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Tiempo Libre / 3-2008

  Tiempo Libre


  Cofrentes, el poder del agua

En la confluencia de los ríos Júcar y Cabriel se encuentra Cofrentes, un pueblo que creció a los pies de su castillo medieval construido sobre los cimientos de otro de origen musulmán. La influencia árabe en Cofrentes es también patente en el trazado intrincado de sus calles.

La villa siempre rodeada de agua, ha vivido de ella y por ella, y prueba de ello son, además de sus ríos, sus huertas, sus salinas, sus saltos y, por supuesto, el balneario Hervideros de Cofrentes. El castillo, la Iglesia Parroquial de San José, la Ermita de la Soledad, el Puente de Hierro, el Mirador de la Era del Chulo y el Volcán del Cerro de Agras completan en Cofrentes un interesante itinerario turístico, que puede empezar o terminar en el embarcadero del Júcar.



David, patrón de los Cañones del Júcar, y los tripulantes Paco y Pedro dan la bienvenida en el embarcadero de Cofrentes a los pasajeros, que hasta un máximo de 60, se instalan cómodamente en el barco dispuestos disfrutar y comprender un paisaje sólo patente desde el agua.
Pedro es el encargado de narrar las historias y leyendas que surgieron, en el transcurso de los siglos, en la recóndita, abrupta y escarpada Muela de Cortes. También es Pedro quien, durante las dos horas del recorrido, da a conocer los detalles más interesantes de los dos pueblos a los que pertenece la presa.

Despacio, muy despacio, el barco deja atrás el embarcadero, junto a la antigua presa construida en 1953 y que servía para almacenar las aguas del Júcar y Cabriel. Esas aguas se llevaban mediante un canal hacia la central hidroeléctrica de Rambla Seca en el término de Cortes de Pallás, aprovechando los 92 metros de desnivel existentes entre Embarcaderos y la central. La construcción del complejo hidroeléctrico de Cortes de Pallás, en los años ochenta, supuso la inutilización de la central de Rambla Seca, como consecuencia de ello, el Embalse de Embarcaderos está inutilizado hoy y forma parte de la cola del Embalse de Cortes.

El barco se adentra, poco a poco, hacia el cañón del Júcar y casi desde el principio se puede contemplar parajes de gran belleza siempre bajo la omnipresente Muela de Cortes. La Muela, situada a la derecha, cae más de 400 metros cortada sobre las aguas del río. La naturaleza es pura en el inmenso desnivel de las riberas del Júcar, en sus islas y en sus playas pobladas por pinos carrascos, palmitos, romeros y lavandas, entre las que corretean cabras montesas y muflones. La Muela de Cortes es Reserva Nacional de Caza Mayor desde el año 1973, por lo que no resulta difícil observar la presencia de animales en las escarpadas peñas. También pueden verse aves como el águila pescadora, el pato de cuello verde y la garza.

Como una muralla animada, la sierra esculpida por el agua otorga al paisaje un abrupto aspecto pero que curiosamente no intimida. El secreto debe ser su propia naturaleza, que florece en sus vertiginosos acantilados y en sus suaves laderas. Es una naturaleza tan espectacular y de belleza tan cambiante que en otoño se tiñe de apagados colores ocres y en primavera se vuelve alegre y multicolor.

Entre el Puntal de Sácaras y el Ral por la margen izquierda del embalse se alza el macizo de Chirel en cuya cúspide se levantan los restos del castillo. Por su estilo hay que situarlo fundamentalmente en el siglo XV, aunque su origen es anterior. Durante la Edad Media, desde él se controlaba el tránsito por el Júcar ya que la frontera entre los reinos de Castilla y Valencia estaba precisamente en el valle de Cofrentes. Como por el sur el castillo da a un acantilado de algo más de 300 metros de altitud, el acceso se realizaba por el flanco norte, donde se hallaba una doble muralla, una torre de vigía central y dos torreones en los extremos, que aún se pueden ver en la actualidad. En el lado este se abre un foso defensivo.

