Hoy  es un día para recordar a toda la ciudadanía la importancia del tiempo y el valor del papel de la mujer en la construcción de nuestras sociedades, así como la necesidad de seguir defendiendo los derechos de las mujeres para erradicar la desigualdad de género que sigue sufriendo al colectivo de mujeres en todas las etapas de su vida.

¿Dónde se evidencian las desigualdades de género entre hombres y mujeres?

Queremos reflexionar sobre el tiempo. Sobre las actividades, trabajos y labores que realizamos durante nuestro día a día a lo largo de los años, porque es ahí, en el uso de nuestro tiempo, donde las desigualdades de género más se evidencian.

Particularmente si hablamos del tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado queda patente la invisibilidad del trabajo doméstico y el cuidado de la familia, generalmente realizado por las mujeres, y como consecuencia, que se subestime la contribución y la puesta en valor de su tiempo y dedicación al bienestar de la población.

Tareas y actividades por las que no se perciben ingresos ni se cotiza a la Seguridad Social, lo que se va traduciendo en enormes desigualdades en los salarios y en las posteriores pensiones de jubilación.

Pero además, el tiempo destinado al cuidado y la maternidad se sigue penalizando de manera económica durante el periodo laboral, ya que el hecho de  que una mujer decida dedicar unos años de su vida profesional a la atención de sus hijos o quiera una reducción de jornada para compatibilizar el mundo profesional con el mundo familiar, no supondrá sólo una penalización durante esos años, si no que supondrá un alto coste también de cara a su jubilación.

Las desigualdades entre hombres y mujeres se prolongan más allá de su vida laboral

Las mujeres, en un mayor porcentaje, siguen siendo a día de hoy quienes más invierten su tiempo en el cuidado de los más pequeños de la familia, pero también de las personas de mayor edad o dependientes de la familia. Son mujeres cuya edad media supera los 50 años.

Mientras los abuelos suelen cuidar de manera voluntaria, las abuelas sienten más responsabilidad y entregan su tiempo y dedicación a la necesidad de cumplir con las expectativas de sus hijos e hijas, debido a la presión social que existe sobre las mujeres hacia el cuidado a lo largo de toda la vida y la falta de medidas de políticas de conciliación de la vida laboral con la familiar para sus hijos e hijas, por lo que el cuidado recae en ellas de manera reiterada.

Existe la necesidad de una mayor corresponsabilidad e implicación de los hombres en las tareas del cuidado para que toda esa responsabilidad no recaiga siempre en las mismas. En nosotras, en ellas, en las mujeres.

Pero también debemos exigir un nuevo modelo de cuidado que supere el papel tradicional de la familia y básicamente de la mujer como cuidadora y que apueste por la igualdad de género en los cuidados.

No debemos olvidarnos de la necesidad dar servicios y apoyo profesional para que no recaiga todo el peso emocional y físico en esas mujeres cuidadoras de familiares dependientes o de mayor edad.

Prestaciones y servicios sociales que no llegan a todas las personas que lo necesitan y si lo hacen, en muchas ocasiones, es demasiado tarde, ya que la solicitud de las ayudas y prestaciones sociales previstas en la Ley de Dependencia, tiene una interminable y desesperante lista de espera.

Asimismo, la edad no puede ser motivo de expulsión del ejercicio de una ciudadanía plena. Las mujeres mayores no deberían enfrentarse a una doble barrera, por género y además por edad. La edad debe ser la oportunidad para las mujeres mayores actuales de conquistar los espacios que les han sido hasta ahora inaccesibles.

No olvidemos que en la brecha de género, la voz de las mujeres mayores, en muchas ocasiones se enmudece.

Empoderando a las mujeres en el mundo asociativo

Todavía no hace mucho las mujeres no podían ni abrir una cuenta en el banco sin la autorización de sus maridos o esposos. Esa generación de mujeres son las que ahora, pensionistas y jubiladas, participan de forma activa en las asociaciones de mayores de sus ciudades y pueblos.

El empoderamiento de las mujeres mayores dentro de nuestras asociaciones es todavía hoy en día una cuenta pendiente. Dentro de las juntas directivas, los cargos presidenciales y de mayor responsabilidad siguen estando desempeñados en su gran mayoría por hombres, aunque cada vez son más las mujeres que se presentan para ejercer puestos directivos en sus asociaciones que históricamente han sido exclusivos de los hombres.

La defensa de los derechos de las mujeres y la erradicación de la desigualdad de género, es algo que nos concierne a todas las personas y  está en nuestra mano, en nuestro día a día, y también en nuestras asociaciones.

Hemos de poner en valor el trabajo, el tiempo y la dedicación de todas las mujeres que nos rodean, y conseguir una sociedad con más oportunidades para nuestras hijas y nietas.

Reconocer las aportaciones de las mujeres de mayor edad a la sociedad es una oportunidad que debe ser aprovechada para el desarrollo de su vida activa, para proporcionarles una mayor seguridad y un pleno ejercicio de sus derechos.

Entre toda la ciudadanía debemos seguir construyendo una sociedad que ofrezca garantías de igualdad entre hombres y mujeres en todos los tramos de la vida: infancia, adolescencia, trabajo y jubilación.

Todavía queda mucho por avanzar. Hoy, mañana y siempre, debemos exigir el reconocimiento de todas las mujeres trabajadoras, de todas aquellas que dedican su tiempo a los demás, de las que nunca tienen vacaciones ni días libres, y cambiar los roles impuestos negativamente a la mujer. Hoy es tiempo de construir una sociedad más igualitaria y de igualdad de oportunidades sin importar el sexo. Es tiempo de ser MUJER.

Gracias a todas.

 

UDP se suma a la celebración del día de la mujer

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