Te colme la felicidad o te abrume el sufrimiento, el corazón necesita un segundo corazón. La alegría compartida es doble alegría, y el dolor repartido es medio dolor”. La frase es de Christopher A. Tiedge y resume bien el espíritu que alienta el programa de voluntariado de mayores para mayores que desarrolla UDP y que cumple ahora 20 años.

Los mayores han demostrado ser un grupo comprometido y muy eficaz en la gestión del voluntariado. El programa de Voluntariado UDP moviliza a 3.115 voluntarios que atienden a 5.285 personas en 230 localidades de 9 comunidades autonómicas.

Tiene unas características especiales que le hacen diferente a otros programa de voluntariado. Los voluntarios son jubilados, siempre acuden en pareja a hacer las visitas, reciben formación y apoyo de la organización y tienen libertad para ajustar las directrices del programa a las circunstancias particulares de voluntarios y usuarios. Para Javier Alvarez Souto, creador e impulsor del programa de voluntariado de UDP, éste tiene ventajas sobre los programas de otras entidades sociales. “Nuestros voluntarios tienen una `esperanza de vida´ mucho mayor que los voluntarios de otras organizaciones. En este sentido he de decir que el número de bajas no obligadas en nuestros voluntarios es insignificante. En mi opinión, esto se debe a que nosotros dejamos todo el protagonismo a los voluntarios. Dejamos que sean ellos y el coordinador de la zona los que se organicen y funcionen de forma autónoma. Ellos conocen mejor que nadie a las personas a las que van a visitar, con lo que pueden ajustar unos voluntarios más adecuados al usuario en función de sus gustos o aficiones. Nosotros aportamos todo el apoyo técnico que sea necesario, además de la formación y supervisión de todo el proceso, pero ellos se organizan de la manera más conveniente para todos.

“Los mayores -continúa Javier- suelen ser más constantes, y sus circunstancias vitales son menos cambiantes que la de los voluntarios más jóvenes, por eso dan un perfil inmejorable para prestar servicios de voluntariado. Además, aportan un elemento importante de control y enlace con las administraciones, ya que si detectan casos de abandono, maltrato u otros problemas que pueda sufrir el usuario, lo ponen en conocimiento de las autoridades responsables”, concluye.

Ramón Munera vivió muchos años preocupado únicamente en buscar la mejor manera de “amasar dinero”, para eso se hace uno empresario. Pero la vida dio un golpe de timón y una enfermedad postró a Ramón tres años en una cama, mirando una lámpara y sin apenas poder moverse. “Aquello me cambió la vida, perdí la envidia, el egoísmo, el interés… decidí que debía ayudar a los demás”. Junto con Andrés García y Javier Alvarez formaron en 1995 lo que sería el germen del movimiento de voluntariado de UDP. Hoy Ramón preside la Federación Catellano Manchega y coordina cerca de un centenar de grupos de voluntarios que agrupan a cerca de 1.500 personas. “Yo hago esto por satisfacción personal, no hay nada más bonito que dejar sonriendo a una persona a la que te encontraste llorando. Es el ’hoy por por tí, mañana por mí. Hoy somos voluntarios, pero mañana podemos ser usuarios”.

La falta de recursos, una amenaza real.

Pero los recortes en los fondos que la administración proporcionaba a las organizaciones que realizan estos programas son una grave amenaza para el voluntariado. Sin técnicos cualificados que impulsen y supervisen las actuaciones en los diferentes territorios, los voluntarios se quedan sin apoyo, y el programa se resiente. También son necesarios cursos de formación y encuentros entre coordinadores, técnicos y voluntarios. Las reuniones, las jornadas de trabajo, los cursos y los encuentros son fundamentales para el programa funcione, para detectar problemas y carencias, para exponer y despejar dudas y para alentar y motivar a los voluntarios en su labor solidaria, y para atraer, formar y gestionar nuevos grupos de voluntariado que puedan crearse. Sin estos elementos, el programa pierde cohesión, y los apoyos se debilitan.

