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Tiempo Libre / 3-2007

  Tiempo Libre


  Murcia: el latido del interior

Muy cerca de las playas que atraen a tanto turista español y extranjero Murcia guarda lugares insólitos que rezuman tradiciones, historia y cultura. El interior de la región es un territorio que merece una mirada detenida por parte del viajero.

Camino del interior nos desplazamos de la costa a la serranía en busca de nuevas sensaciones. Al empezar el camino nos vemos obligados a parar.
Archena es un lugar que merece una parada por su balneario. Buen sitio para hacer una pausa y probar alguno de sus magníficos tratamientos en base a las aguas de la zona que ya probaron los romanos y que nacen en el valle de la sierra de Ricote. Es la primera de otras muchas paradas en busca de las aguas curativas, que siempre fueron apreciadas en la región, como muestran los cercanos balnearios de Fortuna-Leana, también de origen romano, o los famosos Baños de Mula.

En el Valle de Ricote lo cotidiano se carga de Historia. Estamos en zona de moriscos, precisamente su último refugio antes de la expulsión y son muchas las huellas de la cultura árabe que todavía guardan sus pueblos. Ocho villas cargadas de serenidad (Abarán, Archena, Blanca, Cieza, Ojós, Ricote, Ulea y Villanueva del Segura) trazan una frondosa huerta, serpenteante a lo largo del río Segura y dibujan un paisaje que podría estar sacado de una postal antigua: en sus orillas perviven antiguos sistemas de regadío y una fértil huerta de frutales, verduras y hortalizas.

Las zonas cultivadas delimitan el paisaje: donde llega el agua, llega la vida. Las palmeras se alzan sobre el verdor de las huertas y las alquerías le dan un toque medieval al entorno.
Sin lugar a dudas, las norias marcan varias de nuestras paradas. Abarán guarda cuatro excelentes ejemplos. Estos antiguos artilugios huertanos tienen como única función elevar el agua del río para regar las vegas más lejanas, aunque sólo algunas de ellas se siguen utilizando hoy en día.
El recóndito valle nos lleva, a través de un rosario de pueblos de nombres poco conocidos, fuera de la zona. Ulea, con una iglesia, con trazas de vieja mezquita y rodeada de chumberas.
Otro sitio muy agradable es Ojós, con una iglesia también mudéjar, la de San Agustín, rodeada de callejuelas de evocación morisca.



Más orgullosa es la población de Blanca, dominada por un castillo, en obras, al que se llega andando por un laberinto de calles, y con un agradable casco antiguo, que sirve como reclamo turístico, después de años de olvido. Incluso ahora se promociona un pequeño recorrido monumental que incluye un teatro —el Victoria—, el evocador barrio del Café y una mansión del XIX llamada La Favorita, antigua finca de un conde, hoy rodeada de naranjos. Cerca de Ricote nos sorprende sus zonas de pinar.
Los altos de la Umbría y del Solvente son un lugar perfecto para una caminata. Sus casi 500 metros los convierten en un mirador estupendo. Los caminos están marcados y, lejos de los rigores del verano, la ruta es perfecta.


Dejando a Cieza a un lado, nuestro camino nos lleva hacia Calasparra. Seguimos hacia el interior, hacia las llamadas sierras occidentales, que son tierras de castillos, fortalezas, ermitas y conventos. Hay magníficos ejemplos de todo ello en Calasparra y en Caravaca de la Cruz, que será el punto final de nuestra ruta.
Para los amantes del arroz, Calasparra, a orillas del río Segura, es un referente. Todavía son muchas las familias que viven del arroz , el único de España con denominación de origen. Entre el exuberante bosque de ribera se alza el castillo, una fortaleza donada en 1289 a la Orden de los Caballeros de Malta, que muestra la importancia que tuvo esta villa en el medievo.

Todos los caminos entre la Sierra de la Puerta y la Sierra de los Cambrones son una sorpresa. En la sierra de la Puerta encontramos muchos puntos para disfrutar del entorno. No es fácil conducir por estas pequeñas carreteras, pero la experiencia merece la pena. A poco más de veinte kilómetros se alza Caravaca de la Cruz, punto estratégico cristiano frente al bastión musulmán del Reino de Granada. Su historia estuvo siempre ligada a la presencia de las órdenes militares del Temple y de Santiago y todavía hoy parece que pasean caballeros y caballos por el recinto del pueblo.

Todo en el casco urbano, magníficamente restaurado para celebrar el pasado Jubileo, parece conducir hacia el castillo del siglo XV que domina Caravaca. En su interior se encuentra el santuario de Vera Cruz, que rinde culto a esta reliquia, y el Real Alcázar, visita imprescindible para todo el que pasa por la ciudad. Pero hay más: un barrio medieval con restos de la antigua muralla, y magníficos conventos, como el de San José, erigido por Santa Teresa, o el de los Padres Carmelitas, fundado por San Juan de la Cruz. Un buen final para una ruta perfecta por los secretos de Murcia.