A sus 93 años Iris Apfel es un icono de la moda. Ha pasado su vida entre telas, maquillajes, perfumes, accesorios y pasarelas, siendo una eminencia en el mundo de la moda en Nueva York. Iris Apfel es esa rara avis capaz de combinar una chaqueta de piel de Versace pintada a mano con unos pantalones comprados en un mercadillo y estar absolutamente fabulosa. A los 84 Apfel se convirtió en la “anciana debutante de la moda” más requerida del sector. Posó en la portada de Vogue Italia  y desde entonces su teléfono no ha dejado de sonar.

Aquí nos deja cinco lecciones para transitar con estilo por este mundo.

1) La belleza eres tú. Cuando una adolescente Iris compraba por los almacenes Loehmann’s de Nueva York, la propietara se le acercó y le dijo: “Llevo tiempo observándote y, ¿sabes?, no eres guapa ni serás guapa, pero tienes algo más importante: estilo”. Apfel se ríe de todas las convenciones de belleza que rigen la sociedad (“no estoy de acuerdo con la belleza”) y aboga por vivir una vida llena de color y con diversión como antídoto a las reglas sociales del buen vestir. Por eso odia a la gente que viste de negro o que es esclava de la cirugía. “¿Para qué vas a liarlo más? Si te operas puedes quedar peor y parecer un Picasso. Después la gente se dará cuenta de que estas manos arrugadas no van con tu cara estirada. No hay razón para hacerlo. O como ella misma resume: “La vida ya es gris y aburrida, por lo que se puede divertir y hacer feliz a la gente con un poco de fantasía”.

2) No seas borrego, explota tu personalidad. “Odio a toda esta gente homogeneizada, son todos iguales”. Para Iris Apfel vivimos una de las peores décadas de la moda, con una sociedad obsesionada por vestir igual a lo que les dictan. “Se ha perdido toda la originalidad. Se hace poco y lo que se hace es de mala calidad. Los diseñadores viven obsesionados con los medios de comunicación y no saben coser. Todo el mundo trabaja con máquinas. En los 50 y los 60, eso era otra historia, como con Balenciaga”. A Iris le extraña que la gente se sorprenda con su excéntrico estilo. “Lo que me parece raro es cómo la gente sale a la calle en masa con esas chanclas y esas camisetas blancas tan simples de tirantes. Parece que van todos a la piscina”.

3) Educa tu mirada y no te aferres a tus pertenencias. “Todo el mundo debería ir a los museos, no dejar de visitarlos. Aunque no estés buscando inspiración para tu mente, la encontrarás y alimentarás tu alma”. Si a Iris se le pregunta de qué prenda u objeto sería incapaz de desprenderse (tiene tres pisos llenos de ropa y un almacén gigante en Nueva York con auténticos tesoros de todos sus viajes) ella responderá al momento: “Oh cariño, en esta vida no eres dueño de nada, no estaremos en la Tierra para siempre y lo que tienes es como si simplemente lo hubieses alquilado”.

4) Huye de las reglas e improvisa. Quién piense que esta nonagenaria se pasa la noche pensando qué va a ponerse al día siguiente está más que equivocado. “Para mi vestirse es toda una improvisación, es como tocar jazz. Yo no planeo nada. No me visto intelectualmente. En casa no visto así, me pongo un vaquero y una camiseta. Vestir debería ser siempre algo divertido, sin estresarse”. La genialidad está en el proceso,”nunca sigas las reglas”. Por eso ha hecho suya aquella frase que una mujer dijo: “me importa un bledo ir a la fiesta o estar en la fiesta, es vestirse para la fiesta lo que me importa. Es ahí dónde está la verdad y la poesía”. Y un par de últimos apuntes: “Si te preocupas demasiado por cómo vas, te perderás a ti mismo. Si estás perfecto pero incómodo, es que no tiene sentido lo que te has puesto”.

5) “Es mejor ser feliz que ir bien vestida”. Ella lo es. Vive una relación entrañable, idílica y de devoción mutua con su marido Carl (con 101 años a sus espaldas). Una conexión sentimental más que patente en el documental, que emocionó a la audiencia aglutinada en la Fundació Miró y que no dudó en felicitarla por ello tras el visionado. Es su compañero de fatigas. Iris cuenta durante el metraje que lo que le quita el sueño por las noches no es la ropa o los eventos que tendrá que cubrir al día siguiente: “son todas estas dolencias y cosas de la edad que nos está tocando vivir”. Pese a las dificultades, Apfel es una mujer de 93 años que todavía tiene fuerzas para levantarse y recorrerse los mercadillos de Harlem para regatear por un bolso en una tienda africana. No se equivoquen, no lo hace por un afán capitalista, ella es una cazatesoros y lo deja claro “comprar no es lo mismo que buscar”. Antes de irse, deja un apunte a Christine Lagarde (directora del Fondo Monetario Internacional) a propósito de esas infames declaraciones que decían que “la gente mayor vive demasiado y es un riesgo para la economía”: “Es tan imbécil esa frase que no quiero gastar mucha saliva. Los ancianos no estamos arruinando el planeta. Además, ¿a qué edad se es viejo?”.