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Tiempo Libre / 4-2007

  Tiempo Libre


  Venecia: vapor de arte y cultura

Descubrir Venecia no es sólo navegar en góndola por sus canales o deambular entre palomas por la plaza de San Marcos. Es la única ciudad del mundo casi enteramente construida sobre las aguas, mansas y no siempre limpias, sobre las que se reflejan sus palacios, puentes e iglesias envueltas en una luz especial.


Los canales, un auténtico laberinto, descubren en cada recodo algo nuevo. Hay que sentarse en sus lujosos cafés y en sus soleadas terrazas, contemplar los escaparates de sus tiendas de antigüedades, reflejarse en sus famosos espejos y curiosear entre los mostradores de las lujosas tiendas de tejidos, comprar encajes de Burano y vidrio de Murano. Y hay también, por supuesto, que cenar en alguna pequeña ostería en la Giudecca. Un kit de obligaciones, por puro placer.

Este laberinto necesita siempre un libro para complementar los conocimientos. El año 828 los hombres de la laguna trajeron desde Alejandría el cuerpo de San Marcos el Evangelista, convirtiendo a su emblemático león alado en el símbolo de un joven y ambicioso estado que quería buscar la independencia del poder bizantino.

Es obligatorio visitar la Basílica de San Marcos (entrada gratuita de lunes a domingo, hasta las 17:00 horas), una de las joyas arquitectónicas más espectaculares del mundo cristiano. Las reliquias del evangelista no merecían menos y se optó por lo mejor: mármoles traídos de lejos, oro y piedras preciosas y una lista interminable de materiales para formar intrincados mosaicos, adornar bóvedas y suelos. Todo al más puro estilo bizantino.

Más de un visitante se queda asombrado por la espesura y el intenso sabor del café. Y sobre todo por el elevado precio. Sin embargo, merece la pena sentarse en uno de ellos para contemplar entre otras cosas el Campanille. Esta gran torre tuvo que ser reconstruida en el siglo XX, aunque el ángel dorado es el original y sigue indicando a 96 metros de altura la dirección del viento. Dos ascensores permiten la subida para obtener una de las mejores vistas de Venecia.

En la misma plaza, se erigen las columnas de San Marco y San Teodoro, provenientes de Constantinopla. Cerca de la Basílica se encuentra el Palazzo Ducale que entre 697 y 1797 fue la residencia oficial de los 120 dux que gobernaron Venecia. Los desastres han sido tan frecuentes en la ciudad que los edificios han sufrido numerosas reformas a lo largo de los siglos. Por eso su estilo es diverso según la zona del Palazzo que se visite.
En el siglo XVII se añadieron las prisiones, que se comunicaban con el edificio principal por el Puente de los Suspiros. El nombre no tiene ecos románticos, pues se refiere a los suspiros que emitían los presos que cruzaban el puente ya que el lago y la isla de S. Giorgio eran lo último que verían antes de perder la libertad. En el interior del Palazzo se recorren las salas, los calabozos, la armería … En todos los rincones se contemplan reflejos del poder y la importancia que llegó a alcanzar la Serenísima República de Venecia.

El paseo conduce al puente más famoso de toda Venecia, el Rialto. Una construcción renacentista de piedra que data de 1588. En la parte superior hay hileras de tiendas donde puede comprar todo tipo de recuerdos y hacerse la imprescindible foto asomado al puente.

A los pies del puente, después de un pasillo de regalos para turistas, se encuentra el mercado de Rialto que tiene su origen en la Edad Media y está dividido en dos partes según el género: la de frutas y verduras y la de pescado.

El Gran Canal divide la ciudad en dos partes en un sinuoso trazado en forma de ese invertida. A bordo del vaporetto de la Línea 1 o la 82, por ambas orillas van pasando ante nuestros ojos las viejas fachadas de las casas con sus contraventanas coloridas, las macetas de geranios, los balcones de hierro…



 Las islas

Es recomendable visitar la isla de Giudecca. Hay distintas teorías en cuanto a la procedencia del nombre: la más aceptada se refiere al giudicato, que era una sentencia por la que algunas familias venecianas eran exiliadas a la isla. Aún se pueden ver las grandes residencias y sus jardines. Uno de los atractivos turísticos de Giudecca es la iglesia del Redentor, un imponente templo cuya escalinata casi roza la orilla de la laguna, construido entre 1577 y 1592 para agradecer el fin de la peste que asoló Venecia en 1576 y que acabó con un tercio de la población.
El pasado aristocrático de la isla sigue latente en los distintos hoteles y restaurantes de lujo emplazados en ella. Otro atractivo de la isla es el recién estrenado centro Giudecca 795. Un bello edificio del siglo XVI dedicado a exposiciones y actividades de arte.

