La urbanización de la sociedad es un fenómeno mundial. En España, actualmente el 39,6% de la población vive en municipios de más de 100.000 habitantes (INE, Avance de la Estadística del Padrón Continuo, a 1 de enero de 2015).

El abandono de las zonas rurales a mediados de los años 60 del pasado siglo, con la emigración masiva a grandes ciudades como, Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia, provocó el crecimiento desaforado de estas. Se levantaban colonias de edificios donde antes había campos de trigo, melonares o huertos; los ríos, riachuelos o acequias se desviaban o secaban para levantar puentes… Situación que continuó con el reciente boom inmobiliario y el desarrollo de PAUs.

El desarrollo urbano ha tenido una acción directa sobre el hábitat de las especies animales y vegetales, que casi siempre han salido perdiendo.

Pero no en todos los sitios fue así. En algunas ciudades se tuvo en cuenta la conservación de la naturaleza en la planificación urbana. Bruselas, la capital belga, alberga más del 50% de las especies vegetales de su país. En Berlín se han registrado 219 especies de aves, 108 de las cuales crían en la ciudad, lo que representa el 40% de las aves nidificantes de Alemania, y 56 especies de mamíferos.

Parques, jardines o los huertos urbanos, son puntos de desarrollo de la biodiversidad. A pesar de que Flandes (Bélgica) es una de las zonas más densamente pobladas del mundo, tiene en 15 parques representadas, el 30% de las especies de plantas silvestres, el 40% de las mariposas, el 50% de las aves reproductoras y el 60% de los anfibios de la región.

Los pequeños jardines particulares tienen también un papel crucial en el mantenimiento de la biodiversidad. En la ciudad británica de Sheffield un estudio realizado en 61 jardines arrojó la cifra de 1.000 especies de plantas, 80 de líquenes y 4.000 de invertebrados, además son especialmente atractivos para polinizadores como las abejas (en peligro de extinción), mariposas y otros insectos.

Los edificios históricos son refugio, especialmente de aves. Por ejemplo, el cernícalo primilla, una especie vulnerable forma importantes colonias en el casco antiguo de ciudades como Cáceres, o Sevilla, donde es inquilino de la Giralda. También las rapaces nocturnas como la lechuza común, el mochuelo, o el autillo, muestran su preferencia por anidar en estos edificios. El vencejo común, la golondrina, el avión común, o la cigüeña blanca, son viejas conocidas de las iglesias.

Sin duda rescatar y crear nuevas áreas verdes, que permitan acortar la distancia entre el hombre y la naturaleza es una buena causa, si tenemos en cuenta además que en el 2050, el 70% de la humanidad vivirá en ciudades.

Y para ello, Tim Beatley profesor de arquitectura de la Universidad de Virginia creó hace años el Biophilic Cities Project (Proyecto de Ciudades Biofílicas) con el que propone integrar la naturaleza en las ciudades creando una serie de alternativas donde el individuo pueda fusionar sus actividades diarias con la naturaleza que le rodea.

Oslo (Noruega); Washington D.C, San Francisco, Portland, Phoenix, Philadelphia, Milwaukee (en Estados Unidos), o Singapore, forman ya parte de la red de ciudades biofílicas. En España, solo Vitoria-Gasteiz (242.082 habitantes) pertenece al grupo.

Cuidar los tramos de río urbanos, fomentar iniciativas como los huertos urbanos en terrenos abandonados, conservar las especies vegetales de nuestros parques… son algunas iniciativas que ayudaran a crecer el numero de ciudades biofilicas de nuestro país. Pero también, favorecer uso transporte público, uso de la bicicleta, fomento reciclaje, etcétera contribuyen a ello.