Los datos del INE en su última Encuesta sobre Condiciones de Vida, muestran a los mayores españoles como el grupo de población que sufre menores índices de riesgo de pobreza.

La población en riesgo de pobreza es un indicador relativo que mide desigualdad. No mide pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población.

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En la Encuesta de Condiciones de Vida de 2014 (y teniendo en cuenta los ingresos de 2013) la tasa de riesgo de pobreza se situó en el 22,2% de la población residente en España. Pero para los mayores de 65 años esta tasa se sitúa en el 11,4%, la mitad.

La diferencia es más llamativa si se tiene en cuenta el valor del alquiler imputado, es decir, si  se considera en el cálculo el valor de la vivienda en la que reside el hogar, cuando ésta es de su propiedad o la tiene cedida gratuitamente. En este caso, la tasa de riesgo de pobreza se sitúa en el 19,9% de media, pero baja hasta el 5,9% para los mayores de 65 años.

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Las tasas de pobreza también son menores en los hogares de personas jubiladas. En relación con la actividad, el 45,1% de los parados estaba en riesgo de pobreza. Por su parte, el 9,0% de los jubilados se encontraba por debajo del umbral de riesgo de pobreza.

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Otros medidores

El indicador AROPE de riesgo de pobreza o exclusión social combina tres conceptos: el riesgo de pobreza, la carencia material y la baja intensidad en el empleo. Se considera carencia material, por ejemplo no poder permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año; no tener una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días; no poder mantener la vivienda con una temperatura adecuada; o no tener capacidad para afrontar gastos imprevistos (de 650 euros), entre otros conceptos.

La población incluida en al menos uno de los tres criterios del riesgo de pobreza o exclusión social es del 35,4% para menores de 16 años, y del 32% para la población de 16 a 65 años. Para los mayores de 65 años es del 12,9%.  Entre los mayores de 65 años este indicador ha bajado de 10 puntos entre 2010 y 2014.

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Siguiendo los criterios de Eurostat, el umbral de riesgo de pobreza se fija en el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo de las personas. Por tanto, aumenta o disminuye en la medida en que lo haga la mediana de los ingresos. Al disminuir los ingresos de la población también disminuye el umbral de riesgo de pobreza. Los jubilados españoles, que han recibido unos ingresos estables durante estos años, salen en las estadísticas “mejores parados” que otros colectivos, pero no porque su situación económica haya mejorado.

El poder adquisitivo de los pensionistas ha disminuido en los últimos años, fruto de la congelación, primero, y de la reforma del sistema de pensiones después, además de otras medidas tomadas como el copago de los medicamentos, o la subida del IVA.

Además, hay un fenómeno difícilmente mensurable que afecta directamente a la economía de los mayores, y es el apoyo económico y material que están dando a sus hijos y nietos que atraviesan dificultades.

Según el Informe Mayores UDP sobre Solidaridad Intergeneracional de marzo de 2014, seis de cada diez personas mayores (59,5%) ayudaban económicamente a familiares o amigos. Dicho porcentaje había experimentado un incremento de 19,1 puntos con respecto a 2012 y de 44,4 con respecto a 2010. El informe señalaba que el 81,5% ayudaban a los hijos e hijas, y el 69,6% proporcionaban una ayuda que era imprescindible para que los receptores pudieran vivir dignamente.

¿Reflejan pues los datos del INE que los pensionistas viven mejor?  ¿O se trata de que el resto de la población está más empobrecida?