamp, comienza el camino del Valira de Oriente. Allí mismo está la iglesia de Santa Eulàlia d´Emcamp, seguramente la más grande de los templos románicos andorranos, y con el campanario más alto, construido después de la iglesia en la segunda mitad del siglo XI. Muy cerca en el pueblo de Les Bons, la iglesia de Sant Romà de les Bons consagrada en el año 1164, cuenta en su ábside la representación pictórica de las visiones apocalípticas de San Juan, réplica de las originales que se encuentran en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Visita obligada aquí es la Torre de los Moros, cuyo origen y función se desconoce y que aparece flanqueada por dos palomares y un sistema de conducciones de agua con un depósito excavado en la roca y conocido como el Baño de la Reina Mora.El camino del Valira de Oriente sigue hacia la parroquia de Canillo, donde continuamos hacia Prats, no sin antes pararnos ante la cruz gótica de los Siete Brazos, que tiene seis porque, según la leyeda, el diablo mutiló uno de ellos. En Prats está la iglesia de Sant Miquel, el único edificio andorrano con un arco apuntado, característico de la arquitectura gótica.
Volvemos de nuevo a Canillo y aquí tomamos dirección a Pas y a su iglesia Sant Joan de Caselles, que es junto con la de Santa Coloma, uno de los monumentos románicos andorranos más singulares. De finales del siglo XI en el interior contemplamos un Cristo románico de estuco emplazado junto a unos frescos que representan la cruz y los dos soldados romanos, Longinus y Stephanon,que intervinieron en la crucifixión y flanqueados por el sol y la luna. En el exterior son visibles unas tumbas excavadas en la roca en la misma época que la iglesia y donde estaban enterrados los antiguos habitantes de Caselles.

Aquí concluye nuestro viaje por el románico andorrano, pero el Principado aún nos guarda numerosas sorpresas como la visita a las casas museos de Cristo de Encamp, Rull de Sispony y Areny-Plandolit de Ordino, representativas de las diferencias sociales y económicas que había en Andorra y muestra de la cultura y costumbres del país.
Otra opción es la conocida como ruta del hierro, un viaje al pasado preindustrial del Principado que empezamos en la mina de Llorts abierta a mediados del siglo XIX transcurriendo el recorrido por la galería principal, perforada con barrenos de pólvra. Continuamos hacia la Fraga Rossell situada entre la Massana y Ordino que empezó a producir hierro en 1845 y donde podemos seguir todo el proceso de su fabricación por el procedimiento directo conocido como ”a la catalana”. Después a Ordino para visitar la Casa Areny Plandolit, propiedad de los dueños de la Fraga Areny, saliendo de esta ferrería el magnífico balcón que hay en la fachada principal con el escudo de la casa y la fecha: 1849.

Pero dejemos reposar todo lo visto hasta ahora y dejémonos seducir por los sabores de la cocina andorrana. Comer en una borda típica de montaña de ambiente cálido y acogedor es un placer, donde además de ensaladas y carne a la brasa podemos disfrutar de una amplia variedad de platos de temporada, como el trinxat elaborado a base de col verde, panceta y patatas; el carpaccio de ternera de Andorra y boletos comestibles (calaba-zas) con parmesano y miel; o los crispells de fiesta, galletas típicas de Semana Santa.

El Centro Termolúdico de Caldea, situado en Escaldes ofrece todo lo necesario para recuperar el tono vital a través del agua: termas, baños turcos, saunas, fuentes barrocas...

Otra opción es la de pi-ca-pica, o tomar unas tapas con un buen vino, en los numerosos bares y restaurantes andorranos que incluyen en estos miniplatos productos gastronómicos de España y Francia como quesos, vinos, foie, jamón ibérico, chipirones, pulpo, patatas bravas. Además hay restaurantes chinos, vietnamitas, hindúes, japoneses o especializados en otras cocinas europeas.

¡Buen apetito y Buen viaje!