Combatir el dolor para disfrutar de la vida y sentirse bien

Aspectos prácticos, útiles y accesibles que pueden ayudar a  combatir, eliminar o aliviar el propio dolor
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Aspectos prácticos, útiles y accesibles que pueden ayudar a  combatir, eliminar o aliviar el propio dolor

Fotografía de Víctor López

Sobre el Autor. Víctor López García. Médico Gerontólogo. Médico Escritor. Responsable del área de salud en UDP. Autor del libro “Longevidad extrema: un desafío existencial”.

Escribir sobre el dolor en los humanos es muy complejo, por confluir en esta percepción desagradable innumerables variables y connotaciones relacionadas con el cuerpo, la mente, los nervios, la parte social, la cultura, las creencias y el espíritu religioso de los individuos.

Además, no hay dolores comunes a todos por igual, sino que cada persona percibe su propio dolor (a su manera).

El reto que yo me propongo con la redacción de este artículo es ofrecer a los lectores una visión panorámica del dolor y precisar los aspectos prácticos, útiles y accesibles que pueden ayudar a los lectores a combatir, eliminar o aliviar su propio dolor.

¿Qué es el dolor?

El dolor es una sensación, percepción molesta y desagradable que sufren las personas por motivos muy diversos.

La Asociación internacional para el estudio del dolor define el dolor crónico como un experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada a una lesión tisular real o potencial.

En realidad, desde un punto de vista biológico, el dolor es una señal de alarma, un aviso que tiene carácter protector y defensivo-y se produce ante cualquier agresión o daño presencial o potencial al cuerpo. 

Si el hombre no sintiera dolor podría tener consecuencias graves al desentenderse de una señal de peligro.

Unos ejemplos: si uno acercara la mano al fuego y no sintiera dolor no retiraría rápidamente la mano y se quemaría toda la mano.

Si una persona sufriera un esguince de tobillo y no le doliera, seguiría caminando, con las consecuencias nefastas para la articulación del tobillo que ello acarrearía.

Si al sufrir una angina de pecho o un infarto de miocardio la persona no percibiera dolor no se pararía y descansaría convenientemente y las consecuencias, igualmente, serían muy peligrosas para el individuo afectado. 

No obstante, existen también dolores fantasmas– sin ninguna utilidad- como el que percibe una persona en una pierna, después de haberse amputado ésta.

Podría poner más ejemplos, pero, creo, que éstos son suficientes para que el lector se haga una idea sobre lo que pretendo decir.

¿Y cómo se produce y se transmite el dolor en el cuerpo?

El cuerpo humano dispone de una serie de terminaciones nerviosas libres receptoras del dolor distribuidas por todo el organismo.

Estas terminaciones nerviosas van formando fascículos o cordones nerviosos que van subiendo por el organismo, pasando por la médula espinal (asta posterior) y siguiendo hasta el tálamo (conglomerado de neuronas) que se halla dentro del cerebro y de ahí, finalmente, van a parar a la zona sensitiva del dolor ubicada en la corteza cerebral donde el dolor se percibe plenamente.

Bueno, no quiero aburrir al lector con más explicaciones técnicas.

Causas que producen dolor

Las lesiones traumáticas del cuerpo (heridas y fracturas), las quemaduras, la falta de sangre y oxígeno en los tejidos (isquemia), la inflamación, la congestión sanguínea, la existencia de úlceras de estómago o duodeno, la compresión de las raíces nerviosas posteriores de la médula espinal (por una hernia del disco intervertebral) y un sinfín de causas más …producen dolor.

Se puede decir a ciencia cierta que la enfermedad en cualquiera de sus formas y variantes y las lesiones y alteraciones que derivan de ella, pueden producir dolor o malestar.

Lo que no produce dolor es un estado óptimo de salud, plena y completa. Muy al contrario, este estado saludable y positivo, produce ausencia de dolor o bienestar.

Soluciones para la superación o alivio del dolor en los humanos.

Para intentar suprimir el dolor, remediarlo o aliviarlo hay que conocer- como he dicho- la causa primaria que lo produce.

Lo reitero, para eliminar el dolor, hay que eliminar la causa que lo produce. Así de sencillo.

En este contexto hay que señalar, que intentar solucionar el problema del dolor– que es una de las grandes causas de la pérdida del bienestar, y de la felicidad en los humanos- hay que recurrir a más recursos de los que suele ofrecer la medicina convencional, como son los fármacos analgésicos y antiinflamatorios, entre otros.

Se puede recurrir a terapias complementarias a la citada farmacoterapia analgésica y antiinflamatoria como son corregir la alimentación, entrenamiento de la mente, focalizar la mente y la atención hacia cosas que sean placenteras y gratificantes, técnicas de relajación, muscular, mental y nerviosa, curas en balnearios y centros termales, fisioterapia, aplicación del calor local,  masajes, música… Contemplar también la dimensiones de la psicología, de la filosofía y la espiritualidad del dolor, que describiremos a lo largo de este artículo.

