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Tiempo Libre / 12-2006

  Tiempo Libre


  Ciudades para conocer en frío: Santiago de Compostela

Puede que se encuentren fuera de los circuitos turísticos de invierno, pero quizá por eso sea el momento idóneo para visitarlas. En Santiago de Compostela los peregrinos viven la Navidad de una manera diferente.


Cuando el visitante penetra en el corazón de Compostela por alguna de sus plazas –Toural, Galicia, Cervantes…– mostrará la mirada sorprendida al milagro de sus piedras florecidas a sus vetustas fachadas y cresterías, torres, gárgolas y chimeneas; mientras cada hora resuenan las graves campanadas de la torre Berenguela, que recuerda al visitante que el tiempo es oro petrificado en la Plaza del Obradoiro, plata en la de Platerías, y azabache en la Azabachería: esa calle en la que los artesanos del más duro y delicado carbón labran sus plegarias.

Y es que Compostela es una invitación a adentrarse en el mundo de los sueños interpretados en piedra por los viejos maestros de la cantería, fundidos en una conjunción de estilos donde el románico y el barroco constituyen la suprema religión de su granito.

Camine, pues, sin prisa por las calles que circundan la catedral; esas rúas que llevan a la Quintana de Vivos y de Muertos; a San Martín Pinario; al legado renacentista de Fonseca y del Hospital Real; al neoclasicismo del pazo de Raxoi o al barro. Si así lo hace, el viajero soñará Compostela como la soñó el Maestro Mateo cuando, en el siglo XII, labró las esculturas de esa joya del románico que es el Pórtico de la Gloria, o como la soñó Ferreiro con sus bellos retablos; o Andrade y Sarela, con sus casonas y residencias hidalgas en las rúas bulliciosas de Nova y de Vilar.

Pero no hay pausa para la sorpresa si el visitante se introduce en el Pazo de Xelmírez, el monumento románico civil más importante de España, situado en el lateral izquierdo de la catedral; o se dirige después a San Domingo de Bonaval, donde quedará sorprendido por su triple escalera de caracol, o a la Colexiata de Sar. Todo ello, junto a otras tantas maravillas descubiertas si el paseo es nocturno a la luz de las farolas, hacen de Compostela una ciudad que habita en la leyenda y en la historia.Es su herencia.

Un testigo que arranca del medievo cuando, junto a Roma y Jerusalén, se convierte en centro de peregrinación cristiana en Occidente. Mas el poso de los siglos no ha impedido jamás que Santiago conserve la vitalidad de las ciudades más cultas, lúdicas y atractivas. Algo que está unido a su omnipresente Universidad.



Compostela es, así, una ciudad ancestral pero no vieja, antigua pero moderna; una ciudad abierta que ofrece al visitante participar en las tertulias de sus cafés de antaño, recorrer los bares, tascas y mesones en un ritual de tapeo y picos pardos, trasiego de miles de universitarios que transforman su casco histórico en una ciudad eternamente joven.

Si el visitante es un melómano complete su estancia acudiendo al Auditorio de Galicia, donde la Real Filarmonía ofrece una programación de ópera y música clásica a lo largo de todo el año. Y si lo suyo es el arte, Compostela es museo de museos: el de Arte Sacro, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, el de las Peregrinaciones, el do Pobo Galego, Museo Granell, Casa de la Troya… Todos ellos se unen a numerosos espacios de arte. Porque Compostela es, en sí misma, una pinacoteca al aire libre.

Y si el visitante es noctámbulo y le va la marcha no deje de descubrir las noches que habitan en los viejos pubs del casco histórico o en los modernos lugares de diversión de su Ensanche.