La hipoteca inversa es un producto financiero para mayores de 65 años con una vivienda en propiedad. Está pensada para aquellos a los que le cuesta llegar a fin de mes sólo con la pensión que reciben. En esta hipoteca, en lugar de pagar al banco para poder financiar una casa, el banco o una aseguradora  pagan al hipotecado una cantidad mensual el resto de su vida (y si se tiene cónyuge, durante el resto de la vida del cónyuge); éstos siguen viviendo en la casa o incluso pueden alquilarla a un tercero. Cuando el titular de la hipoteca fallece, la entidad se queda con el inmueble, a no ser que tus herederos devuelvan el total del dinero prestado más los intereses generados (aplicándose el tipo de interés de las hipotecas a tipo fijo, que actualmente oscila en torno al 2%). El atractivo de éste producto financiero se resume en  que es un modo de que el titular pueda complementar la pensión de jubilación, porque recibe hasta 3 o 4 veces la pensión de la Seguridad Social.

Tras el fallecimiento, la deuda es inferior al valor de la casa en el mercado. La intención del banco es dar facilidades a los herederos para que afronten el pago -ya que al banco no le interesa tener inmuebles-  y después, si quieren, puedan vender la casa por su valor real, obteniendo beneficios. En 2015, se concedieron menos de 100, cuando en 2009 hubo unos 2.700 préstamos de este tipo; no hay datos oficiales, porque esta operación, al menos conceptualmente, también se puede efectuar entre particulares. Aunque, en este caso, no se obtienen los privilegios fiscales de hacerlo con una entidad -exención hasta el 92% en IRPF si el asegurado tiene más de 69 años. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, los bancos y cajas empezaron a pensárselo mejor antes de ofrecer un producto que aún no controlan tanto como en otros países (EEUU e Inglaterra especialmente). Pero existen otras alternativas, una de ellas es  la renta vitalicia.

Se trata éste, de un producto financiero similar; poco conocido pero más comercializado que la hipoteca inversa. Su finalidad es la misma, pero en este caso, el propietario (mayor de 65 años) vende la nuda propiedad de la vivienda a cambio de una renta (en ambos casos mensual o de un solo pago, aunque ésta es menos frecuente) y  puede disfrutar del inmueble hasta el fallecimiento. Está más enfocado a personas mayores sin herederos. Las ventajas con respecto a la hipoteca inversa son que la renta percibida es mayor (hasta un 40%) y que, al dejar de ser el propietario, dejaría también de pagar los gastos asociados al inmueble como el IBI, la comunidad, etc… La cultura de la propiedad del ciudadano español es, hoy por hoy, muy poco práctica. De cara a la jubilación es preferible tener liquidez que patrimonio, el cual conlleva muchos gastos y no te permite vivir con tranquilidad. Ambas figuras, la de la hipoteca inversa y la renta vitalicia, son interesantes, pero pueden darse estafas, porque los familiares pueden presionar al dueño de la vivienda para que obtenga éste producto, y ellos ”tomar prestado” el dinero. El estafador solicita al prestatario que firme un poder legal que le otorgue los beneficios de otra manera.