Luis Alfonso García preside la asociación de personas mayores Club Gerontes, en Santa Cruz de  Tenerife. Como en todas las asociaciones de mayores, en colaboración con los miembros de la junta directiva, organiza encuentros, viajes y actividades socio culturales para los jubilados de su club. Y desde hace seis años, coordina voluntariamente el reparto de productos del Banco de Alimentos en el distrito de Ofra Costa Sur, uno de los cinco distritos de  la ciudad tinerfeña. Más de 2.500 personas son atendidas mensualmente por el grupo de voluntarios que coordina.

“Se empezó atendiendo a 60 o 70 personas, y ahora repartimos alimentos a más de 2.500 personas mensualmente”, declara el presidente del Club Gerontes, asociación adherida a UDP. La existencia del Club, ha posibilitado la creación y puesta en marcha de este nuevo recurso social para los habitantes que lo necesiten. Los productos son proporcionados por Banco de Alimentos, y de su distribución y reparto se encarga el grupo de voluntarios, en un local cedido por el ayuntamiento.

Voluntarios del Club Gerontes colocando los alimentos.

Voluntarios del Club Gerontes colocando los alimentos.

En todo el proceso, los socios de Gerontes juegan un papel esencial. Además de aportar voluntarios que trabajan en el banco, coordinando y distribuyendo los alimentos, sirven de canal de información para otros ciudadanos. “Cuando detectamos que hay necesidades de productos específicos hacemos un llamamiento a nuestros socios, y cada uno aporta según sus capacidades. La gente responde muy bien con lo que puede”, afirma Luis Alfonso.

Gerontes colabora con la Federación Española de Bancos de Alimentos, Fesbal,  la gran cadena de distribución solidaria, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2012.

Nicolás Palacios Cabero, presidente de Febal

Nicolás Palacios Cabero, presidente de Febal

Fesbal gestiona cada año 120 millones de kilos de comida. “Desde la crisis, este tema se ha desbordado. Mucha gente lo está pasando mal y busca canales para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, con nosotros”, afirma Nicolás Palacios Cabero presidente de la federación.

En solo tres días, 28, 29 y 30 de noviembre pasado, durante la campaña La Gran Recogida de Alimentos 2014, promocionada por la organización, se movilizaron 106.000 voluntarios, se habilitaron 10.000 puntos de recogida, y se recogieron 21 millones de kilos de comida en toda España. Se trata de una de las campañas de movilización social más importantes de los últimos años.

La actividad de los bancos de alimentos, como la de cualquier empresa de distribución, exige acudir a suministradores diversos, industrias productoras de alimentos, distribuidoras, grandes superficies, asentadores, mayoristas, almacenistas, comerciantes, industrias de transporte, industrias de construcción, entidades financieras, empresas de publicidad y de comunicación (periódicos, radio TV y medios electrónicos). Además, instituciones públicas y organizaciones nacionales e internacionales, tales como: Fondo Europeo de Garantía Agraria, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, organismos oficiales de carácter nacional, autonómico y local, cooperativas agrarias, cámaras de comercio, universidades, colegios y Fuerzas Armadas.

Además, debe gestionar la distribución con las entidades no lucrativas que se encargan del reparto entre las personas de los colectivos con los que trabajan que necesitan los alimentos.

Fesbal gestiona también las ayudas de organismos oficiales y privados necesarias para dotar a los almacenes de los bancos de alimentos del equipamiento técnico necesario y  atender a las necesidades económicas de funcionamiento.

Tiene un mérito singular haber construido esta red y el reto que se plantea ahora es cómo seguir manteniendo y mejorando su estructura. “Afortunadamente hay un trabajo constante y minucioso de los voluntarios, que en su mayoría son jubilados” continúa Palacios. “En la jubilación hay dos líneas posibles a seguir: ya he trabajado bastante y ahora busco hobbies; o, aunque haya trabajado, puedo aportar cosas a la sociedad. El compromiso es lo más importante para un voluntario. Algunas de las cosas que miramos al meter a alguien en nuestro equipo son el tiempo del que dispone, en qué áreas puede sentirse más gusto, etcétera. El compromiso viene de la mano de la voluntariedad, pues no hay ningún tipo de beneficio económico. Es todo compromiso, tanto si lo pueden hacer en casa o aquí”, concluye Palacios.

Los voluntarios y voluntarias "a pie de super" en una recogida de alimentos.

