Curiosidades sobre las distintas longevidades de las distintas especies de animales y vegetales

(domingo, Nov 24, 2019)

Envejecimiento y longevidad

Victor López García. Médico Gerontólogo y Vicepresidente de UDP Madrid. Autor del libro “Longevidad extrema: un desafío existencial”, una guía humanista e integrativa muy completa para que las personas mayores (que alcanzan unas edades muy avanzadas) puedan seguir disfrutando de la vida en todo loles ofrece: amistad, familia, cultura, paseos, arte, viajes…

Curiosidades sobre las distintas longevidades de las distintas especies de animales y vegetales que se dan en la Naturaleza

Si hacemos un repaso breve- por curiosidad- de las duraciones de vida de las distintas especies de animales y vegetales en la Naturaleza nos sorprendería muchísimo. De los 17 días que vive la mosca a los 6000 años de existencia de la Secuoya gigante, la longevidad media de los seres y organismos vivos en la Naturaleza es muy variable.

 

En general, parece que cuanto más rápido es el metabolismo de un organismo más corta es la duración de la vida. Otros autores dicen que cuanto más grandes son los organismos más viven. Pero esta observación presenta numerosas excepciones ¿Y ello a qué se debe?

La evolución y la influencia del medio ambiente juegan evidentemente un papel importante en la longevidad, pero la mejora de las condiciones de vida (seguimiento de un estilo de vida saludable y la atención sanitaria juegan un papel mayor) es de particular importancia en los humanos.

Haciendo una revisión rápida de las duraciones de vida de algunos seres vivos que habitan en el planeta Tierra, tenemos las siguientes:

El gusano C. Elegans con el cual se hacen muchos experimentos en gerontología biológica, por su corta vida,  vive unos 21 días.

La abeja, 1 semana de vida.

La musaraña, 1 año.

La araña, 4 años.

El perro, 16 años.

La rata,  6 años

La oca, 30 años.

La jirafa, 20 años

El oso, 40 años

El chimpancé, unos 40-50 años.

El elefante de Asia, unos 60 años

El ciprés de Lawson,  3000 años.

El cocodrilo, 56 años.

La tortuga, 150 años

La ballena de Groenlandia, 200 años.

El castaño, 2000 años.

La palmera, 200 años.

Las esponjas vítreas son esponjas con esqueleto mineral, 6000 años

Finalmente, la Turriptosis nutrícula es técnicamente una medusa inmortal. Es capaz de realizar un proceso celular de transdiferenciación, en el cual se vuelve a una edad inferior. Este ciclo se puede repetir indefinidamente, por lo que técnicamente se considera inmortal.

Otro caso sorprendente sucede en esa majestuosa ave de presa que es el águila, con unas cualidades portentosas de aguda visión, vuelo rápido y eficaz y un pico y garras muy potentes. La esperanza de vida del águila es de unos 70 años, pero a la mitad de la vida (35 o 45 años) tiene que tomar una decisión: la de morir o vivir, debido a que el pico y las garras le crecen tanto que no pueden cazar y alimentarse.

La decisión se basa en que desde un lugar muy alto desciendan en picado para chocar contra las rocas y arrancar su pico de cuajo, y después arrancar sus garras una a una para que crezcan de nuevo. Dicho proceso de regeneración (reproducción de los órganos) dura unos 150 días y después pueden vivir unos 30 años más con plena eficiencia vital.

En cuanto al hombre, puede alcanzar hoy en día en los países desarrollados con buena higiene sanitaria, unos 83 años en el hombre y unos 85 años en la mujer. Pero esta expectativa de vida es variable, y poco a poco tiende a subir. En este sentido, España es uno de los países más envejecidos del mundo, después de Japón.

Los animales en libertad también sufren las consecuencias inevitables y perjudiciales del envejecimiento:

Detalles curiosos a este respecto son:

  • Los elefantes cuando se vuelven muy viejos y torpes se retiran ellos solos al cementerio de elefantes a morir.
  • Las cigüeñas cuando se vuelven muy viejas son cuidadas por sus hijas.

Vemos que esto de las longevidades de las distintas especies– como muestra creativa y variada de la madre Naturaleza- y sus curiosidades, sigue siendo un misterio, y dilucidarlo podría favorecer mucho el conocer los mecanismos íntimos del envejecimiento biológico y consiguientemente, a través de la aplicación de los conocimientos obtenidos, podría prolongar la duración de la vida humana.

Sin tener un fundamento científico consistente parece que los animales anfibios y los reptiles (animales de sangre fría o poliotermos) resisten mucho mejor el paso del tiempo que los homeotermos, de sangre caliente (mamíferos y las aves). Pero según se ha visto en el listado expuesto no hay una regla fija.

También en la escala vegetal (algunos árboles) por su especificidad metabólica y genética alcanzan duraciones de vida muy prolongadas.

Todo esto parece que tiene que ver -según últimas investigaciones genéticas- con la velocidad a la que se acortan los telómeros (extremos de los cromosomas). Los telómeros por las sucesivas divisiones de las células se van acortando y el envejecimiento tiene mucho que ver con todo esto.

Este hecho parece ser un patrón universal muy conservado en la evolución que puede explicar la duración de la longevidad en las distintas especies de animales y vegetales y también, ser un marcador molecular del envejecimiento en las investigaciones que se están realizando.

Otros autores indican, sin embargo, que la prolongada longevidad de algunas personas se explicaría por la existencia de genes favorecedores de la longevidad que estarían “sobreexpresados”, por los que se frenaría o atrasaría la aparición de las enfermedades comunes de las personas más ancianas, cuales son entre otras: la arteriosclerosis, la hipertensión, las artrosis, la diabetes tipo 2, el deterioro cognitivo, etc.

Quiero finalizar el contenido de este artículo aludiendo a un argumento muy actualizado e interesante: el proceso de evolución sigue activo y vigente en los seres humanos y en toda la materia viva de la Naturaleza, y se están produciendo constantemente mutaciones y variantes genéticas- unas desaparecen por ser inservibles y otras persisten, por ser útiles a la evolución- que se combinan/ recombinan unas con otras, y, precisamente esa sería la explicación plausible de las prolongadas longevidades que se dan en las personas centenarias y supercentenarias (más de 100 años de vida)

Dichas variantes, mutaciones y recombinaciones genéticas se pueden trasmitir por las leyes de la genética y epigenética.

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