El pasado 20 de noviembre se cumplieron 40 años de la muerte de Franco. Una época que marcó la vida de los españoles, en todos los aspectos, incluido todo lo que tenía que ver con el sexo y las relaciones sexuales. No olvidemos el papel que tuvo la Sección Femenina y la iglesia en la educación moral de aquellas mujeres, que debían vivir para satisfacer al marido, olvidándose de sí mismas.

Así en lo relativo a las relaciones sexuales en el Manual de Economía Doméstica para Bachillerato y Magisterio, (1958) les recordaba sus obligaciones: “si él siente la necesidad de dormir, que sea así no le presiones o estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello. Puedes entonces ajustar el despertador para levantarte un poco antes que él por la mañana. Esto te permitirá tener lista una taza de té para cuando despierte”.

Según un estudio publicado recientemente por la Universidad de Córdoba, la llegada de La Transición supuso también el despertar sexual para muchas mujeres, y el final de muchas noches sin pasión. Las investigadoras han analizado las vivencias sexuales actuales de las españolas de entre 50 y 80 años y ha observado una brecha entre las mayores de 70 años y las más jóvenes, precisamente porque estas últimas recibieron una educación religiosa más férrea y unos hábitos sociales más estrictos en materia sexual y sentimental, que sus sucesoras.

En el momento en el que estas mujeres nacieron, se produjeron grandes cambios en España. Las mayores vivieron el paso de la república al franquismo, de una sociedad en la que el divorcio era posible a un régimen influido por la moral católica. La educación recibida por la generación de mujeres más joven, ya en los 70, fue más flexible. Entonces, regresaron los colegios mixtos y, ya con la actual democracia, se produjeron cambios sociales como la aprobación de la Ley del Divorcio de 1981 que afectaron a sus vidas sexuales y relaciones sentimentales.

A pesar de ser un asunto que despierta interés y morbo, hay poco conocimiento científico sobre la vivencia de la sexualidad en la segunda mitad de la vida entre las mujeres. La perspectiva más habitual ha sido médica, donde se trata la sexualidad como una disfunción. “Nosotras preferimos centrar el deseo sexual como una experiencia no situada en los órganos sexuales, sino en las emociones”, explica Anna Freixas, catedrática de Escuela Universitaria de Psicología en la Universidad de Córdoba, con la que se inició la investigación. Con el estudio científico que han realizado “pretendíamos deconstruir la idea preconcebida de una sexualidad en las personas mayores en la que generalmente prima la falta de apetencia o interés sexual”, indica Bárbara Luque, que sucedió en la dirección de la investigación a Freixas.

Por medio de una muestra de 729 mujeres de entre 50 y 80 años que comprendía a habitantes de zonas urbanas y rurales y con diferentes niveles de formación, entre otros factores, la investigación ha ahondado en aspectos como la orientación sexual, la disponibilidad de pareja sexual o afectiva, las prácticas sexuales o el nivel de satisfacción con su vida sexual, entre otros datos. Además de un cuestionario con preguntas cerradas y abiertas, las psicólogas de la UCO realizaron grupos focales en varias ciudades. A través de esta metodología, las investigadoras han pretendido dar voz en materia de sexualidad a este amplio colectivo, que representa el 16,5% de la población total del país, y estudiar sus comportamientos. “El cuestionario y los grupos focales han permitido normalizar la conversación en torno a sexo”, reflexiona Freixas.

La mayoría de las mujeres (69%) respondió que disponía de pareja emocional y que mantenía relaciones sexuales con ella (65%). En cuanto a las prácticas sexuales, más del 50% afirmaba que practicaba sexo vaginal, besos y caricias y masturbación. Las prácticas más minoritarias eran el cibersexo y el sexo anal. Por otro lado, había un 9% que manifestaba que se abstenía voluntariamente a tener actividad sexual, consigo misma o con otras personas.

Las diferencias más significativas entre las encuestadas se observaron en el nivel de satisfacción expresado con respecto a sus vivencias sexuales. Si entre los 50 y 59 años, el 84% de las participantes decía estar muy o medianamente satisfechas con sus prácticas sexuales;, entre las mayores de 70 se alcanzaba el 40%. En todo caso, “las vivencias sexuales de todas estas mujeres son múltiples y diversas, hay tantas sexualidades como mujeres”, resume Luque. Las diferencias observadas las atribuyen las especialistas a la dificultad de tener pareja sexual, la salud propia o la de la pareja o la disposición sexual.

Los resultados obtenidos en España, según las autoras del estudio, son semejantes con otros llevados a cabo en Estados Unidos y otros países europeos.

Anna Freixas, Bárbara Luque y Amalia Reina. ‘Sexuality in Older Spanish Women: Voices and Reflections’. Journal of Women & Aging.2015. DOI: 10.1080/08952841.2014.928566