El Instituto Nacional de Estadística acaba de difundir los datos obtenidos de la Encuesta Continua de Hogares. De ellos se desprende que los mayores vivimos mayoritariamente en pareja (41%), pero destaca el gran número de mujeres mayores que viven solas.

En España había 4.584.200 hogares unipersonales en 2015. De esta cifra, 1.859.800 (un 40,6%) correspondían a personas de 65 o más años que vivían solas. Y, de ellas, un 72,9% estaban formados por mujeres (1.356.300 hogares).

Comparando con los valores medios de 2014, el número de hogares unipersonales registró un aumento del 1,1%. En términos absolutos, 49.100 más. Cabe destacar que, tanto los hogares unipersonales de personas de 65 y más años como los de menores de 65 crecieron. No obstante, el incremento fue menor en los primeros (0,3% frente a 1,6%). Por sexo, los hogares unipersonales de mujeres crecieron un 2,6%, mientras que los de hombres disminuyeron un 0,6%.

soledad

Para la OMS la soledad no deseada en uno de los mayores riesgos para el deterioro de la salud, y un factor determinante que favorece la entrada de estas personas en situaciones de dependencia.

La población española se muestra significativamente preocupada y claramente partidaria de que el Estado proteja a las personas mayores que viven solas. En el Barómetro de mayo de 2009, realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas, más de la mitad de los ciudadanos encuestados indicaron que las personas mayores que viven solas son el colectivo que debería estar mejor protegido. El 41,3% de los encuestados también expresaron que, de las situaciones que afectan a las personas mayores, el apoyo a los que viven solos, es la que necesita de una atención más urgente (CIS, Estudio 2.801 Barómetro de mayo de 2009).

La construcción e interrelación de redes de apoyo son esenciales para romper con las barreras de aislamiento que surgen entorno a muchas mujeres mayores. Los programas de voluntariado y los recursos de atención comunitaria deben ampliar sus ámbitos de actuación y multiplicar sus esfuerzos por llegar a un creciente número de población expuesta a esta situación.

Pero es necesaria la implicación de las administraciones, que deben implementar programas amplios de seguimiento y control de las mujeres que quedan en situación de soledad a edades avanzadas, en colaboración con las organizaciones no gubernamentales y del tejido empresarial de atención social.