¿Por qué es importante cuidar de nuestra salud mental?

Las enfermedades nerviosas y mentales son muy frecuentes. Descubre las causas, recomendaciones y consejos para cuidar la salud mental.
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La soledad, la pobreza, la vida sedentaria, el inmovilismo, la discriminación por edad hacen aumentar la incidencia y prevalencia de las enfermedades mentales y nerviosas

El propósito de este artículo es ofrecer a los lectores una visión panorámica sobre la naturaleza, producción y desencadenamiento de las enfermedades nerviosas y mentales en la sociedad actual y conocer, asimismo, las causas de su producción (tanto primarias como secundarias) y los remedios a aplicar tanto de índole general (salud pública) como a nivel personal (cada individuo en particular). Se exponen también unas particularidades en este ámbito que se dan en el mundo de las personas mayores.

Fotografía de Víctor López
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Sobre el Autor. Víctor López García. Médico Gerontólogo. Médico Escritor. Responsable del área de salud en UDP. Autor del libro “Longevidad extrema: un desafío existencial”.

 

 

El aforismo pronunciado por aquel poeta romano que se llamaba Décimo Junio Juvenal ”Mens sana in corpore sano” sigue estando vigente en la actualidad, y cuyo significado se ha extendido por todo el mundo y en todos los ámbitos psicológicos, sanitarios, sociales y culturales.

Dicho aforismo confirmó por primera vez la indisolubilidad del cuerpo y la mente (unidad física-psíquica) de la naturaleza humana.

A partir de esta concepción también han surgido muchos conceptos e interpretaciones en el contexto de la medicina psicosomática y de la medicina personalizada y, partiendo también de aquel otro aforismo de Hipócrates, padre de la medicina ”no hay enfermedades sino enfermos”

¿Por qué son tan frecuentes las enfermedades nerviosas y mentales en la sociedad actual?

Se evidencian múltiples causas:

Heridatarias:

Causas hereditarias que se transmiten de padres a hijos.

Influencia del medio ambiente artificial:

La influencia del medio ambiente artificial, como producto o consecuencia del progreso material y de la civilización (industrialización).

El apartamiento del hombre del ambiente natural (pérdida del contacto con la Naturaleza) ha originado en éste un deterioro (desequilibrio) del cuerpo y de la mente.

A este respecto, no hay más que observar a nuestro alrededor- sobre todo, en las grandes urbes- como los seres humanos están apresados por las prisas, los conflictos, las competencias y las exigencias que crean un continuo estrés psicosocial, profesional y tecnológico, cuyas manifestaciones son la angustia, la ansiedad, el insomnio crónico, los trastornos cardiocirculatorios, digestivos… siendo muchos de ellos de origen psicosomático o ambiental.

El hombre postmoderno se halla inmerso en un estado de continua alerta, por las exigencias y compromisos contraídos con la lucha por la vida diaria en todos los sentidos, y muchas veces, acaba en un agotamiento nervioso crónico.

El medio ambiente artificial, además, genera ruidos, ondas electromagnéticas, estrés oxidativo, gases perjudiciales que respiramos…y, todos los ciudadanos lo vivimos diariamente en nuestra propia carne, aunque, a veces, pasa desapercibido, no lo percibimos o no le prestamos atención (porque estamos muy ocupados con nuestros propios asuntos) para captarlo.

De ahí surgen reacciones neuróticas, depresivas, agresivas, irritativas, violentas… en el comportamiento de los ciudadanos y que vemos por doquier.

 Las alarmas y peligros globales:

Son casos manifiestos e ilustrativos la percepción a través de la prensa y de los medos de difusión el acontecimiento trágico  de guerras como la de Ucrania, la repercusión desfavorable del cambio climático, el surgimiento de pandemias mundiales como la del coronavirus y la de la  viruela del mono…desequilibrios de la situación financiera mundial, con repercusión de pérdida de puestos de trabajo, aumento de la carestía de vida, del precio de los alimentos, crisis energética  con aumento del precio del consumo eléctrico y del gas…

Materialismo,  utilitarismo y consumismo:

Se da un materialismo, utilitarismo y consumismo acérrimos en la sociedad actual que hacen perder o debilitar los valores humanistas, éticos y espirituales, que son los que verdaderamente sustentan el equilibrio bilógico-psicológico, social y espiritual del hombre en su contexto existencial.

Todo este espectro de variables amenazantes crea preocupación e incertidumbre, lo que, a su vez, aumenta la incidencia de las enfermedades psíquicas y mentales en la ciudadanía.

