Con motivo del Día de la Mujer, numerosos organismos nacionales e internacionales están poniendo de relieve la desigualdad laboral, económica y social que vive la mujer. Por ejemplo, según los últimos datos de Eurostat, la brecha salarial en España entre hombres y mujeres creció del 16,1% al 19,3% entre 2008 y 2013. Las españolas cobraron de media en 2013 un 19,3% menos que los hombres, lo que coloca a España por encima de la media de la Unión Europea, en donde los salarios de las mujeres se colocaron un 16,4 % por debajo que el de los hombres. Datos que anticipaba ya el pasado mes de diciembre el Informe Mundial sobre salarios de la OIT en su informe sobre salarios.

Y ello a pesar, que las mujeres son más estudiosas y llenan las aulas universitarias, según el informe sobre Igualdad de género en la evaluación PISA.

Todo esto, cuando aún se oyen los ecos de la intervención de la actriz Patricia Arquette, reclamando igualdad de salarios con sus compañeros.

Una situación que se extiende como una mancha de aceite por todos los sectores económicos y sociales, empresas del Ibex, universidad, ciencia, cine, medios de comunicación, deporte, etcétera.

Pero, y en el mundo del Arte,  ¿Existe también esa desigualdad?

Aunque lo femenino es constante desde que el hombre comenzó a expresar sus emociones, y sentimientos a través del arte, es cierto que la presencia en el pasado de la mujer como artista es casi nula, debido sobre todo a la consideración social que durante siglos tuvo.

Claras excepciones fueron Margarita y Dorotea Macip, hijas de Juan de Juanes  que ayudaban a su padre en el taller; o Sofonisba Anguissola, de origen italiano pero que llegó a ser pintora de corte del rey Felipe II, alguna de sus obras se  atribuyó a Sánchez Coello hasta 1996.

En el siglo XIX, las mujeres con inquietudes artísticas acudían a las academias de pintura dirigidas también por pintoras, pero fuera cual fuera la calidad de sus obras se les consideraba `pintoras por afición´. De aquella época son Ana Urrutia o Teresa Nicolau.

Ya en el siglo XX, hay tres nombres indiscutibles Maruja Mallo, Remedios Varo y María Blanchard, esta última representante del cubismo y que trabajó con Juan Gris, Diego Rivera o Lothe.  En la actualidad, se puede ver parte de su obra en la exposición sobre Cubismo que tiene programada el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia.

María Blanchard, Nature Morte Cubista (1917). Actualmente en el Museo Esteban Vicente de Segovia.

María Blanchard, Nature Morte Cubista (1917). Actualmente en el Museo Esteban Vicente de Segovia.

Precisamente la directora de este museo Ana Martínez de Aguilar, nos habla del momento en el que la presencia de obras del hombre y la mujer se equipara: “En el mundo contemporáneo la no presencia de creadoras cambia radicalmente, y no cabe duda de que se ha impuesto de manera significativa. Hoy la nomina de artistas internacionales, nacionales, locales, provinciales es infinita, por nombrar algunas Marina Abramovic, Rebeca Horn, Cornelia Parker, Maia Lynn, Kin Sooja,  entre las  españolas Susana Solano, Cristina Iglesias, Naia del Castillo, Marisa González, Teresa Lanceta, Pilar Albarracin, Eva Lotch, Blanca Muñoz, Yolanda Tabanera, Cristina Lucas, Elena Asín, y en Segovia, Sofía Madrigal, Patricia Azcárate, … hay cientos de artistas…”.

“Así como tradicionalmente la mujer ha estado postergada por su propia condición, en este momento está presente en cualquier tipo de manifestación artística y además con una gran proyección internacional. Ahora mismo tienen las mismas dificultades hombres y mujeres. Las dificultades de los artistas siempre son grandes, hay muchísimos que tardan en darse a conocer, en tener la oportunidad, pero es más derivado de la misma ocupación que por el sexo”, subraya Ana Martínez.

De la misma opinión es Patricia Azcárate (Madrid, 1959), una de las pocas artistas que vive exclusivamente del arte: “Como mujer no me he sentido discriminada. Mi obra siempre se ha valorado como obra, dentro de mi proceso creativo, lo importante es el concepto que tienes… Entrar en el circuito comercial y de la crítica es difícil para todos los artistas, hombres y mujeres, sobre todo, si no vas de la mano de un coleccionista. Tienes que dejar de trabajar en el estudio, para ir a exposiciones, presentaciones y poder darte a conocer”.

Patricia Azcárraga, la artista madrileña afincada en Segovia, con algunas de sus obras.

Patricia Azcárate, la artista madrileña afincada en Segovia, con algunas de sus obras.

“Te puedes sentir mejor o peor tratado –añade Patricia- dependiendo de la educación del país, de la importancia que se dé a la cultura, el respeto por el arte”.

“Yo creo que cuando alguien se acerca a un cuadro ve la obra en sí, el trabajo del creador y no tiene en cuenta el sexo del artista para valorarlo”, concluye Ana Martínez.

Actualmente la presencia de las mujeres en los museos es innumerable, no sólo como tema, sino como creadoras  y como gestoras, conservadoras, restauradoras, mantenimiento, etc. Por ejemplo el 66,4% de la plantilla de los museos de titularidad y gestión estatal y en la subdirección General de Museos Estatales, está formada por mujeres, 594 frente a 300 hombres (ver informe Patrimonio en Femenino, del Ministerio de Cultura).

Un camino a seguir el del Arte, la importancia de lo creado no del sexo de quien lo hace, pero para los escépticos y los que les gusten echar cuentas les recomendamos: Las mujeres, el trabajo y la economía: Beneficios macroeconómicos de la igualdad de género, del FMI.