¿Es obligatorio envejecer? Hasta hace poco la ciencia seria no se ocupaba de esa pregunta. Al fin y al cabo, tener achaques es lo normal con los años. Sin embargo, lo que hoy es normal puede no serlo mañana. La humanidad ha crecido acumulando victorias contra fenómenos naturales y normales –por habituales–, como la alta mortalidad infantil. Y el hecho es que cada vez son más los científicos que defienden que combatir el envejecimiento no solo se puede, sino que además se debe: prolongar la juventud podría ser la forma de evitar el cáncer, el Alzheimer, es decir, las enfermedades de la edad en su conjunto. En una sociedad con una cantidad creciente de personas mayores, eso no es ninguna tontería.

Guiadas por su propia curiosidad, Maria A. Blasco, bióloga molecular, y Mónica G. Salomone, periodista, emprenden en este libro, Morir joven, a los 140 años, una aventura personal para explorar este cambio de paradigma científico. Se preguntan qué es realmente el envejecimiento, por qué cada especie vive lo que vive y qué podemos hacer hoy para vivir más y mejor. Con la ayuda de geriatras, paleontólogos, demógrafos y fi lósofos, además de otros biólogos, espían en laboratorios de todo el mundo qué nos depara el futuro y tratan de desvelar la respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué cambios vitales nos esperan como personas y como sociedad? ¿A qué dilemas éticos nos enfrentaremos?

Nuestras células se van a morir, con sus telómeros gastaditos, y nosotros con ellas. O no. Maria Blasco regresó a España en 1997, tras pasar cuatro años en EE UU en el laboratorio de la bioquímica Carol Greider, premio Nobel de Medicina por descubrir la telomerasa. El objetivo de la científica española era comprobar si aumentando la telomerasa se podía retrasar el envejecimiento de un ratón. El problema es que la proteína hace inmortales tanto a las células sanas como a las que tienen mutaciones que provocan tumores. Así que la telomerasa favorece el cáncer.

Blasco llegó a una ingeniosa solución. Su colega Manuel Serrano había creado un ratón transgénico con tres genes que protegían contra el cáncer al eliminar células con mutaciones peligrosas. Blasco cruzó sus roedores con telomerasa con los ratones resistentes al cáncer de Serrano. El resultado fue Triple, una estirpe de superratones nacidos en 2008 que vivían un 40% más de lo normal, sin enfermedades. “En gusanos se ha llegado a multiplicar por 10 la esperanza de vida normal en la especie, pero en mamíferos, que sí desarrollan enfermedades asociadas al envejecimiento como las de los humanos, Triple ostenta todavía hoy el récord de longevidad”, destaca Blasco en Morir joven, a los 140.