La esperanza de vida ha aumentado en los últimos años, una muy buena noticia. Y es que está claro que los avances médicos, las recomendaciones alimenticias y los buenos hábitos han generado que nuestra longevidad aumente al igual que el bienestar. Hablan de los 60 como la segunda juventud, y tenemos que aprovechar al máximo ese momento para poder disfrutar de todas esas cosas que cuando éramos más jóvenes no hemos podido hacer por trabajo, familia, etc. Hay , como por ejemplo el profesor estadounidense James W. Vaupel, un reputado científico en demografía y experto en envejecimiento a nivel mundial, que afirma que hoy en día una persona de 78 años puede tener un estado de salud equivalente al que medio siglo atrás tenía alguien de 68. Y dentro de 50 años más, una persona de 80 tendrá una salud como alguien hoy de 50 o 60 años.

Este aumento de la esperanza de vida también se traduce, por otro lado, en un retraso en la edad de jubilación. Es lógico que, a más longevidad, mayor vida laboral activa. La consecuencia de esto es que nuestra jubilación cambia, al igual que todo lo vinculado a ella. El retraso de la edad de jubilación, acompañado por una mejora de nuestro estado de salud, hace que sigamos siendo población más que activa durante más tiempo. Desde hace ya unos años  se han realizado modificaciones con respecto a este punto, introduciendo el concepto de jubilación progresiva. Esto se traduce en que no necesariamente hay una edad tope definitiva para todo el mundo en cuanto a temas de jubilación, sino que va a variar de manera anual y según los años cotizados. Según los últimos cambios legislativos, el objetivo es que desde el 2013 y hasta el 2027 se pase de una edad mínima de 65 años para jubilarse a la de 67, de manera paulatina y según años cotizados. Así pues y de manera concreta durante este 2016, si quiero jubilarme a los 65 años, deberé tener cotizados 36 años para poder cobrar la totalidad de la pensión. Se sigue manteniendo, eso sí, la opción de jubilación anticipada, pero con un requisito de al menos 30 años cotizados, aunque hay excepciones según casos y situaciones. Además deberemos tener en cuenta que al acogernos a la jubilación anticipada nuestra pensión se verá reducida según la merma de los años que no coticemos de más, con lo cual antes de hacerlo deberemos valorar cuál será la pérdida económica.

Cada vez más somos más longevos, estamos más sanos y en consecuencia somos más activos. Esto hace que nuestra vida laboral sea mayor, pero esto también nos reporta mayor satisfacción. Y es que el estar activo y poder mantener un ritmo de vida saludable hace que nuestro cuerpo se encuentre con más energía, y esto es muy positivo.  A veces el llegar a la jubilación, por muy deseada que tenga, genera un estado de desánimo, no sabemos qué hacer con nuestro tiempo y perdemos las ganas. Por eso, el poder sentirnos más activos siempre va a ser en positivo. Y además siempre podemos jugar con el tiempo libre que nos queda para poner en marcha actividades de ocio que  nos llenen y nos den más satisfacción, pues también estamos más libres de responsabilidades. Está claro que los 60 son una segunda juventud, así que no pierdas oportunidad y aprovéchala  al máximo para disfrutar.