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Venecia: vapor de arte y cultura
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Descubrir Venecia no es sólo
navegar en góndola por sus canales
o deambular entre palomas por la plaza de
San Marcos. Es la única ciudad del
mundo casi enteramente construida sobre
las aguas, mansas y no siempre limpias,
sobre las que se reflejan sus palacios,
puentes e iglesias envueltas en una luz
especial.
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Los canales, un auténtico laberinto,
descubren en cada recodo algo nuevo. Hay que
sentarse en sus lujosos cafés y en
sus soleadas terrazas, contemplar los escaparates
de sus tiendas de antigüedades, reflejarse
en sus famosos espejos y curiosear entre los
mostradores de las lujosas tiendas de tejidos,
comprar encajes de Burano y vidrio de Murano.
Y hay también, por supuesto, que cenar
en alguna pequeña ostería en
la Giudecca. Un kit de obligaciones, por puro
placer.
Este laberinto necesita siempre un libro
para complementar los conocimientos. El año
828 los hombres de la laguna trajeron desde
Alejandría el cuerpo de San Marcos
el Evangelista, convirtiendo a su emblemático
león alado en el símbolo de
un joven y ambicioso estado que quería
buscar la independencia del poder bizantino.
Es obligatorio visitar la Basílica
de San Marcos (entrada gratuita de lunes a
domingo, hasta las 17:00 horas), una de las
joyas arquitectónicas más espectaculares
del mundo cristiano. Las reliquias del evangelista
no merecían menos y se optó
por lo mejor: mármoles traídos
de lejos, oro y piedras preciosas y una lista
interminable de materiales para formar intrincados
mosaicos, adornar bóvedas y suelos.
Todo al más puro estilo bizantino.
Más de un visitante se queda asombrado
por la espesura y el intenso sabor del café.
Y sobre todo por el elevado precio. Sin embargo,
merece la pena sentarse en uno de ellos para
contemplar entre otras cosas el Campanille.
Esta gran torre tuvo que ser reconstruida
en el siglo XX, aunque el ángel dorado
es el original y sigue indicando a 96 metros
de altura la dirección del viento.
Dos ascensores permiten la subida para obtener
una de las mejores vistas de Venecia.
En la misma plaza, se erigen las columnas
de San Marco y San Teodoro, provenientes de
Constantinopla. Cerca de la Basílica
se encuentra el Palazzo Ducale que entre 697
y 1797 fue la residencia oficial de los 120
dux que gobernaron Venecia. Los desastres
han sido tan frecuentes en la ciudad que los
edificios han sufrido numerosas reformas a
lo largo de los siglos. Por eso su estilo
es diverso según la zona del Palazzo
que se visite.
En el siglo XVII se añadieron las prisiones,
que se comunicaban con el edificio principal
por el Puente de los Suspiros. El nombre no
tiene ecos románticos, pues se refiere
a los suspiros que emitían los presos
que cruzaban el puente ya que el lago y la
isla de S. Giorgio eran lo último que
verían antes de perder la libertad.
En el interior del Palazzo se recorren las
salas, los calabozos, la armería …
En todos los rincones se contemplan reflejos
del poder y la importancia que llegó
a alcanzar la Serenísima República
de Venecia.
El paseo conduce al puente más famoso
de toda Venecia, el Rialto. Una construcción
renacentista de piedra que data de 1588. En
la parte superior hay hileras de tiendas donde
puede comprar todo tipo de recuerdos y hacerse
la imprescindible foto asomado al puente.
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A los pies del puente, después de
un pasillo de regalos para turistas, se encuentra
el mercado de Rialto que tiene su origen en
la Edad Media y está dividido en dos
partes según el género: la de
frutas y verduras y la de pescado.
El Gran Canal divide la ciudad en dos partes
en un sinuoso trazado en forma de ese invertida.
A bordo del vaporetto de la Línea 1
o la 82, por ambas orillas van pasando ante
nuestros ojos las viejas fachadas de las casas
con sus contraventanas coloridas, las macetas
de geranios, los balcones de hierro…
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Las
islas
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Es recomendable visitar la isla de Giudecca.
Hay distintas teorías en cuanto a la
procedencia del nombre: la más aceptada
se refiere al giudicato, que era una sentencia
por la que algunas familias venecianas eran
exiliadas a la isla. Aún se pueden
ver las grandes residencias y sus jardines.