Una disciplina muy particular que ofrece la medicina para paliar o aliviar el dolor físico la constituye la terapéutica física, consistente en la aplicación de ondas (onda corta, diatermia…), la electro-analgesia, los rayos infrarrojos, y algunas técnicas de la medicina complementaria como son la magnetoterapia, la acupuntura, la hipnosis, etcétera.

Algunas lesiones o problemas específicos productores de dolor requerirán la ayuda de la neurocirugía, técnicas descompresivas…

Cada terapeuta prescriptor ordenará el tratamiento más adecuado para cada paciente.

Unos datos y conceptos referenciales que ayudan a entender la importancia, frecuencia y trascendencia del dolor físico

El dolor físico es el que se percibe con mayor nitidez y objetividad.

Abunda extraordinariamente en el mundo actual, tan complicado, malsano, artificial, estresante y enfermizo.

Hay muchos tipos de dolores: agudos, crónicos, pasajeros, intermitentes, dolores temibles e insoportables…

Las personas mayores con sus achaques y enfermedades propias de la vejez suelen padecer de diversos dolores crónicos, que suelen derivar de enfermedades reumáticas inflamatorias, reumatismos crónicos deformantes (artrosis), arteriosclerosis, etcétera.

Hay dolores insoportables que puede padecerlos cualquier persona.

Así, tenemos el temible dolor de la neuralgia del trigémino, quizás sea el peor de todos, aunque afortunadamente poco frecuente.

También son muy molestos el dolor del glaucoma agudo, el dolor del cólico nefrítico, y, por supuesto, también el dolor de la angina de pecho y el del infarto de miocardio. Este último puede ir acompañado también de una sensación de angustia y de muerte inminente.

Hay también dolores fisiológicos como el dolor de la menstruación en la mujer o el dolor del parto.

Finalmente, tenemos dolores muy fuertes producidos por metástasis del cáncer en los huesos o por tumores óseos primarios o genuinos como el osteosarcoma.

Por otra parte, hay dolores leves o moderados que abundan muchísimo en la población general como el dolor de cabeza, de cuello, cervicales, de garganta, dolor de espalda, etcétera.

La presencia de dolor crónico en la vida diaria de una persona- depende de su intensidad- puede restarle mucha calidad de vida, amargar su existencia, haciendo que su carácter se vuelva deprimido, pesimista, agrio y malhumorado.

Procedimientos de la medicina actual para combatir el dolor físico

Primero, tenemos la farmacoterapia específica para combatir el dolor y la inflamación.

Hay innumerables fármacos analgésicos y antiinflamatorios en el mercado farmacéutico.

Algunos son puramente analgésicos sin efecto antiinflamatorio como el paracetamol, y otros son analgésicos y antiinflamatorios como el ibuprofeno.

Los terapeutas expertos en el tratamiento del dolor suelen prescribir los medicamentos contra el dolor de forma escalonada (según potencia de acción del fármaco y de acuerdo con la intensidad del síntoma a tratar).

Se suele empezar con el paracetamol, aspirina, después con los antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno, después, Nolotil, Tramadol, finalmente, derivados opiáceos (morfina y derivados). 

En algunos casos, la industria farmacéutica combina varias sustancias activas, para reforzar la potencia analgésica como es el caso de paracetamol con codeína o para acelerar el efecto analgésico como el ibuprofeno con arginina.

Entenderá el lector que no puedo extenderme aquí a describir con detalle toda la farmacopea que existe en este ámbito.

Los pacientes deben conocer bien los efectos secundarios contraídos con la toma de este tipo de medicamentos, sus efectos secundarios, sus contraindicaciones- leer bien los prospectos- y las adicciones y dependencias que conlleva la toma habitual de los mismos. Evitar la automedicación y la medicación de complacencia.

Algunos medicamentos de este tipo no se pueden retirar de golpe, pues, producen un síndrome de abstinencia o un efecto rebote.

En el tratamiento del dolor físico caben adoptar, también , independientemente de estas medidas farmacológicas, todas las medidas higiénico-sanitarias , y de los estilos de vida , nombradas a lo largo del artículo.

Psicología del dolor

Cuanto menos se piense en el dolor, tanto mejor. Pero esto es muy difícil de conseguir en un dolor crónico o persistente.  Hay que evitar una fijación psicológica en el dolor.

Hay que desviar la atención y entretenerse con cosas agradables y gratificantes (oír música, lecturas adecuadas, conversaciones que atraigan y entretengan, ver programas de entretenimiento y humor en la televisión, y conocer casos optimistas de imitación que muestren o hayan mostrado que superan o toleran muy bien el dolor).

El dolor crónico persistente afecta muchísimo a la parte psicológica, emotiva y social de la persona. Con el paso del tiempo la va haciendo depresiva y pesimista y la persona se va aislando en su dolor, del resto de sus semejantes. 

Sociología del dolor

Cuando el dolor se comparte con la presencia y buena comunicación afectiva y sentimental (empática) con otras personas y recibe uno ánimo y consuelo se soporta mucho mejor.

El dolor que se calla es más doloroso según Jean Baptiste Racine.