Pese a que en el castillo es patente la tradición musulmana, el gótico también está presente. En él, todavía se conservan los escudos cristianos y señoriales situados encima de los accesos. Por su composición, está claro que el conjunto tenía una doble función: defensiva y residencial. Esta fortaleza adquirió gran importancia durante el siglo XVII, cuando se registraron cruentas batallas que concluyeron con la derrota de los moriscos, que se habían concentrado en la Muela de Cortes. Tras la victoria de los ejércitos reales de España, en el año 1609, los moriscos fueron obligados a abandonar sus hogares e incluso el territorio español.

Por la margen derecha, se puede ver un tramo del Sendero de Gran Recorrido GR-7. Muy cerca está la parte del barranco del Ral sumergido bajo las aguas del embalse. Es un tramo ancho donde ni el río ni el barranco están encajados, por lo que ambas orillas ofrecen posibilidades turísticas que en otros lugares del recorrido serían inviables. El Desfiladero de Cortes comprende el tramo entre el Ral y el núcleo de Cortes que es la parte del río donde las paredes del cañón del Júcar tienen la mayor verticalidad de todo el recorrido y alcanzan impresionantes alturas.

El barco avanza mientras el sol ilumina las crestas de las montañas y llega hasta la preciosa isla central, rodeada de aguas tan calmadas que parecen hechas de espejo y en las que nadan tranquilos lucios y black bass mientras que algunos pescadores saludan desde las riberas el paso del barco. Cerca de esta isla se encontraban antiguamente los Baños del Cabet, un manantial de aguas medicinales, indicado para problemas dermatológicos y al que acudían las gentes de Cofrentes y Cortes de Pallás. El recorrido se hacía a pie, por una senda que comunicaba las dos poblaciones. Este camino discurría a lo largo de un canal, que servía para llevar las aguas, del embalse de Embarcaderos a la central Hidroeléctrica de Rambla Seca. Todo eso en la actualidad está bajo las aguas del embalse aunque aún se pueden ver algunos tramos del camino. Una de las señales que indican por donde pasaba el camino son los carteles pintados en la roca con el crédito de Reserva Nacional de Caza.

Cortes se encuentra a 423 metros sobre el nivel del mar. Es un pueblo pequeño pero pintoresco y tranquilo y su trazado callejero es genuinamente medieval e islámico, adaptado a la orografía del terreno donde se halla enclavado. Desde el siglo VIII sus viviendas han sabido mantener el modelo constructivo típico popular con ligeras variaciones, ya que han adaptado la altura de las casas al tortuoso dibujo de las estrechas calles y al desnivel del terreno. Como lugares de interés para visitar, además del conjunto del casco urbano, está la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, de estilo barroco, cuya construcción se inició en 1775. Su única nave, en la que destaca el retablo de estilo barroco tardío, está cubierta con bóveda de cañón y lunetos.
La Casa del Barón, un palacete barroco de finales del siglo XVIII que se ubica en la misma plaza del pueblo, es otra de las visitas obligadas en Cortes. Esta vivienda fue la residencia de los barones de Cortes de Pallás y aún conserva encima de la puerta de entrada el escudo de la familia.

El puente sobre el embalse de Cortes de Pallás es una obra de ingeniería, que se eleva sobre el nivel del lecho 111 metros, su longitud es de 281 metros y se adentra en el túnel excavado en la roca más de 200 metros. El barco regresa desde Cortes casi dos horas después de su salida y atraca de nuevo en el embarcadero de Cofrentes, tras recorrer un paraje frondoso, ocre y esmeralda. Los Cañones del Júcar vuelve al lugar de donde salió rodeado de un paisaje de piedras eternas y aguas verdes, cuya belleza no se puede esquivar y que cuando se ve una vez, ya no se olvida.