La Soledad de los mayores en Europa

anciano sólo en el extremo de un banco
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Artículo de Antonio Abellán, Rogelio Pujol. Departamento de Población, CSIC. Publicado en “Envejecimiento en red”.

La proporción de personas mayores que viven solas en Europa se sitúa en el 31,1%, con una oscilación de 24 puntos porcentuales entre los países con mayor o menor presencia de soledad (Figuras 1 a, 1b, 1c). En cambio, en España esa proporción sólo alcanza el 22,5%, con un máximo en la Comunidad Valenciana y Aragón (25,5%), y un mínimo en Galicia (17,7%), apenas ocho puntos porcentuales de diferencia (Figura 2 a, 2b, 2c). La soledad entre las mujeres dobla las cifras de los hombres, tanto en Europa (40,1% y 19,3%, respectivamente) como en España (28,8% y 14,2%).

Las formas de convivencia en el hogar se parecen mucho entre los mayores españoles, vivan donde vivan, en especial cuando nos referimos a la soledad. La convivencia en pareja (con o sin hijos u otros familiares o personas) también presenta proporciones similares en todas las comunidades autónomas españolas: en torno al 59,8%. Existe más variación entre comunidades en el tipo de convivencia llamada “otras formas”.

El patrón de soledad en España se parece a su vez al de los demás países mediterráneos (Italia, Grecia y Portugal), y dista de parecerse al de los países centro y noreuropeos; ninguna comunidad autónoma se aproxima a los valores medios de estos países.

La menor soledad relativa de hombres y mujeres de edad españoles respecto a sus homólogos europeos puede estar indicando unas más estrechas redes familiares y sociales, facilitando otras formas de convivencia que evitan la soledad (un mayor con hijas o hijos u otros familiares, u otras personas), formas en la que España supera la media europea. Pero también puede estar indicando una inadaptación de la vivienda a la vida en soledad, o escasez de recursos económicos o de conocimientos para acondicionarla, o una insuficiencia de servicios comunitarios que favorecieran la autonomía del individuo en soledad. La aparente riqueza familiar española y de otros países mediterráneos ha podido estar ocultando hasta ahora una deficiencia crónica en las políticas sociales de atención a las personas mayores.

 

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