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Tiempo Libre / 13-2006

  Tiempo Libre


  Ciudades para conocer en frío: la Serranía de Cuenca

Puede que se encuentren fuera de los circuitos turísticos de invierno, pero quizá por eso sea el momento idóneo para visitarlas. La serranía de Cuenca nos muestra ahora el colorido intenso de sus campos.


Durante el mes de diciembre en el corazón de la geografía española, extensos campos se tiñen de rojo como queriendo insuflar algo más de vida a un paisaje que con la llegada del invierno se apaga lentamente. Esta exhibición cromática sin igual tiene lugar a los pies de la serranía conquense, donde se difuminan los contornos de la tierra de alcarria. El protagonista de esta metamorfosis excepcional es el mimbre, que en esta época del año se muestra como una tupida alfombra de ondeantes varas color bermellón.

Aunque, si bien el cultivo aún se mantiene gracias a la perseverancia de algunos agricultores, todo lo contrario ha ocurrido con la elaboración de cestería artesanal que, debido a la competencia de otras fibras vegetales de origen asiático, casi ha desaparecido. En Villaconejos las mimbreras se extienden como una marea rojiza que flanquea el río Trabaque en su apacible discurrir por la localidad, que también muestra orgullosa sus antiguas bodegas cueva como privilegiados palcos sobre el colorido escenario natural.

Quizás con un poco de suerte, al pasear junto a ellas algún hospitalario vecino nos invite a entrar en sus estrechas y oscuras galerías de origen musulmán para probar alguno de sus vinos que todavía elaboran para el consumo familiar.

Priego se asoma a un profundo barranco rocoso, puerta de entrada a la comarca de la Serranía. Al observar la imponente silueta que forman la Iglesia gótica de San Nicolás de Bari y el Torreón de Despeñaperros es fácil imaginar su esplendoroso pasado. Sin embargo, al entrar en el pueblo lo primero que llama la atención son los dos talleres de alfarería artesanal, uno frente a otro, que representan la mitad de los alfareros que hoy quedan en la población.



Y es que Priego cuenta con una gran tradición alfarera heredada de la antigua cerámica ibérica; no en vano esta actividad tuvo en el pasado una gran importancia económica.
Al pasear por las calles de la ciudad retorna el recuerdo del esplendor perdido, como demuestra la Plaza Mayor, rodeada de casas nobles que fueron propiedad de importantes linajes o pertenecieron a la Inquisición, que tuvo una importante implantación en la zona, y en las que aún se pueden leer inscripciones que hacen referencia al Santo Oficio.

El Ayuntamiento está situado en un antiguo palacio, construido en el siglo XVI por los Condes de Priego, a quienes están ligados los hechos históricos más importantes de la villa. Precisamente fue con Don Fernando Carrillo de Mendoza, sexto Conde de Priego, cuando se alcanzó el momento de mayor gloria, pues, como mayordomo que era de Don Juan de Austria, luchó a su lado junto con sus dos hijos en la Batalla de Lepanto, de la cual regresaron victoriosos e ilesos.

Concretamente, esto último llevó a Don Fernando a fundar el convento de San Miguel de las Victorias (1574). Levantado en una empinada ladera sobre el río Escabas, que aparece como un fino hilo de agua muchos metros más abajo. Desde este convento se tiene una impresionante panorámica del Estrecho de Priego, en el que sus desmesuradas paredes rocosas de tonos ocres se cierran de tal forma que apenas dejan espacio para una angosta carretera.