Avi Reichenthal, CEO de 3D Systems y apasionado del potencial de esta tecnología, nos cuenta como en pocos años la impresión 3D será democratizada entre la gran mayoría de personas, que tendrán una en su propia casa, al igual que ahora un televisor. Una teoría que no nos debe extrañar, pues las impresoras 3D están reduciendo sus costes de fabricación y por tanto precios de cara al consumidor de una forma brutal últimamente.

Usaremos complementos o accesorios fabricados con cientos de materiales disponibles ya hoy en día, desde todo tipo de plásticos, acero, titanio e incluso chocolate con el que elaborar platos. El potencial de la impresión en 3D no termina en las pulseras, zapatillas o vestidos, tiene implicaciones mucho más interesantes y útiles para la humanidad, es ahí donde entra el campo de la medicina.

Actualmente las dentaduras postizas, audífonos intraauriculares, coronas, implantes, y las prótesis de rodilla o cadera se apoyan en gran medida en la impresión 3D, ya que aprovechan al máximo el potencial de hacer un objeto único para unas necesidades únicas. En el futuro podremos cultivar tejidos y reproducirlos, para que en algún momento no seamos capaces solo que imprimir huesos resistentes, sino órganos completamente funcionales que salven vidas.

Con la impresión 3D la complejidad es gratuita, a la impresora le da igual si el objeto tiene una forma rudimentaria o compleja, lo que abre la puerta a nuevos diseños y fabricaciones nunca antes pensadas. El mundo que puede crear la impresión 3D es por el momento difícilmente imaginable, no cabe duda.