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Murcia: el latido del interior
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Muy cerca de las playas que atraen
a tanto turista español y extranjero
Murcia guarda lugares insólitos que
rezuman tradiciones, historia y cultura.
El interior de la región es un territorio
que merece una mirada detenida por parte
del viajero.
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Camino del interior nos desplazamos de la
costa a la serranía en busca de nuevas
sensaciones. Al empezar el camino nos vemos
obligados a parar.
Archena es un lugar que merece una parada
por su balneario. Buen sitio para hacer una
pausa y probar alguno de sus magníficos
tratamientos en base a las aguas de la zona
que ya probaron los romanos y que nacen en
el valle de la sierra de Ricote. Es la primera
de otras muchas paradas en busca de las aguas
curativas, que siempre fueron apreciadas en
la región, como muestran los cercanos
balnearios de Fortuna-Leana, también
de origen romano, o los famosos Baños
de Mula.
En el Valle de Ricote lo cotidiano se carga
de Historia. Estamos en zona de moriscos,
precisamente su último refugio antes
de la expulsión y son muchas las huellas
de la cultura árabe que todavía
guardan sus pueblos. Ocho villas cargadas
de serenidad (Abarán, Archena, Blanca,
Cieza, Ojós, Ricote, Ulea y Villanueva
del Segura) trazan una frondosa huerta, serpenteante
a lo largo del río Segura y dibujan
un paisaje que podría estar sacado
de una postal antigua: en sus orillas perviven
antiguos sistemas de regadío y una
fértil huerta de frutales, verduras
y hortalizas.
Las zonas cultivadas delimitan el paisaje:
donde llega el agua, llega la vida. Las palmeras
se alzan sobre el verdor de las huertas y
las alquerías le dan un toque medieval
al entorno.
Sin lugar a dudas, las norias marcan varias
de nuestras paradas. Abarán guarda
cuatro excelentes ejemplos. Estos antiguos
artilugios huertanos tienen como única
función elevar el agua del río
para regar las vegas más lejanas, aunque
sólo algunas de ellas se siguen utilizando
hoy en día.
El recóndito valle nos lleva, a través
de un rosario de pueblos de nombres poco conocidos,
fuera de la zona. Ulea, con una iglesia, con
trazas de vieja mezquita y rodeada de chumberas.
Otro sitio muy agradable es Ojós, con
una iglesia también mudéjar,
la de San Agustín, rodeada de callejuelas
de evocación morisca.
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Más orgullosa es la población
de Blanca, dominada por un castillo, en obras,
al que se llega andando por un laberinto de
calles, y con un agradable casco antiguo,
que sirve como reclamo turístico, después
de años de olvido. Incluso ahora se
promociona un pequeño recorrido monumental
que incluye un teatro —el Victoria—,
el evocador barrio del Café y una mansión
del XIX llamada La Favorita, antigua finca
de un conde, hoy rodeada de naranjos. Cerca
de Ricote nos sorprende sus zonas de pinar.
Los altos de la Umbría y del Solvente
son un lugar perfecto para una caminata. Sus
casi 500 metros los convierten en un mirador
estupendo. Los caminos están marcados
y, lejos de los rigores del verano, la ruta
es perfecta.
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Dejando a Cieza a un lado, nuestro camino
nos lleva hacia Calasparra. Seguimos hacia
el interior, hacia las llamadas sierras occidentales,
que son tierras de castillos, fortalezas,
ermitas y conventos. Hay magníficos
ejemplos de todo ello en Calasparra y en Caravaca
de la Cruz, que será el punto final
de nuestra ruta.
Para los amantes del arroz, Calasparra, a
orillas del río Segura, es un referente.
Todavía son muchas las familias que
viven del arroz , el único de España
con denominación de origen. Entre el
exuberante bosque de ribera se alza el castillo,
una fortaleza donada en 1289 a la Orden de
los Caballeros de Malta, que muestra la importancia
que tuvo esta villa en el medievo.
Todos los caminos entre la Sierra de la Puerta
y la Sierra de los Cambrones son una sorpresa.
En la sierra de la Puerta encontramos muchos
puntos para disfrutar del entorno. No es fácil
conducir por estas pequeñas carreteras,
pero la experiencia merece la pena. A poco
más de veinte kilómetros se
alza Caravaca de la Cruz, punto estratégico
cristiano frente al bastión musulmán
del Reino de Granada. Su historia estuvo siempre
ligada a la presencia de las órdenes
militares del Temple y de Santiago y todavía
hoy parece que pasean caballeros y caballos
por el recinto del pueblo.
Todo en el casco urbano, magníficamente
restaurado para celebrar el pasado Jubileo,
parece conducir hacia el castillo del siglo
XV que domina Caravaca. En su interior se
encuentra el santuario de Vera Cruz, que rinde
culto a esta reliquia, y el Real Alcázar,
visita imprescindible para todo el que pasa
por la ciudad. Pero hay más: un barrio
medieval con restos de la antigua muralla,
y magníficos conventos, como el de
San José, erigido por Santa Teresa,
o el de los Padres Carmelitas, fundado por
San Juan de la Cruz. Un buen final para una
ruta perfecta por los secretos de Murcia.
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