Para evitar las aglomeraciones, la mañana es el mejor momento para visitar el teatro La Fenice (Campo San Fantin). Durante el siglo XVIII, Venecia fue el centro de la ópera europea y a finales de aquel siglo había hasta ocho teatros en activo. La Fenice fue el último en abrir sus puertas y es uno de los pocos que sobrevivieron el paso del tiempo, aunque sufrió un incendio y hubo que reconstruirlo. Como dato curioso, en este teatro Verdi estrenó su ópera La Traviata, que el público abucheó sin compasión. En el apartado de la pintura, una visita a La Academia di Belli Arti permite contemplar cuadros de los grandes maestros italianos: Tiziano, Tintoretto, Tiepolo, Bellini.

Dorsoduro es una buena zona para las compras y éstas son algunas direcciones: Antigüedades Canestrelli, (Campiello Barbaro 364) taller y tienda donde se venden los famosos espejos venecianos fabricados con técnicas del siglo XIV. Ca’ Macana (Dorsoduro 3172) ofrece máscaras venecianas de artesanía para aquellos que les guste presumir de haber estado en el carnaval. Y en Il Pavone di Pelosin (St. Re Dorsoduro 721) se puede comprar todo tipo de artículos con estampado veneciano.
Por qué no aprovechar y permitirse un lujo, como ir al local Antico Martini (Campo San Fantin, cierra los martes). El origen de este restaurante se remonta al año 1720, cuando con el nombre de Café San Fantin servía a los distintos personajes de la vecina casa de la ópera: amantes del arte, tenores, sopranos, críticos y humilde público. Un lugar para ver y ser visto, con camareros casi tan arrogantes como los gondolieri. Sin embargo, la cuenta se justifica de sobra. Pastas excelentes, delicados pescados a la plancha y verduras bien preparadas.

Si es adicto al gelatto, vale la pena probar los helados italianos en una gelateria como Laguna (Zattere Dorsoduro 794), donde son artesanales. Es el momento de dar un buen paseo a pie por la ciudad, meterse por rincones y calles con nombres de las distintas profesiones, ver el ambiente en los cafés, cruzar pequeños puentes sobre los canales y escuchar la música que suena por doquier.

Dorsoduro es el gran barrio secreto de la ciudad. Menos turistas. Pequeños patios interiores, como el de la Antica Locanda Montin, que parecen perfectos para degustar un capuchino y tomar un descanso, apoyando la espalda en una fría pared de mármol.

Es el momento de coger otro vaporetto y acercarse a alguna de las islas o playas de Venecia. La visita más frecuente es Murano, donde se fabrica el preciado cristal. Piezas de toda clase de precios y compras inevitables de difícil transporte.

Los amantes del cine tiene una visita obligada: el Lido, lugar de veraneo y sede del Festival Internacional de Cine de Venecia. Días de amores imposibles y música melancólica. El mundo de Muerte en Venecia y Luchino Visconti. Hay quien dice que el propio Miguel Ángel se refugiaba en sus orillas en busca de inspiración.


Ha llegado la hora de vivir el dolce far niente en un ambiente de lujo y servicio superior. Volvemos al Cipriani.(Giudecca, 10. Internet: www.hotelcipriani.com). En este emblemático hotel siempre hay un acontecimiento o una fecha que celebrar y si no es un curso de bridge, son las clases de alta cocina o de pintura. Para los que prefieren algo más tranquilo y relajante, la visita al Spa Casanova se convierte en todo un regalo para los sentidos. A la hora de cenar, la refinada atmósfera del restaurante Fortuny, una verdadera fiesta gastronómica mientras las notas de un piano recuerdan aquello de “qué distinta Venecia si me faltas tú”.