Los pensionistas perderemos poder adquisitivo en 2017, pues la subida del 0,25%  prevista por el Gobierno no compensará el alza de los precios del 1,4% que contempla el plan presupuestario que remitió a Bruselas el 15 de octubre.

Hay que remontarse al año 2012 para dar con una pérdida de capacidad de compra similar. Entonces, el Índice de Precios de Consumo (IPC) repuntó un 2,4% de media anual, mientras las pensiones solo se revalorizaron un 1%. Desde ese año, la inflación negativa ha mantenido el poder de compra de los jubilados, si bien éstos han tenido que afrontar nuevos gastos como el copago farmacéutico.

Pero 2016 apunta a ser el último ejercicio con tasa media anual del IPC bajo cero (las previsiones adelantan un -0,3%) y el año que viene el alza de los precios podría dispararse hasta el 1,4%, según vaticina el Gobierno.

En este contexto, y con la subida de las pensiones por la mínima por cuarto año consecutivo, “los pensionistas van a perder poder adquisitivo, pero llevan haciéndolo muchos años”, sostiene el profesor del IEB, Javier Santacruz, quien recuerda que la “inflación real” que soportan, en su caso, los jubilados, se sitúa “muy por encima del 0,25%”. Y es que la cesta de la compra de los mayores de 65 años demanda, en su mayor parte, alimentos, energía y transporte, cuyos precios, recuerda Santacruz, “están creciendo por encima del IPC”, según informa hoy El Economista.

En 2013, el Gobierno estableció un incremento del 1% para las prestaciones superiores a los 1.000 euros mensuales y un 2% para las pensiones de cuantía menor. Si bien, en aquel año el IPC marcó una media anual del 1,4%, en noviembre -mes de referencia de la revisión- los precios subieron un tímido 0,2%. Los pensionistas ganaron entre 0,8 y 1,8 puntos de poder de compra. Sin embargo, la ganancia no compensó la pérdida de 1,9 por la congelación de las pensiones en 2012, cuando no fueron actualizadas con la inflación por decisión del Ejecutivo.

A partir de 2014, las pensiones dejaron de revalorizarse anualmente según el IPC del mes de noviembre, como mandaba la ley. Desde entonces, el Gobierno de turno se sirve de una fórmula para fijar cada año la cuantía en la que se actualizarán las prestaciones al coste de la vida. Este Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP) desvincula la actualización anual de la inflación y la liga al equilibrio presupuestario del sistema, relegando a un segundo plano el mantenimiento del poder adquisitivo.

El IRP no puede superar el IPC esperado en más de medio punto ni caer del 0,25%, el mínimo por el que han sido revalorizadas las pensiones los últimos tres años, coincidiendo con el asentamiento de la inflación negativa desde 2014. Así, aunque la revalorización haya sido mínima, en estos años el alza de las pensiones ha superado al de los precios.

Pero el panorama se complica para los bolsillos de los pensionistas en 2017, cuando se prevé una subida de los precios del 1,4% que, de materializarse, mermaría en 1,15 puntos su poder de compra.

La pérdida de poder adquisitivo de una pensión de 1.000 euros mensuales se materializará en 126 euros al año. No obstante, desligar la actualización de las prestaciones del IPC no es necesariamente negativo para el receptor. De hecho, en 2016 los pensionistas han salido ganando en 77 euros, de nuevo, porque el aumento de la pensión ha sido mayor al alza de los precios. Algo que no se repetirá en 2017.

Es más, el futuro es menos halagüeño más allá de 2019, cuando está prevista la aplicación del “factor de sostenibilidad”, cuyo objetivo es frenar el crecimiento del gasto en pensiones ajustando la cuantía de la pensión inicial, de manera que ésta disminuya conforme aumente la esperanza de vida. A partir de entonces, “la pérdida de poder adquisitivo de los jubilados va a ser más acelerada, como traducción del ajuste entre ingresos y gastos de la Seguridad Social”, advierte Santacruz.