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Ordesa y Monte Perdido, el despertar del
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El
parque natural de Ordesa y Monte Perdido despierta
en el otoño con el renovado caudal de
las aguas de sus ríos. Ahora que sus
parajes vuelven a recuperar el silencio perdido
en los meses de verano, y sus bosques se visten
de colores, es una temporada ideal para visitarlo.
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EL Parque
Nacional de Ordesa y Monte Perdido es uno de
los que integran la Red de Parques Nacionales.
En 1977 pasa a formar parte de la Reserva de
la Biosfera “Ordesa-Viñamala”.
y por el año 1988 es declarado Zona de
Especial Protección para las Aves (ZEPA).
Ese mismo año obtiene el máximo
galardón de la CEE “Diploma del
Consejo de Europa a la Conservación”,
éste es renovado cada 5 años siempre
que se continúe en una serie de estrictos
parámetros de conservación del
espacio natural, lográndose ininterrumpidamente
los años 1993, 1998 y 2003.
En 1997 recibe otro máximo galardón,
la declaración del Parque como Patrimonio
Mundial de la Humanidad, junto con los glaciares
de la vertiente francesa por parte de la UNESCO.
Su zona de influencia comprende los términos
municipales de Bielsa, Broto, Fanlo, Puértolas,
Tella-Sin y Torla.
Domina su geografía el macizo de Monte
Perdido (3.355 m.) siendo el mayor macizo
montañoso calcáreo de Europa
Occidental, con las cimas de las Tres Sorores
o Treserols (Monte Perdido, Cilindro y Pico
de Añisclo -Soum de Ramond), desde
donde derivan a modo de brazos los valles
de Añisclo, Escuaín, Ordesa
y Pineta, cincelados por las aguas respectivas
de los ríos Bellós, Yaga, Arazas
y Cinca.
Este área es el asentamiento tradicional
de pobladores que han luchado cotidianamente
ante los rigores naturales, desarrollando
una forma de vida racional y respetuosa con
el medio que ha hecho posible su conservación
hasta hoy día.
El paisaje muestra grandes contrastes: en
las zonas altas, la extrema aridez de los
desiertos kársticos –donde el
agua de lluvia y deshielo se filtra bajo el
suelo a través de grietas y sumideros–,
y en los valles, la permanente presencia de
agua saltando en forma de cascadas y atravesando
cañones y barrancos cubiertos por una
vegetación exuberante.
La gran diversidad de ambientes y paisajes
convierte a la zona en un patrimonio natural
excepcional que debe ser protegido y conservado
para generaciones venideras. De hecho, el
paisaje de Ordesa y Monte Perdido fue en tiempo
atrás ensalzado por ilustres personajes
como Louis Ramond de Carbonnierès,
Soler i Santaló, Lucien Briet, Ricardo
del Arco, Lucas Mallada, Franz Schrader y
tantos otros. La aportación y el entusiasmo
de éstos pirineaístas fue decisivo
para que en 1918 Ordesa fuera declarado Parque
Nacional.
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En general, el clima es típicamente
pirenaico, si bien la diferencia de altitud
–desde 750 m. de la entrada de Añisclo,
hasta los 3.355 m. del Monte Perdido–
y la orientación de las laderas de
los dos valles, generan una enorme variedad
climática.
Cabe destacar las grandes variaciones de
humedad y temperatura entre el día
y la noche. Inversiones térmicas que
se reflejan en la distribución de los
pisos de vegetación, así como
un singular régimen de vientos del
valle y montaña.
El origen geológico del Parque se
remonta a la Era Primaria, cuando los Pirineos
no eran todavía montañas que
hoy contemplamos, sino la fosa de un mar en
el que se iban depositando diversas capas
sedimentarias.
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Hace 250 millones
de años la orogenia herciniana plegó
y elevó esos sedimentos, formando la
cordillera primitiva muy diferente al paisaje
del Parque –el hoy llamado “Pirineo
Axial”–. Al final de la Era Secundaria
y el principio de la Terciaria nuevos sedimentos
calizos se depositan en estratos. Hace 35
millones de años la orogenia alpina
eleva nuevamente el Pirineo Axial y empuja
hacia arriba los sedimentos calizos.

Hoy, ante nuestra mirada,
se despliega una cadena de montañas
calcáreas –las llamadas Sierras
Interiores– donde se localiza el macizo
de las Tres Sorores o de Monte Perdido. Recuerdo
de las pasadas glaciaciones quedan los glaciares
de Monte Perdido y Marboré a modo de
vestigios gélidos de una época
pretérita más fría. La
acción de estos agentes erosivos moldeó
valles den forma de U, que contrastan con
los valles fluviales den forma de V, además
de cubetas de sobre excavación donde
reposan las aguas de los lagos o ibones de
montaña, como el de Tucarroya, de Monte
Perdido o del Soum de Ramond.
A partir del mes de mayo,
la fusión de las nieves que descansan
en las altas crestas del macizo, junto a las
lluvias primaverales, hacen renacer el régimen
caudaloso de los ríos y torrentes que
han permanecido helados a lo largo del invierno.
Debido a la torrencialidad y fuerza erosiva
del agua, el líquido elemento ha modelado
cavidades y profundos valles por los que se
descuelgan estruendosas cascadas de agua.
El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
recibe anualmente, en forma de lluvia o nieve,
precipitaciones que oscilan entre los 900
y los 2000 mm. anuales. El hielo posee su
máximo esplendor en los lugares del
espacio protegido: en los glaciares del macizo
de Monte Perdido y en la Gruta Helada de Casteret.
Pero es ahora, en el otoño,
cuando las aguas que renuevan los cauces y
los colores del bosque hacen de la visita
al Parque una experiencia inolvidable.
Ya sea para recorrer sus
senderos como para contemplar el expléndido
paisaje, Ordesa es siempre un destino recomendable.
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