Sin duda, el momento de la jubilación supone un cambio fundamental en nuestra vida, una nueva condición: la de jubilado, que puede durar más de 20 años. Empeñarse en vivir o empeñarse en morir, he ahí la cuestión.

A lo largo del año 2013, se jubilaron 314.204 personas, según el Anuario de Estadísticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Alcanzando a final de año un total de 5.451.465 jubilados. Son más de cinco millones de formas de adaptarse a una nueva situación personal: la de ser jubilado.

Pero llegado el momento de jubilarse ¿estaban o estamos preparados para hacerlo? Según el último Barómetro de UDP, el 30,2% de los jubilados no estaba preparado para afrontar esta nueva condición.

“Evidentemente -señala el psicólogo Manuel Nevado- adaptarse a esta nueva situación podemos imaginar que tiene que ser dura, que tiene que hacerse paso a paso y que por lo tanto necesita de una preparación para conseguir limitar los efectos psicológicos asociados a la situación de jubilación forzosa. Y especialmente en aquellas personas que han tenido una profesión intelectual, para la que ellos consideran que siguen totalmente capacitados, que la mente funciona perfectamente, y jubilarse supone cerrar una etapa laboral que a muchos de ellos les ha permitido tener un rol social y un estatus muy reforzante”.

Pero ¿Qué cambia el día después?

Casi dos tercios de los mayores entrevistados (65,6%) consideran que no cambió nada en su vida tras la jubilación. Entre aquellos que sí percibieron cambios los porcentajes más altos son los de aquellos que consideran que la jubilación afectó a su salud (28,3%), a su situación económica (24,5%) y a las actividades que pueden realizar (22,2%).

“El aspecto económico no cabe duda que tiene un valor importante por la reducción de ingresos, la incertidumbre al futuro en caso de posibles problemas de salud o discapacidad…. Pero, los factores sociales y la asunción del nuevo rol es otro elemento clave, para ello es necesario tener una flexibilidad mental adecuada para estar presente en los cambios y, por supuesto, los psicológicos para mantener la autoestima adecuada y afrontar la situación”, añade Nevado.

Emilio Aguado,en su bici,  posa para mayoresudp.

Emilio Aguado, en su bici, posa para mayoresudp.

Esta capacidad de adaptación, y su carácter poco exigente, es lo que según Emilio Aguado (65 años), le ha hecho disfrutar de su nueva vida como jubilado: “Al principio los paseos por el campo con el perro me ayudaron mucho. Después he ido metiendo nuevas rutinas a mi vida, como montar en bici, ahora salgo tres o cuatro días a la semana (unos 200 kilómetros) a recorrer la montaña. De cara al invierno, iré también a la piscina, y seguiré con mis paseos con el perro, ocupándome del huerto, haciendo arreglos aquí y allá, reuniéndome con los amigos para ver el fútbol, viajando…”.

Eloisa Sanz en su estudio rodeada de alguna de sus obras.

El caso de Eloísa Sanz (62 años), es muy distinto, ella ha tenido dos vidas como dice, una como profesora de Dibujo y Pintura y otra como pintora. De la primera se prejubiló el 2 de febrero de 2012 cuando tenía 60 años y después de haberle dedicado 39 años de su vida. “Fue un momento de júbilo, nunca mejor dicho -dice Eloísa-. Estaba saturada, el problema quizás era que mis alumnos eran siempre jóvenes y que yo cumplía cada vez más años. No echo de menos nada, aunque el contacto con los jóvenes me revitalizaba”.

Ahora y gracias a este adiós, puede dedicarle todo el tiempo que quiera a la segunda: “La jubilación me ha dado algo que no tenía, me ha dado tiempo para dedicarme a mi otra actividad y a lo que realmente me gusta que es pintar. Antes tenía que regirme por el horario que me marcaba el trabajo, ahora el tiempo me pertenece”.

Pero no todo el mundo se enfrenta a este cambio de vida de forma tan positiva, quien no sabe o no se adapta puede sufrir: “Inestabilidad emocional, problemas de pareja (muchas personas comienzan a separarse después de la jubilación), problemas de ansiedad, sensación de estar fuera de lugar combinado con sentimientos de injusticia, impotencia y frustración que acaban afectando a la autoestima. Y un aspecto curioso comienza a generarse malestar cuando escuchan la palabra Jubilado, esta palabra tiende a generar rechazo”, señala Manuel Nevado.

¿Qué si echo algo de menos de mi vida laboral?

“Quizás -comenta Emilio Aguado- los buenos ratos con los compañeros. Empecé a trabajar a los 16 años y no paré hasta los 61. Así que en todos esos años, cuando no tenía uno una anécdota que contar, era el otro, y pasábamos muy buenos momentos”.

“El trabajo –añade Eloísa- es siempre trabajo por mucho que te aporte, y tu vida es mucho más rica. Es un planteamiento de vida, en el que no dependas por ejemplo sólo del trabajo para relacionarte, sino que busques también a lo largo de la vida un enriquecimiento personal”.

Enfrentarse de forma positiva a la jubilación, saber adaptarse a los cambios que supone puede determinar la forma de enfrentarnos al envejecimiento. “Pero siempre hay tiempo para comenzar a trabajar de nuevo, para adaptarse a la nueva realidad y para desarrollar nuevos roles y relaciones sociales”, concluye Nevado.

¿Planes para los próximos 20 años?

Pintar, leer, pasear, viajar, y por supuesto los nietos, cuya llegada suele coincidir siempre con la jubilación “te aporta mucho en esta nueva etapa, siempre que no se conviertan en una carga”, concluye Eloísa.

“De momento y a corto plazo un buen viaje con mi mujer y unos amigos”, nos dice Emilio.

Decálogo* para una buena jubilación

  1. Aceptar la realidad del paso de la vida y ser conscientes de que la jubilación está ahí a la vuelta de la esquina, sobre todo cuando se superen los 60 años.
  2. Comenzar a dedicar tiempo a los seres queridos y en especial a su pareja para hacer más llevadero el mayor tiempo que tendrán que comenzar a compartir.
  3. Ser conscientes de las fortalezas individuales y sacar el máximo provecho a las mismas.
  4. Comenzar a ir volviendo a recuperar las aficiones perdidas o dejadas tiempo atrás.
  5. Ir liberando la agenda y ocupaciones.
  6. Aprender a valorar el tiempo libre que te dará la jubilación.
  7. Realizar una planificación económica de la jubilación.
  8. Intentar participar como voluntario en actividades que te hagan sentir que sigues siendo útil
  9. Sentir que la jubilación es una gratificación, un descanso merecido tras años de trabajo y esfuerzo.
  10. Sentirte libre para sentir, pensar, querer, amar y compartir tu vida con tus seres queridos.

*Según el psicólogo Manuel Nevado.