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Tiempo Libre / 5-2006

  Tiempo Libre


  Baleares: a un paso de El Jardín del Edén


Por algo son el destino elegido por miles de turistas al año. Playas tranquilas y calas de gran belleza, con una interesante riqueza cultural e histórica, Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera, nos ofrecen el mundo mediterráneo para disfrutarlo. Luz, silencio, reposo, diversión, juerga, cultura, tradiciones, modernidad, en fin, la vida misma.

Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera. Nos sale de carrerilla cuando hablamos de las islas del archipiélago balear. Situadas cerca de cualquier sitio, o así parece ser, a tenor de la cantidad de turistas que reciben al año, son un hermoso reclamo para descansar y disfrutar de la vida.
Jubilados europeos, recién casados, jovenes en busca de la “marcha” ibicenca, amantes del submarinismo, familias, poetas, pintores, famosos, jet-set internacional, y la Familia Real al completo eligen año tras año el universo variado de estas islas.

Mallorca es la isla de mayor tamaño, cuenta con 550 kilómetros de costa y una gran diversidad geográfica. El viajero puede visitar la animada playa del Arenal hasta las calas más escondidas de la costa norte. Es un paraíso para bañarse, bucear, practicar esquí acuático, e incluso embarcarse en un submarino y ver el litoral marino desde una perspectiva distinta. Es uno de los mejores lugares para hacer excursiones en barco en las que descubrir los variados paisajes de la costa con sus antiguas torres de vigilancia, sus pueblos, sus puertos y, por supuesto, sus playas.


En el interior, Mallorca tiene en la actualidad el 40% de su territorio protegido. Entre las áreas de protección se encuentran el primer Parque Nacional Marítimo Terrestre de España, La Cabrera, y la pequeña isla de Dragonera. S´Albufera, con 2.400 hectáreas, es la zona húmeda más grande de Mallorca y una cita para los amantes de los pájaros, con más de 196 especies distintas.
Otro aliciente para visitar la isla es su capital, Palma de Mallorca, con uno de los núcleos históricos mejor conservados de Europa.

Sus casas señoriales se alinean en los callejones, en sus patios se vislumbra el esplendor que se esconde tras las imponentes fachadas, y ¡cómo no! su catedral que este año cumple 700 años.

Situada frente al mar junto al palacio real de la Almudaina y flanqueada por las antiguas murallas renacentistas. es la segunda catedral en altura de las catedrales góticas europeas, con columnas de una altura de 21,47 metros. Otro elemento destacable es el rosetón sobre el altar mayor de 11,5 metros de diámetro, 97 m2 de superficie y 1.236 vidrios de colores que junto con los vitrales le dan una claridad difícil de igualar y que la han hecho merecedora del calificativo de catedral de la luz. Abandonamos Palma de Mallorca, rumbo a Menorca, donde visitaremos Ciutadella, la antigua capital, ciudad pintoresca y un poco melancólica, con un pequeño puerto que se encuentra entre los más románticos de todo el Mediterráneo.

Al otro lado se encuentra Mahón, capital administrativa y comercial, y que se ha convertido en uno de los puertos naturales más deseados de este mar.
Menorca conserva una herencia de edificios, ruinas y objetos, entre otros uno de los pueblos talayóticos más grandes de las Baleares, Son Catlar, y el edificio preservado más antiguo de Europa, la Naveta des Tudons.
No podemos abandonar la isla sin visitar las suaves colinas y los amplios valles de la Tramontana, y sus playas: la Vall, Cala Pregonda y Es Grau.



  Patrimonio de la Humanidad

Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999, Ibiza, ofrece una gran diversidad biológica, como las praderas de Posidonia, y numerosos vestigios de civilizaciones antiguas, como los hallazgos arqueológicos de La Caleta, la necrópolis púnica de Puig des Molins y la antigua ciudad fortificada, Dalt Vila.
Y de la isla con las noches más largas del Mediterráneo (con más de 8.000 fiestas organizadas cada verano), nos refugiamos en la isla más tranquila y rural, Formentera.
Es una isla relativamente plana, dividida en dos mesetas: Barbaria al oeste y La Mola al este, conectadas por un estrecho. Al norte aparecen lagunas litorales, bahías y unas antiguas salinas, cuya explotación hasta hace pocos años dotaba a la región de unos importantes ingresos, son hoy un espacio único rodeado de playas.