Podemos decir a ciencia cierta, que el mundo en esta época que estamos atravesando, vive un momento convulso y preocupante.

Por añadidura, la violencia y la insensibilidad humana están creciendo de una manera asombrosa.

Particularidades de las enfermedades mentales y nerviosas en las personas mayores

El efecto del envejecimiento biológico, y tanto más del patológico o prematuro se va manifestando cada día más a lo largo de la vida e incide muy directamente en las facultades mentales y corporales de la persona envejeciente.

 Aunque en unos casos más y en otros menos puede afectar más a la parte corporal que a la mental o viceversa.

Como la predisposición hereditaria es diferente en cada persona y el curso de la vida (envejecimiento) también lo es, hay personas que conservan sus facultades perfectamente lúcidas hasta edades avanzadas y, otras, sin embargo, las que se han cuidado poco o han llevado una vida malsana empiezan a sufrir pérdida de memoria, deterioro cognitivo, manifestaciones de envejecimiento prematuro, ya a partir de los 60-65 años.

En las personas mayores, además, se dan múltiples incidencias y circunstancias desfavorables como las enfermedades limitantes, la soledad, la pobreza, la vida sedentaria, el inmovilismo, la discriminación por edad que hacen aumentar la incidencia y prevalencia de las enfermedades mentales y nerviosas en este colectivo etario.

Este hecho se pone especialmente de manifiesto en las mujeres de edades avanzadas y muy avanzadas.

Las psicosis

Un capítulo aparte en el estudio de las enfermedades mentales son las psicosis (esquizofrenia, psicosis maníaco-depresiva…); enfermedades mentales, por cierto, muy serias, que deben ser tratadas por los especialistas correspondientes (psiquiatra, neuropsiquiatra, geriatra…).

Estas enfermedades mentales también las pueden padecer las personas mayores con matices específicos; pero, por su naturaleza especial, no se contemplan en este artículo.

Soluciones y remedios: Un abordaje multidimensional, integrativo

Habría que seguirse las siguientes pautas de actuación:

1. Concienciación, promoción proactiva por parte de la sociedad, autoridades sanitarias competentes sobre el gran valor que tiene la salud mental a lo largo de la vida de las personas, pues, se trata de una herramienta fundamental para vivir con salud, bienestar, triunfar y gozar de la vida.

2. Recursos personales:

  • Autoexamen
  • Autosugestión
  • Entrenamiento y control mental
  • Meditación
  • Actividades lúdicas y de entretenimiento gratificantes y relajantes
  • Recurrir a fuentes documentales informativas y formativas fidedignas (libros de consulta, conferencias, debates, jornadas…

3. Ayuda ajena (psicoterapia cognitiva, conductual, de apoyo, catarsis, psicofármacos…) 

4. Recursos públicos, actos públicos, campañas concienciadoras y promotoras de la educación a favor de la salud mental individual y social

Cuatro consejos para cuidar la salud mental

1º Cuidar la mente y el cerebro con esmero durante toda la vida de una persona.

Considerar el cerebro como el órgano rector principal de la vida humana, del cual depende muy directamente el bienestar personal, la capacidad mental, el manejo hábil de los sentimientos y de los afectos, la autonomía, la independencia y en última instancia, la felicidad.

2º Someter la mente a un análisis oportuno, por la propia persona (autoanálisis, revisión mental) o por un profesional competente externo (psicólogo, psiquiatra, psicoanalista…) cuando se presenten desequilibrios mentales o nerviosos manifiestos o sospechosos.

3º En el cuidado de la mente hay que cuidar también la parte corporal (nutrición, ejercicio físico, relajación, sueño…) y, las dimensiones éticas, espirituales, sociales, lúdicas y culturales de la persona.

4º La sociedad, las familias y la comunidad en general deben evitar estigmatizar a los enfermos mentales, neuróticos, neurasténicos, histéricos, hipocondríacos, etc. ya que son enfermos, que deben ser tratados como los demás enfermos.

Asimismo, debe imperar una cultura en la sociedad, en la que se inculque a que el enfermo mental o nervioso acuda al profesional lo antes que pueda (antes que la dolencia se acentúe, se agrave o cronifique), suprimiendo dicha estigmatización o lo que puedan decir los familiares, compañeros, los amigos y la sociedad en general sobre este tipo de enfermedades (bajo la sombra de la estigmatización).

 

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