Uno de los atractivos turísticos de
Giudecca es la iglesia del Redentor, un imponente
templo cuya escalinata casi roza la orilla
de la laguna, construido entre 1577 y 1592
para agradecer el fin de la peste que asoló
Venecia en 1576 y que acabó con un
tercio de la población.
El pasado aristocrático de la isla
sigue latente en los distintos hoteles y restaurantes
de lujo emplazados en ella. Otro atractivo
de la isla es el recién estrenado centro
Giudecca 795. Un bello edificio del siglo
XVI dedicado a exposiciones y actividades
de arte.
Para evitar las aglomeraciones, la mañana
es el mejor momento para visitar el teatro
La Fenice (Campo San Fantin). Durante el siglo
XVIII, Venecia fue el centro de la ópera
europea y a finales de aquel siglo había
hasta ocho teatros en activo. La Fenice fue
el último en abrir sus puertas y es
uno de los pocos que sobrevivieron el paso
del tiempo, aunque sufrió un incendio
y hubo que reconstruirlo. Como dato curioso,
en este teatro Verdi estrenó su ópera
La Traviata, que el público abucheó
sin compasión. En el apartado de la
pintura, una visita a La Academia di Belli
Arti permite contemplar cuadros de los grandes
maestros italianos: Tiziano, Tintoretto, Tiepolo,
Bellini.
Dorsoduro es una buena zona para las compras
y éstas son algunas direcciones: Antigüedades
Canestrelli, (Campiello Barbaro 364) taller
y tienda donde se venden los famosos espejos
venecianos fabricados con técnicas
del siglo XIV. Ca’ Macana (Dorsoduro
3172) ofrece máscaras venecianas de
artesanía para aquellos que les guste
presumir de haber estado en el carnaval. Y
en Il Pavone di Pelosin (St. Re Dorsoduro
721) se puede comprar todo tipo de artículos
con estampado veneciano.
Por qué no aprovechar y permitirse
un lujo, como ir al local Antico Martini (Campo
San Fantin, cierra los martes). El origen
de este restaurante se remonta al año
1720, cuando con el nombre de Café
San Fantin servía a los distintos personajes
de la vecina casa de la ópera: amantes
del arte, tenores, sopranos, críticos
y humilde público. Un lugar para ver
y ser visto, con camareros casi tan arrogantes
como los gondolieri. Sin embargo, la cuenta
se justifica de sobra. Pastas excelentes,
delicados pescados a la plancha y verduras
bien preparadas.
Si es adicto al gelatto, vale la pena probar
los helados italianos en una gelateria como
Laguna (Zattere Dorsoduro 794), donde son
artesanales. Es el momento de dar un buen
paseo a pie por la ciudad, meterse por rincones
y calles con nombres de las distintas profesiones,
ver el ambiente en los cafés, cruzar
pequeños puentes sobre los canales
y escuchar la música que suena por
doquier.
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Dorsoduro es el gran barrio
secreto de la ciudad. Menos turistas. Pequeños
patios interiores, como el de la Antica Locanda
Montin, que parecen perfectos para degustar
un capuchino y tomar un descanso, apoyando
la espalda en una fría pared de mármol.
Es el momento de coger otro
vaporetto y acercarse a alguna de las islas
o playas de Venecia. La visita más
frecuente es Murano, donde se fabrica el preciado
cristal. Piezas de toda clase de precios y
compras inevitables de difícil transporte.
Los amantes del cine tiene
una visita obligada: el Lido, lugar de veraneo
y sede del Festival Internacional de Cine
de Venecia. Días de amores imposibles
y música melancólica. El mundo
de Muerte en Venecia y Luchino Visconti. Hay
quien dice que el propio Miguel Ángel
se refugiaba en sus orillas en busca de inspiración.
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Ha llegado
la hora de vivir el dolce far niente en un ambiente
de lujo y servicio superior. Volvemos al Cipriani.(Giudecca,
10. Internet: www.hotelcipriani.com). En este
emblemático hotel siempre hay un acontecimiento
o una fecha que celebrar y si no es un curso
de bridge, son las clases de alta cocina o de
pintura. Para los que prefieren algo más
tranquilo y relajante, la visita al Spa Casanova
se convierte en todo un regalo para los sentidos.
A la hora de cenar, la refinada atmósfera
del restaurante Fortuny, una verdadera fiesta
gastronómica mientras las notas de un
piano recuerdan aquello de “qué
distinta Venecia si me faltas tú”. |
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