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La pesadilla de las pensiones

Todos opinan sobre las pensiones excepto los que las sufren debido al pobre   nivel de subsistencia que permiten mantener a la mayoría de las personas que las cobran.

Por la forma de opinar  de algunos, desde afuera,  por los que no las sufren, parece como que a los que las cobran se las regalaran. Se les escapa el hecho de que algunos cotizaron durante 40 años, mes a mes, un importe considerable,  ganándose, ampliamente,  el derecho a cobrarlas. Da la impresión de que estamos 100 años atrás y de nuevo hay que reivindicar el derecho a tener derechos.
Una persona sensata cuenta, para organizar su vida, con las leyes existentes y planifica  su futura  economía priorizando y contando con  cobrar una pensión determinada, para lo cual, su empresa o él mismo, pagan mes a mes una determinada cantidad de euros.

Así, pagando “religiosamente”  mes a mes,  durante años y años, con suerte  llega el día en que le toca ya no pagar,  sino cobrar lo pactado. Pero resulta que en estos tiempos,  ahora, que le toca a la parte que recibió el  pago “religiosamente”, mes a mes, pagar a ella, nos viene con falacias que pretende cuelen como argumentos lógicos y con manifestaciones que son, sencillamente, impresentables: que si no hay dinero, que si los ingresos a la seguridad social no llegan, que sí…

¿Y para esto tenemos políticos que nos cuestan un dineral? Si gestionáramos nuestra casa como los políticos gestionan los bienes públicos, esto sería una anarquía, no habría sociedad que resistiese.

Dado que todos los recursos son limitados es necesario priorizar. Cómo prioriza un  gobierno es un indicativo fiable y significativo de sus inquietudes. Cualquier gobierno decente priorizaría, antes que nada,  las pensiones de unos ciudadanos que se la han ganado a pulso.
Si en un país se rompe la seguridad jurídica deja de ser un país fiable. Si la rompe  con los más vulnerables,  nos encontramos ante un sadismo manifiesto. A sus habitantes no les quedará más opción que, antes o después, ¡echarse al monte!

Datos

Vamos con los datos. Lo anterior son opiniones, por lo tanto, cuestionables. Alguien, con todo el derecho puede opinar de forma diferente. Pero vamos a los datos.
¿Cómo se puede vender a alguien que con el sistema que se ha aprobado  no se pierde poder adquisitivo en las pensiones? ¿Una persona sensata puede creer que es capaz de convencer a alguien con estos argumentos? No, sencillamente no, salvo que crea que está hablándole a un imbécil, término poco científico pero gráfico para que podamos entendernos. “El tonto más absoluto es el que cree que los demás son tontos”.

Según se puede ver en las tablas 1 y 2 que se adjuntan, suponiendo que una persona se jubile en el año 2015 con la pensión mínima establecida (782,86 €), tal y como se aprobó  por este gobierno, la van a subir, al margen que cual sea el coste real de la vida, del IPC, un 0,25%.
T 1   Tabla 1: Evolución de la pensión mínima en 20 años, con el incremento anual del 0,25%

tabla 2Tabla 2: Evolución de la pensión mínima en 20 años, con el incremento anual del 3%

De seguir así  las cosas, con el incremento anual del 0,25 %, y suponiendo un IPC medio anual del 3% (es probable que a corto y largo plazo sea todavía mayor) cada año las pensiones van perdiendo poder adquisitivo hasta convertirse,  en 20 años, cuando la persona que se jubila ahora tenga 85 años, en 822,94 €,  cuando la real, para seguir manteniendo el mismo poder de compra debería ser 1.413,91 (casi la mitad)

En las tablas 3 y 4 se hace el mismo cálculo pero referido ahora a la pensión máxima.
Como puede apreciarse, en 20 años,  pasa de los 2.560,88 € mensuales actuales, a los 2.625,23 € mensuales en el año 2035, cuando  la persona tendrá 80 años, cuando lo real, para seguir manteniendo el mismo poder adquisitivo que en estos momentos es que fueran 4.625,23 € mensuales.

tabla 3

Tabla 3: Evolución de la pensión máxima en 20 años, con el incremento anual del 0,25%.

tabla 4

Tabla 4: Evolución de la pensión máxima en 20 años, con el incremento anual  del 3%.

Repito de nuevo la pregunta: ¿Cómo se puede vender a alguien que con el sistema que se ha aprobado  no se pierde poder adquisitivo en las pensiones? ¿Habrá alguien que “comulgue” con los argumentos que nos hacen?

Hay que volver al sistema anterior: revalorización en función del IPC.

Ante esto lo único que escuchamos son lamento tras lamento…
Frank Schirrmacher en su libro titulado El Complot de Matusalem, nos habla de un experimento en el que se concluye que “… el lenguaje incapacitador en la vejez provoca una incapacidad en la persona en la vejez.”
¿De qué nos vale haber aumentado la esperanza de vida biológica si estamos condenados a la muerte social? La guerra generacional que nos espera entre los que alimentan y los alimentados (así, con este pragmatismo es como se está empezando a considerar la vejez y jubilación), hará en muchos casos real un viejo fenómeno que la sociología llamó “anticipación social de la muerte”.
También la psicología tiene un término  muy potente: “indefensión aprendida”. El meter a alguien entre la espada y la pared sin dejarle  otra opción, es propio de perversos.  La vejez tiene, como todos sabemos,  menos opciones. De los tres futuros que los humanos tenemos: futuro probable  o muy probable,  futuro menos probable pero posible y, finalmente, futuro imposible, los acontecimientos que podemos ubicar en este último son cada día más en las personas mayores.   Ya es hora de hacer algo, de dejar de lamentarse  y preocuparse y pasar a ocuparse.  De momento (¿por cuánto tiempo?) nos queda la fuerza de nuestro voto como colectivo.
No se puede permitir que metan la mano en las pensiones de unos ciudadanos honrados mientras ellos, los políticos, siguen con unos privilegios de “casta política”.

Julio Iglesias Rodríguez, www.neuroforma.es

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