El sistema de pensiones alemán también genera incertidumbres. Y eso que en marzo las pensiones alemanas subieron de media un 5%. Ahora nadie duda de que pensiones de jubilación serán en Alemania en 2030 un 25% más bajas que ahora. A pesar de que el modelo alemán incluye factores de revalorización y sostenibilidad en los que también se ha inspirado España. Los grandes partidos políticos alemanes están de acuerdo en la necesidad de ir introduciendo progresivamente la obligatoriedad de seguros privados de jubilación, que al menos completen la pensión pública, pero los sindicatos alemanes exigen otras reformas que sirvan para cimentar las futuras jubilaciones al margen del sector público y que estarían basadas en aumentar la base de contribuyentes obligatorios.

El poderoso sindicato IG Metall advierte de que la parte privada del sistema mixto no será suficiente para cubrir el gran agujero que se cierne sobre las pensiones. «Es necesario además modificar el método de cálculo, aumentar el número de contribuyentes y las cuotas», defiende el presidente de IG Metall, Jörg Hofmann. La patronal alemana ya ha rechazado su propuesta por «impagable».

El objetivo de Hofmann no se limita a la sostenibilidad, sino que persigue que los jubilados que hayan cotizado 43 años trabajando puedan cobrar en 2030 los mismos 1.450 euros de promedio que recibe ahora mismo un jubilado que cotizó durante 45 años de vida laboral. Y para lograr ese aumento, exige la inclusión en el sistema público obligatorio de pensiones de todos los trabajadores autónomos, funcionarios y políticos. «Si estos están obligados a participar en el sistema público de pensiones, ellos mismos se encargarán de que la legislación favorezca las pensiones públicas en lugar de a las privadas», sugiere otro de los miembros de la directiva del sindicato, Hans Jürgen Urban. El plan contempla además una subida de las cotizaciones desde el actual 18,7% hasta el 21,5%.

IG Metall exige, además, que sea reforzado legalmente el fondo de pensiones, para evitar su disponibilidad para otros fines, y anima a la legislación de una pensión mínima. En Alemania solo es necesario cotizar cinco años para tener derecho a jubilación, pero no existe la pensión mínima, con lo cual un alto porcentaje de ciudadanos recurren a otras ayudas públicas o a planes de pensiones privados.

Desde 2004, cuando entraron en vigor las reformas del sistema de jubilación,se han disparado los planes privados y alcanzan los 16 millones, el doble que en España, debido a que elGobierno alemán ha reconocido abiertamente que el dinero público no será suficiente e invita a los ciudadanos a ahorrar, a seguir trabajando durante más años y a contratar planes privados.

«La propuesta de IG Metall es imprudente, porque pone en riesgo la viabilidad del sistema», critica el CEO de la patronal del sector, Oliver Zander. «En la actual situación es completamente ilusorio pensar en un aumento de las pensiones». «Lo que está claro es que las pensiones no pueden seguir bajando», responde la presidenta de VdK Sozial, Ulrike Mascher, dando la razón al sindicato.

A juzgar por el momento elegido por IG Metall para hacer públicas sus exigencias, un año antes de las próximas elecciones en Alemania, parece claro que intenta introducir el tema en la agenda de campaña. Quien quera el apoyo de los sindicatos para, por ejemplo, la controvertida política de refugiados, ya sabe a qué atenerse. Y la estrategia ha dado ya sus primeros frutos: el presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) y número dos del Gobierno de gran coalición de Berlín, Sigmar Gabriel, se ha mostrado de acuerdo con estos objetivos, al igual que el presidente de Baviera y de la Unión Socialcristiana (CSU), Horst Seehofer. Puede contar también con la simpatía de Die Linke (La Izquierda) y Los Verdes. Solo Merkel calla. Y la patronal sigue protestando: «semejante proyecto significa cargar sobre las generaciones de alemanes más jóvenes el peso de unas pensiones que son ya insostenibles».