Más de 8 millones de votos son un pastel muy goloso para cualquiera que desee tener un buen resultado en las próximas elecciones del 20 de diciembre. Y según el último barómetro del CIS, el PP es el partido que cuenta con la simpatías de más personas mayores de 65 años, y con el apoyo de los mayores, actualmente es la fuerza política que más votos lograría.

El Partido Popular de hecho solo es el más votado entre los electores de más de 65 años. En el resto de rangos de edad, el PP pasa a un segundo plano. Es el caso de los votantes de 55 a 64 años, que sitúan al PSOE como primera fuerza política por delante de los populares. Incluso, en personas por debajo de los 55 años, el PP es la tercera o cuarta fuerza más votada.

Los 8,5 millones de españoles que tienen 65 o más años son el nicho más numeroso del electorado (22%) y los que acuden a las urnas más fielmente (el 92% dice estar dispuesto a ir a votar el 20 de diciembre). Son más, votan más y lo hacen distinto al resto, porque siguen abrazando mayoritariamente a PP y PSOE (51,2% suman en intención directa de voto [IDV] + simpatía en ese sector, según el último CIS), en un contexto de deterioro generalizado del bipartidismo (35,8% es su nivel de respaldo medio). Los populares arrasan en IDV entre los  mayores (26,9%), con los socialistas en segundo lugar (19,2%) y los emergentes en posiciones marginales: a Ciudadanos lo apoyaría el 4,1% y a Podemos el 1,5%.

mayores_udp_voto mayores

Según publica “Sabemos Digital”, la situación es preocupante para el partido de Pablo Iglesias, a quien “con toda seguridad” jamás votaría el 67,2% de los mayores. Ese índice de rechazo es mucho mayor al que su formación obtiene de media (52,1%) y al que registran el resto de partidos en el target de las personas de edad, que en un 48,3% descarta a Ciudadanos, en un 41,5% al PP y en un 38,6% al PSOE.

Cambiar el voto de los mayores “es un trabajo sociocultural ímprobo”, explica Jorge Moruno, sociólogo de Podemos. “Una de las fórmulas para poder atraer votantes en edad de jubilación tiene que ver con alterar las percepciones sobre qué partidos ofrecen garantía y cuáles no”, explica Jorge Moruno. Moruno asume que tienen un problema con los mayores, porque “existe un imaginario según el cual los partidos tradicionales, sobre todo el PP, aportan seguridad a sus pensiones” y el gran reto es cambiar eso: “Es un trabajo sociocultural ímprobo para formaciones nuevas”.

Una labor a la que puede ayudar la elección de candidatos longevos, como Manuela Carmena, Lluis Rabell o Carlos Sánchez-Reyes. Además, el partido pone especial énfasis en las pensiones, reclamando el aumento de las no contributivas y pidiendo que su financiación se garantice vía impositiva.

Otra circunstancia que juega en contra de Podemos es la preeminencia de las mujeres en el electorado de más edad. Son hasta un 34% más numerosas que los hombres (4,8 millones frente a 3,6) y entre las féminas apenas un 6,5% está decidida a votar a Pablo Iglesias. Además, tampoco le ayuda que un alto porcentaje de los mayores (27%) esté a favor de un Estado sin autonomías, cuando ellos defienden el derecho de autodeterminación de Cataluña, o que casi un 30% tenga bastante o mucha confianza en un Mariano Rajoy a quien la formación morada no hace ninguna concesión.

La tarea pendiente de C’s

Ciudadanos despierta menos rechazo entre los mayores, pero eso no se traduce en un apoyo medianamente aceptable para un partido que compite de tú a tú con los dos grandes en el resto del electorado. “La gente de mediana edad en adelante valora sobre todo la experiencia del gobernante y la tranquilidad económica, los nuevos partidos deben imponer el marco para seducir a esos votantes y combinar la atención a sus intereses con la creación de un foco puesto en las próximas generaciones”, señala Fran Carrillo, experto en discurso y estrategia que desde 2013 colabora con el proyecto de Albert Rivera.

Para Carrillo, esa bolsa de votantes “es la población que inclinará la balanza el próximo 20-D y más del 70% de ella afirma que los políticos no se preocupan por ellos más que en campaña, ahí está la clave.