Bajo el lema `semillas nutritivas para un futuro sostenible´, la Asamblea General de la ONU ha declarado 2016 como Año Internacional de las Legumbres, con el objetivo de que la población mundial tome conciencia de sus muchos beneficios, promover su producción y comercio, y fomentar usos nuevos y más inteligentes en toda la cadena alimentaria.

Las legumbres forman parte de la cultura alimentaria y de la dieta básica en buena parte de las regiones del mundo, desde la antigüedad. En Anatolia (actual Turquía), se hallaron restos arqueológicos que muestran que la producción agrícola de garbanzos y lentejas se remonta a 7000-8000 A.C.. Hoy en día, todavía se encuentran parientes silvestres de las lentejas y guisantes en el sureste de Anatolia, cuyas muestras se han recolectado y están protegidas en los bancos de germoplasma de Turquía.

En la actualidad su consumo mundial ha disminuido, constituyendo el 75% de la dieta media en los países en desarrollo y el 25% en los países industrializados.

En España, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación, y Medio Ambiente, (MAGRAMA) correspondientes al mes de octubre de 2015  el consumo de legumbres disminuyó un 3,8% respecto al mismo mes del año anterior, alcanzando su consumo per capita anual los 3 kilos. Frente al aumento en el consumo de la carne de cerdo (2,4%), carnes congeladas (18,4%), platos preparados (4,6%) y pasta (2%).

Y eso a pesar de que la superficie de leguminosas grano (judías secas, lentejas, garbanzos, vezas y yeros, estos dos últimos destinados al consumo animal) en la campaña 2014/15, según datos de la Secretaría General Técnica del MAGRAMA, alcanzó las 275 mil hectáreas, un 20% más que la campaña anterior, sobre todo por el aumento del cultivo destinado a la alimentación animal. La principal productora de leguminosa grano es Castilla La Mancha, seguida de Castilla y León.

En el cultivo del garbanzo destaca Andalucía, especialmente Sevilla, seguida de Castilla y León. En la producción de lenteja es Castilla La Mancha, sobre todo Cuenca, la que monopoliza el cultivo con casi el 80% de la producción. En relación con las judías secas Castilla y León, principalmente León, y Galicia superan el 60% de la superficie cultivada.

Precisamente es en Castilla y León, donde se concentran la mayor parte de las Indicaciones Geográficas Protegidas de legumbres (IGP), como la Alubia de La Bañeza-León, el Garbanzo de Fuentesaúco (Zamora), las Judías de El Barco de Ávila (Avila), la Lenteja Pardina de Tierra de Campos (comarcas de León, Palencia, Valladolid y Zamora) y la de Armuña (Salamanca), a las que se suman la de la Faba Asturiana, y de Lourenzá (Lugo), y el Garbanzo de Escacena (Huelva y Sevilla). En Cataluña, se cultiva la Mongeta del Ganxet, un tipo de judía con Denominación de Origen Protegida.

Las legumbres son una importante fuente de proteínas; el doble de las que se encuentran en el trigo y tres veces las del arroz. También son ricas en micronutrientes, aminoácidos y vitaminas del grupo B.
Bajas en grasas y ricas en nutrientes y fibra soluble, su consumo se recomienda para controlar el colesterol y la salud digestiva, así como la anemia por su alto contenido en hierro y zinc. Son un ingrediente clave en las dietas saludables para hacer frente a la obesidad y prevenir enfermedades como la diabetes, las cardiopatías coronarias y el cáncer.

Además, su cultivo promueve la biodiversidad subterránea, creando un entorno adecuado para gérmenes, insectos y bacterias de diversos tipos. Su uso como cultivo de cobertura y en los sistemas de cultivo intercalado –plantar legumbres entre otros cultivos o dentro de un sistema de rotación- puede ayudar a reducir la erosión del suelo y a combatir las plagas y enfermedades.

Debido a que las legumbres -como grupo-, son muy variadas genéticamente, tienen también gran potencial para la adaptación al cambio climático, por ejemplo las variedades mejoradas de habas tolerantes al calor en Sudán ayudaron a aumentar la producción en 600 kilogramos por hectárea. En Turquía, la variedad especial de garbanzo gokce ha resistido la severa sequía que han padecido, produciendo además donde otros cultivos fracasaron.

La producción de daal (guisantes o lentejas partidos) requiere 50 litros de agua por kilogramo, mientras que un kg. de pollo necesita 4.325 litros, un kg. de carne de cordero 5.520 litros, y para un kg. de carne de vacuno hasta 13.000 litros. Este reducido consumo de agua hace que la producción de legumbres sea una buena opción de cultivo en áreas y regiones más áridas y propensas a la sequía, que con el cambio climático cada vez son más.

Así que recuerde, que las legumbres además de ser un plato barato, muy nutritivo y delicioso, muy beneficioso para la salud, su cultivo lo es también para el planeta y para muchas comunidades, especialmente en países en vías de desarrollo. Ya sabe, este 2016, tocan lentejas.