Según el estudio Arquitecturas del Cuidado, promovido por el Instituto Vasco de la Mujer, la demanda de soluciones de cuidados que no comprometan la autonomía de las personas mayores va a ir en aumento. Sobre todo de la mano de esta nueva generación de personas mayores nacidas en los años ´60 conocidas como los baby boomers que están entrando a partir de hoy en la demanda de cuidados y ayudas a la dependencia.

Por ello es necesario que las administraciones apoyen en la línea de facilitar el apoyo técnico y legal, así como el acceso a suelo y edificaciones para poder iniciar los proyectos. La falta de ejemplos próximos y la extrema complicación de los procesos son dos de los factores que más desincentivan a las personas a embarcarse en este tipo de iniciativas.

En otros países el apoyo público no siempre consiste en realizar la inversión completa y alquilar el edificio, como en el caso de Estocolmo, sino que hay más opciones intermedias, por ejemplo en algunos municipios daneses se reservan parcelas de suelo para cooperativas. O en diferentes ciudades alemanas tienen oficinas municipales de información y promoción de este tipo de proyectos donde informan, generan los grupos y les apoyan en todo el proceso.

Frente al argumento de las instituciones públicas de que éstas son opciones privadas, de personas mayores autónomas con recursos económicos, el informe argumenta que un grupo de personas organizadas no puede competir en el mercado libre con promotoras inmobiliarias porque sus capitales (tiempo, conocimientos, euros…) y procesos no son los mismos. En algunos municipios europeos tienen normativas específicas para ralentizar los procesos de adjudicación de parcelas públicas para dar alguna oportunidad a los colectivos a adquirir una. El informe concluye que en cualquier caso, han de continuar desarrollándose reglamentos específicos como en el caso de Estocolmo o Hamburgo para poner facilidades al desarrollo de este tipo de proyectos.

Las personas mayores que optan por un envejecimiento activo y autónomo y eligen residir en viviendas colaborativas en las que comparten recursos y espacios de forma autogestionada mejoran sus condiciones de vida.

En la presentación del estudio, la directora del Instituto Vasco de la Mujer explicó que el trabajo llevado a cabo por estas dos investigadoras ha permitido constatar que las viviendas colaborativas suponen «una experiencia a explorar», ya que defienden «un envejecimiento activo, autónomo y colaborativo» y «pueden constituir una alternativa que favorezca el empoderamiento de las mujeres».
En este sentido, recordó que las labores de cuidado recaen mayoritariamente en éstas, lo que provoca «desequilibrios, desigualdad con los hombres y empeora la calidad de vida de las mujeres». Por ello, ha considerado necesario «buscar alternativas de cuidado».

La investigadora Ana Fernández Cubero destacó que las personas mayores que optan por participar en un proyecto de estas características «mejoran sus condiciones de vida», ya que, según dijo, se sienten «más a gusto, más tranquilas y menos preocupadas por sus futuros cuidados».

También se observa que son formatos de atención «más baratos para las administraciones públicas», ya que están basados «en el apoyo mutuo entre las personas y en el ahorro a través de compartir servicios y recursos».

En cuanto a los proyectos de éxito analizados, las investigadoras vascas explicaron que todos ellos comparten una realidad común: que las personas mayores están «empoderadas y organizadas».