En Castilla-La Mancha, Ramón Munera, presidente de la Federación y responsable del voluntariado ve las cosas con optimismo, ” tras unos años malos nos estamos recuperando, hace unos días entregamos los diplomas a 159 nuevos voluntarios y empezamos a repuntar. Ahora tenemos unos 1.700 voluntarios. Hemos perdido muchos durante los años 2011 y 2012 donde no tuvimos subvención ninguna e incluso tuvimos que solicitar una póliza de crédito para no cerrar. Sin charlas formativas, sin jornadas, sin encuentros de voluntarios, sin nuevos grupos se cae el programa. Son necesarios encuentros de todo tipo, convivencias de voluntarios y usuarios y reuniones para solucionar problemas. Si no haces estas cosas para estimular y motivar a los voluntarios, la gente se viene abajo”.

Maribel Tarín es la coordinadora del Voluntariado UDP en Valencia. Está al cargo de más de 800 voluntarios repartidos en 86 localidades de la provincia. En su opinión “el programa crece y va bien. Seguimos teniendo mucha demanda pero necesitamos ayuda para crecer. Necesitamos más recursos, porque el programa hay que sostenerlo día a día, porque si no, se va cayendo”.

Marta Fernández es la responsable del voluntariado en la Rioja. “Aquí el programa sigue creciendo. Tenemos alrededor de 100 voluntarios y atendemos a usuarios en tres residencias y más de 20 domicilios. Nuestro programa forma parte de la cartera de servicios de dependencia del ayuntamiento de Logroño, quien nos deriva los usuarios. Las nuevas generaciones de jubilados -continúa Marta- no están muy interesados en este tipo de voluntariado. por contra, estamos teniendo más gente joven, no jubilados, que quieren participar, y esto está cambiando el perfil de nuestros voluntarios.

El panorama es más sombrío en otras zonas, donde la falta de recursos o el inmovilismo de los directivos está poniendo al programa en serias dificultades.

HOY POR TI Y MAÑANA…

En muchas ocasiones el voluntario pasa a ser usuario. Hay que tener en cuenta que la media de edad de los voluntarios de UDP está en los 72 años. Cuando a uno le fallan las fuerzas y se encuentra solo, los mayores que han sido voluntarios pueden pedir que otros voluntarios vayan a visitarle y a hacerle compañía ahora que les hace falta. Adelina hace unos años que se jubiló. Es maestra y tenía la costumbre de ocupar su tiempo de forma disciplinada. “Yo me hice voluntaria para ocupar mi tiempo. Necesitaba imponerme alguna obligación, estar sujeta a unos horarios…” Conoció el programa de voluntariado y se apuntó. Ahora visita dos veces por semana a una mujer que padece una rara enfermedad que le hace perder el equilibrio y expresarse con dificultad, aunque razona bien. “Ella espera como agua de mayo que lleguemos y yo me siento tan gratificada como ella” –comenta Adelina–, “Merece la pena, y seguiré haciéndolo mientras pueda. Con un poco de nuestro tiempo podemos hacer tanto…”.

La labor de voluntariado se ve recompensada de muchas maneras. Muchos voluntarios afirman que reciben más de lo que ofrecen. En el concejo de Cospeito, en Lugo, hay un pequeño municipio de apenas 50 habitantes, Arcillac. No aparece en muchos mapas, ni siquiera tiene una entrada en Google, da la impresión de que por ahora se ha escapado de la globalización. Allí, a Jose Luis Regueiro se le coló no se sabe cómo un virus maldito en la médula y el cerebelo. Aquello le postró en cama, casi inmóvil y sin poder hablar. Pero donde no ha podido llegar el superpoderoso buscador Google, pudo llegar el Voluntariado UDP. A través de la asociación, a Jose Luis se le incluyó en el programa de voluntariado. Delfino le acompañaba una vez a la semana. Al principio Jose Luis no hablaba, se expresaba con mucha dificultad y no controlaba el movimiento de las manos. Las visitas semanales de Delfino tuvieron un efecto terapéutico. Jose Luis comenzó a mejorar paulatinamente de sus problemas de salud. Poco a poco comenzó a hablar y también mejoró de sus problemas de movilidad. Charlaban distraídamente y jugaban a las cartas. Incluso José Luis pudo dar paseos en compañía de su amigo Delfino. “No sé cómo puedo animar a la gente a que se apunte al programa –comenta José Luis–, si yo puedo, me haré voluntario, esto me ha devuelto la vida”.