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Ciudades para conocer en frío:
la Serranía de Cuenca
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que se encuentren fuera de los circuitos turísticos
de invierno, pero quizá por eso sea el
momento idóneo para visitarlas. La serranía
de Cuenca nos muestra ahora el colorido intenso
de sus campos.
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Durante el mes de diciembre en el corazón
de la geografía española, extensos
campos se tiñen de rojo como queriendo
insuflar algo más de vida a un paisaje
que con la llegada del invierno se apaga lentamente.
Esta exhibición cromática sin
igual tiene lugar a los pies de la serranía
conquense, donde se difuminan los contornos
de la tierra de alcarria. El protagonista
de esta metamorfosis excepcional es el mimbre,
que en esta época del año se
muestra como una tupida alfombra de ondeantes
varas color bermellón.
Aunque, si bien el cultivo aún se
mantiene gracias a la perseverancia de algunos
agricultores, todo lo contrario ha ocurrido
con la elaboración de cestería
artesanal que, debido a la competencia de
otras fibras vegetales de origen asiático,
casi ha desaparecido. En Villaconejos las
mimbreras se extienden como una marea rojiza
que flanquea el río Trabaque en su
apacible discurrir por la localidad, que también
muestra orgullosa sus antiguas bodegas cueva
como privilegiados palcos sobre el colorido
escenario natural.
Quizás con un poco de suerte, al pasear
junto a ellas algún hospitalario vecino
nos invite a entrar en sus estrechas y oscuras
galerías de origen musulmán
para probar alguno de sus vinos que todavía
elaboran para el consumo familiar.
Priego se asoma a un profundo barranco rocoso,
puerta de entrada a la comarca de la Serranía.
Al observar la imponente silueta que forman
la Iglesia gótica de San Nicolás
de Bari y el Torreón de Despeñaperros
es fácil imaginar su esplendoroso pasado.
Sin embargo, al entrar en el pueblo lo primero
que llama la atención son los dos talleres
de alfarería artesanal, uno frente
a otro, que representan la mitad de los alfareros
que hoy quedan en la población.
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Y es que Priego cuenta con una gran tradición
alfarera heredada de la antigua cerámica
ibérica; no en vano esta actividad
tuvo en el pasado una gran importancia económica.
Al pasear por las calles de la ciudad retorna
el recuerdo del esplendor perdido, como demuestra
la Plaza Mayor, rodeada de casas nobles que
fueron propiedad de importantes linajes o
pertenecieron a la Inquisición, que
tuvo una importante implantación en
la zona, y en las que aún se pueden
leer inscripciones que hacen referencia al
Santo Oficio.
El Ayuntamiento está situado en un
antiguo palacio, construido en el siglo XVI
por los Condes de Priego, a quienes están
ligados los hechos históricos más
importantes de la villa. Precisamente fue
con Don Fernando Carrillo de Mendoza, sexto
Conde de Priego, cuando se alcanzó
el momento de mayor gloria, pues, como mayordomo
que era de Don Juan de Austria, luchó
a su lado junto con sus dos hijos en la Batalla
de Lepanto, de la cual regresaron victoriosos
e ilesos.
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Concretamente, esto
último llevó a Don Fernando
a fundar el convento de San Miguel de las
Victorias (1574). Levantado en una empinada
ladera sobre el río Escabas, que aparece
como un fino hilo de agua muchos metros más
abajo. Desde este convento se tiene una impresionante
panorámica del Estrecho de Priego,
en el que sus desmesuradas paredes rocosas
de tonos ocres se cierran de tal forma que
apenas dejan espacio para una angosta carretera.
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