Es presidente del club de mayores UDP ‘La Amistad’ desde antes incluso de estar jubilado. Gregorio Castillo, un melillense que lleva más de 30 años dedicándose a los jubilados y pensionistas de la ciudad autónoma a través de su asociación, fue elegido por unanimidad por la Comisión de Educación y Cultura para recibir la placa al Mérito Social de la Ciudad Autónoma.
Gregorio es un hombre que asegura que “el que diga que conoce a los mayores de Melilla mejor que yo tiene que darse prisa”, haciendo referencia a los más de 30 años que lleva dedicados a la asociación que nació para que los mayores no estuvieran en la calle y tuvieran algún sitio donde ir y relacionarse. Como presidente del club, este melillense lleva 28 años y según recuerda para El Faro, ingresó y se puso al frente de la asociación incluso antes de pasar a ser un jubilado.
Todo surgió por una casualidad, puesto que entró en la oganización por un amigo para tener un sitio donde echar las partidas de dominó. Al poco tiempo le hicieron tesorero, cargo en el que estuvo cinco años. Tras la muerte del anterior presidente, los propios socios le pidieron que se pusiera al frente de la asociación, tarea que se tomó en serio, puesto que lleva 28 años organizando actividades y mirando por el bien de la tercera edad en Melilla. “Me he querido ir dos o tres veces, pero los socios no han querido”, explica Gregorio, que añade que siempre le eligen “por unanimidad”. La primera vez que casi deja el cargo fue ya hace diez años.

Bailes, fiestas y comidas
La principal preocupación de Gregorio al frente del club ‘La Amistad’ es que los mayores de Melilla lo pasen bien y disfruten de su tiempo. Para ello organiza comidas, bailes y fiestas con motivo de algunas fechas señaladas, como el Carnaval, la Navidad o el día del padre y de la madre. “Tenemos hasta una discoteca”, asegura el presidente de la asociación.
Durante su largo mandato, además, ha conseguido un objetivo que le ha dejado tranquilo, tener su sede en propiedad. “A los mayores no les echan a la calle”, asegura. De hecho, el club pasó por una mala época en la que se quedaron sin sitio en el que reunirse por problemas con la parroquia que les cedía el local. Tras este percance, la Ciudad les cedió un espacio, pero Gregorio consiguió que los socios comprasen uno de los locales de Minas del Rif .