Los voluntarios y voluntarias “a pie de super” en una recogida de alimentos.

Cómo funcionan los bancos de alimentos

  •  La organización de un Banco de Alimentos se orienta a un funcionamiento similar al de una empresa, con distintas áreas y un equipo de dirección. Áreas de Aprovisionamiento y Transportes, Almacén, Distribución, Contabilidad, Mecenazgo, Comunicación y Dirección. Todo esto, llevado a cabo con rigurosa profesionalidad.
  • Se buscan empresas que estén dispuestas a dar, de modo gratuito, los excedentes que, de otro modo, se destruirían. Toda empresa, por definición, lanza al mercado más productos que los que espera vender, asimismo, los hay que no pasan el control de calidad, por motivos ajenos a la calidad del producto, como desperfectos en los envases, etiquetado, etc. Y, sin embargo, todos ellos son perfectamente consumibles. (Además, algunas de estas empresas desean cooperar con productos según su generosidad, aunque no sean excedentes).
  • Se aceptan las distribuciones gratuitas de excedentes alimentarios del Fondo Social de la Comunidad Europea.
  • Se aceptan donativos de particulares, se hacen colectas y se arbitran sistemas que permitan recoger lícita y gratuitamente alimentos.
  • Se admiten subvenciones y ayudas de dinero, con las que se mantiene la estructura mínima del Banco de Alimentos: nave de almacenamiento, cámaras frigoríficas, pesas, carretillas, transportes, teléfono, etc. si bien el transporte, de ordinario, corre a cargo de la empresa que dona los productos.
  • Se almacenan, en general por breve tiempo, los alimentos, de forma que estos puedan, ser distribuidos y consumidos dentro de plazos de consumo preferente.
  • Se distribuyen gratuitamente a los centros de acogida necesitados, comprometiéndose los receptores a cumplir las condiciones que se les exige.
  • Todo ello se hace con personas que prestan su capacidad profesional y su tiempo de manera absolutamente voluntaria. No se cobra bajo ningún concepto.
  • Jamás se da comida a particulares, sólo a los centros asistenciales que estén adheridos a cada banco.

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La filosofía de los bancos de alimentos es clara, intervenir eficazmente en tiempos de necesidad acuciante, pero también hay voces críticas sobre este tema.

Fernando Busquets, director de la Fundación Arrels también considera que los Bancos de Alimentos son una buena herramienta para cubrir las necesidades alimenticias de los colectivos más débiles, pero añade: “Otra cosa es si son la solución idónea. Hay soluciones mucho más adecuadas y normalizadoras como la tarjeta de crédito solidaria, que no estigmatiza”.

El sociólogo Albert Sales, autor del libro El delito de ser pobre, afirma que “no se trata de dar de comer, sino de facilitar el acceso a una alimentación adecuada de forma continuada”. Y añade: “No digo que no sea necesario movilizarse para ayudar, pero las campañas mediáticas como la Gran Recogida no se corresponde con su impacto real sobre la vida de la gente, y contribuye a identificar pobreza con hambre, una identificación que conlleva ocultar la complejidad de los procesos de exclusión social. No hay que pasar hambre para vivir los problemas causados por el paro, la sensación de impotencia, la angustia por el futuro, las tensiones intrafamiliares… Y la inseguridad alimentaria no es la consecuencia de la falta de alimentos, sino de la falta de ingresos. Lo que hay que garantizar es una renta mínima, no dar de comer”.

Y afirma “sería deseable canalizar la solidaridad de otro modo. Rompiendo las barreras entre donantes y asistidos, rompiendo la desconfianza que nos lleva a dar de comer a los pobres bajo la convicción de que “nosotros” sabemos mejor que “ellos” lo que “ellos” necesitan”.

Otro debate atañe al papel de las empresas alimentarias y las superficies comerciales que aportan alimentos a la campaña, ya que no todo es altruismo en estas aportaciones, teniendo en cuenta los beneficios de imagen para sus marcas y las ventajas tributarias y de colocación de excedentes que consiguen.

Debates aparte, la realidad es que los bancos de alimentos cubren una necesidad social, y que en la organización de redes ciudadanas como Fesbal, los jubilados cumplen una labor esencial e imprescindible. Se trata de un ejemplo de cómo los ciudadanos podemos aprovechar el potencial, el conocimiento y la experiencia de las personas jubiladas para beneficio de todos.