Los niños afectados por progeria sufren una suerte de envejecimiento acelerado. Tan acelerado que los más pequeños, a los pocos meses de edad, presentan síntomas propios de la vejez, como calvicie, piel seca y descamada, ausencia o retraso en la formación de los dientes y limitación en los movimientos.

Las causas de la progeria no están del todo claras, pero los niños no suelen superar la adolescencia a causa del envejecimiento acelerado y temprano que sufren sus células. Para indagar en el origen de esta enfermedad, científicos de la Universidad de Oviedo, con la colaboración del Instituto Josep Carreras y las Universidades de Harvard y Barcelona, estudiaron los procesos de reprogramación celular.

Desde los trabajos de Yamanaka, los investigadores saben cómo convertir las células adultas en un tipo de células madre realmente interesante. Las conocidas como células iPS se obtienen mediante la inducción específica de determinados genes, que revierten el proceso de desdiferenciación celular.

El desarrollo de células iPS implica el propio rejuvenecimiento celular, ya que logramos eliminar algunas alteraciones moleculares y celulares asociadas al envejecimiento. ¿Pero qué ocurre en aquellas células que sufren envejecimiento acelerado y temprano como la progeria? ¿Es tan sencillo rejuvenecer estas células?

envejecimiento

Las características de las células de estos individuos hacen que sea prácticamente inviable rejuvenecerlas, ya que cuentan con multitud de alteraciones moleculares y celulares. El equipo de la Universidad de Oviedo, liderado por el Dr. Carlos López Otín, se propuso investigar en un primer momento qué alteraciones presentaban las células de pacientes afectados por los síndromes de Néstor-Guillermo o el de Hutchinson-Gilford, dos tipos diferentes de progeria.

Como explica López-Otín, “el estudio de estas patologías presenta un gran interés biológico por las claves que pueden proporcionar acerca del envejecimiento normal y por la posibilidad de ensayar aproximaciones terapéuticas dirigidas a paliar o a retrasar sus efectos”. Pero lo que encontraron los científicos fue realmente sorprendente. Tanto las células de personas afectadas por progeria como de individuos de edad avanzada presentaban una hiperactivación de los procesos inflamatorios.

La inflamación, según define la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, es un mecanismo de respuesta a infecciones, lesiones tisulares o procesos de estrés y disfunción celular. Aunque los investigadores no saben por qué las células más envejecidas presentaban una hiperactivación de la inflamación, este hallazgo podría ser clave para frenar el paso del tiempo.

Retrasar el paso del tiempo

Para ello, los científicos administraron terapias anti-inflamatorias a las células de pacientes afectados por progeria. Después de recibir el tratamiento, las células presentaban una eficiencia de reprogramación similar a la conseguida por células de individuos jóvenes. Sus resultados, publicados en Nature Cell Biology, han demostrado por primera vez la relación entre los procesos inflamatorios con la reprogramación celular.

Más allá de las implicaciones en investigación básica, ¿servirían estas conclusiones a la hora de abordar el envejecimiento temprano y acelerado que ocurre en la progeria? Al utilizar inhibidores de la molécula DOT1L, una proteína clave de este proceso, los científicos observaron una mejoría extraordinaria de los síntomas en células humanas y ratones que padecían envejecimiento acelerado. Los modelos animales, por ejemplo, aumentaron su esperanza de vida en un 65%.

Como resalta Clara Soria-Valles, primera autora del trabajo, los resultados “superan ampliamente los obtenidos con las estrategias terapéuticas desarrolladas previamente para el tratamiento de los síndromes de envejecimiento acelerado sin presentar efectos secundarios aparentes”. La terapia farmacológica empleada ya se usa en algunos casos de leucemia, por lo que podría ensayarse en pacientes con progeria para ver si estos inhibidores son eficaces y seguros en la lucha contra el envejecimiento acelerado.

Las conclusiones de este trabajo son realmente sorprendentes, y ofrecen nuevas esperanzas para lograr una cura contra enfermedades como la progeria. La relevancia de la investigación ha llevado a Nature Cell Biology a seleccionar este artículo para ocupar la portada del número de agosto de la revista.