Científicos de la clínica Mayo en Estados Unidos han liderado un trabajo en el que describen un nuevo tipo de fármacos: los senolíticos. Tienen como característica que son capaces de matar solamente las células que se encuentran en senescencia. Las células en este estado se caracterizan en que han dejado de dividirse. La diferencia con las células quiescentes es que estas últimas están en un paso intermedio en el ciclo celular previo a la división. Las células senescentes han entrado ya en un estado terminal de no división. Pues bien, estas células senescentes tienen elevados niveles de una serie de proteínas antiapoptóticas o de supervivencia. La apoptosis es la muerte celular programada o suicidio celular. Mediante este mecanismo nuestro organismo mantiene control sobre las células de una manera ordenada.

Las células innecesarias (por ejemplo, aquellas que en el embrión están en la zona interdigital mueren para formar los dedos),  o aquellas que son potencialmente peligrosas (aquellas células que por ejemplo tengan mutaciones en los mecanismos de control celular y pudieran generar tumores) entran en apoptosis y desaparecen de manera limpia y ordenada.

Las células senescentes aparecen especialmente durante el envejecimiento y en especial en los lugares más afectados por éste. La sobreexpresión de los factores de supervivencia es la que provoca que las células senescentes no acaben muriendo. Los investigadores, mediante tecnología de ARN de interferencia, consiguieron reducir los niveles de estas proteínas de supervivencia provocando la muerte de las células senescentes, pero sin matar ni a las células quiescentes ni a las células que estaban dividiéndose. Empleando fármacos que tienen como diana estas proteínas implicadas en las supervivencia los investigadores consiguieron provocar la muerte de las células senescentes. Estos fármacos son el Dasatinib y la Quercetina, que actualmente están en uso para el tratamiento del cáncer, entre otras patologías.

Para comprobar la eficacia de estos compuestos en modelos animales, los investigadores los probaron en ratones que padecían una patología similar a una enfermedad relacionada con el envejecimiento en humanos como es la progeria. También en animales donde se les había irradiado uno de sus miembros y en animales viejos. Después de una dosis de los fármacos, los animales viejos presentaban una mejora en la función cardiaca. Y después de una sola dosis, los ratones a los que se les había irradiado un miembro (en donde las células senescentes se acumulan, exactamente igual que pasa con pacientes que reciben radioterapia) eran capaces de presentar mejoras en la movilidad del miembro hasta 7 meses después del tratamiento.