Filosofía del dolor

El hombre de nuestra época le afecta mucho el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la existencia de la muerte.   Es decir, tiene una visión de vida más bien epicúrea (búsqueda y disfrute del placer).

Por el contrario, los filósofos estoicos del pasado nos enseñaron, desde hace mucho tiempo, que adoptar una actitud – de aceptación y resignación ante el dolor- no es rechazable, por ser el dolor una manifestación inevitable de la existencia humana– que, en algún momento, más tarde o temprano- va a aparecer.

El filósofo griego Aristóteles nos dejó dicho: el sabio no busca el placer, sólo busca la ausencia de dolor.

Todo esto no quiere decir que busquemos el dolor con una actitud masoquista, sino que cuando nos llegue sepamos afrontarlo con positividad y resignación buscando resortes y recursos compensatorios, que también nos ofrece la existencia humana.

Creencias religiosas y el dolor

Todas las religiones, aunque de forma muy diferente responden a la pregunta porqué existe el dolor y el sufrimiento en la existencia humana y hacen propuestas para poder comprenderlos e integrarlos en la vida de cada día.  

De esta manera, nos dicen las religiones, que lo verdaderamente importante no es el dolor en sí, sino el sentido que se le da al dolor. Como afirmaba el famoso psicoterapeuta austriaco el hombre no se destruye por sufrir, sino por sufrir sin sentido.

El dolor es inevitable, el sufrir es excepcional.

El dolor cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.

Unidades del dolor

Hay algunos pacientes que no suprimen o alivian el dolor con las medidas terapéuticas adoptadas y mencionadas anteriormente.

En estos casos deberían someterse a una revisión a fondo en una unidad o clínica especialmente dotadas para el diagnóstico y alivio del dolor.

Son unidades multidisciplinares (atendidas por profesionales expertos en el dolor de diferentes especialidades como neurólogos, neurocirujanos, internistas, anestesistas, intensivistas, fisioterapeutas, médicos de atención primaria, enfermeras…) muy centradas en los pacientes y suelen detectar causas no detectadas anteriormente y encauzan un tratamiento nuevo o complementario, que suele dar mejores resultados que los anteriores.

Algunas de estas clínicas desarrollan también labor investigadora y enseñan a los pacientes a superar mejor su dolor y mejorar su calidad de vida.

Poesía del dolor

Muchos poetas se han ocupado en elaborar poesías sobre el dolor

Es un tema que interesa mucho a este colectivo; lo mismo que les interesa la soledad, el miedo, la muerte para elaborar sus poesías…He encontrado casualmente una prosa poética atribuida a la escritora y artista Paula Bonet, de origen valenciano, pero afincada en Barcelona.

El texto dice así:

El dolor es injusto, 

inútil,

irrecuperable

El camino más ingrato

Todo lo contrario

a un día de sol

a holgazanear por la buhardilla y los tejados

El dolor es un monstruo, 

surge del vacío

de la pérdida

Es todo lo contrario a las mariposas

revoleteando en el aire

sobre las plantas, 

sobre las lecturas placenteras

Y las semillas germinando

Al dolor sólo hay que permitirle

unos días de alojamiento

 a veces meses,

 Pero tiene que pasar 

 como pasan las estaciones,

como pasa el viento

por una ventana abierta de par en par.

Para prevenir y superar el dolor hay que seguir estos principios:

Resumiendo: quiero que el lector se quede con esto que voy a decir:

1º Llevar un estilo de vida saludable en todos los ámbitos de la vida humana: nutrición, actividad física, higiene y control mental, disfrute de un sueño relajante y reparador, cultivo y disfrute de actividades lúdicas, recreativas, sociales y culturales.

Con estas medidas globales e integrativas se pueden evitar muchos dolores que pueden aparecer a lo largo de la vida de las personas.

2º Evitar accidentes, siniestros, caídas, atropellos… que pueden ser causa de dolores presentes o futuros.

Abordar el dolor no solo a través de pastillas y medicamentos sintomáticos, sino abarcar otras aéreas sanitarias e higiénicas que puedan ayudar, como las que he mencionado a lo largo de este artículo.

4º Desde el dolor incipiente, establecer un diagnóstico preciso lo antes posible, por el médico especialista correspondiente y evitar que se haga crónico (a través del establecimiento de un tratamiento precoz integral acertado).

 Si el dolor crónico persiste más de 3 meses hay que acudir a una unidad del dolor para que se revise el diagnóstico y el tratamiento previamente aplicado (y encauce un nuevo tratamiento).

Acordarse de que el dolor agudo pasajero puede ser útil, como señal de alarma o aviso y sirve para establecer el diagnóstico, como he dicho, pero el dolor crónico persistente siempre es inútil (resta mucha calidad de vida) y hay que suprimirlo.

5º Adoptar una actitud psicológica, filosófica y religiosa adecuada y positiva ante y sobre el dolor.

Victor López García . Médico gerontólogo. Médico escritor. Responsable del Área de Salud de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España.

Febrero, 2022

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