En una sociedad que envejece, cada vez es más importante abrir caminos para la participación de las personas jubiladas en actividades beneficiosas para la sociedad, y que no entren en conflicto con el mundo laboral.

El porcentaje de personas mayores de 65 años en España, que actualmente se sitúa en el 18,2%, pasará a ser el 24,9% en 2029, en apenas 15 años. Y en 2064, casi estará en el 40% según las proyecciones de población del INE. Esta transformación demográfica cambiará muchos de los planteamientos actuales, desde los sistemas de pensiones, hasta la relación de las personas de edad con el mercado de trabajo, y también el concepto de participación social de las personas jubiladas.
Actualmente, los mayores de 65 años participan en labores de voluntariado o apoyo a la comunidad más bien poco. Según el Informe Mayores UDP de diciembre de 2013 sobre voluntariado, sólo el 10% de los mayores consultados habían desempeñado una labor de voluntariado en el último mes. Pero un dato interesante que se desprende del informe es que sólo un 17,6% las personas mayores ha recibido alguna vez una propuesta de hacer voluntariado en una asociación u ong. Y también concluye el informe que dos de cada diez mayores que no realizaron voluntariado en el último mes, sí estarían dispuestos a realizar alguna actividad de este tipo.
La información sobre los proyectos de voluntariado en marcha y sobre las posibilidades y modos de participación debe llegar más fácilmente a los posibles interesados, pues el colectivo de mayores es el que más potencial de crecimiento tiene dentro del voluntariado.
Existen algunos canales de información excelentes donde con datos claros sobre los requerimientos y sobre las entidades responsables de los programas. Un buen ejemplo de información fácil y accesible es el portal hacesfalta.org, que ofrece de manera muy sencilla toda la información sobre las oportunidades de voluntariado que ofrecen las distintas entidades, ordenadas por categorías. El portal también permite el contacto directo con las entidades, lo que facilita mucho la posibilidad de participación.
Los bancos de alimentos, gestionados en gran medida por personas jubiladas, son una muestra de cómo aprovechar el potencial humano que supone este grupo. Existen muchas posibilidades que pasan por la información, la formación y la evaluación de los proyectos, y especialmente por la sensibilización ciudadana sobre la necesidad y conveniencia de seguir aportando a la comunidad más allá de la jubilación.