Rafael Alberti abre una serie de semblanzas de personajes que practican o practicaron un envejecimiento activo. Los textos y las caricaturas pertenecen a “Los hijos del Tiempo” del médico y divulgador científico Pedro Gargantilla.

“La libertad no la tienen los que no tienen su sed”. Esta es quizás una de las citas más conocidas del poeta gaditano Rafael Alberti, considerado uno de los mayores literatos de la Edad de Plata de la literatura española.

Rafael Alberti nació el 16 de diciembre de 1902 en El Puerto de Santa María (Cádiz), en el seno de una familia de origen italiano dedicada al negocio vinícola. Sus padres decidieron darle una educación católica y apostólica y le internaron en el colegio de los jesuitas de San Luís Gonzaga. Allí sintió la opresión asfixiante de la férrea disciplina de los jesuitas, lo cual hizo que el pequeño Rafael se revelara contra sus profesores. ¿El resultado? Alberti fue expulsado del colegio en 1916 por su reiterada mala conducta.

Haciendo amigos en Estocolmo

Muchos son los que piensan que a Rafael Alberti no le dieron el Premio Nobel de Literatura simplemente porque era comunista. Esta hipótesis carece de todo fundamento, ya que ha habido otros literatos comunistas que sí lo han recibido, tales como Pablo Neruda o Miguel Ángel Asturias.

La razón es otra. Se cuenta que en Suecia existía una enorme admiración hacia la poesía de Alberti hasta el punto de que llegaron a organizar conferencias en torno a su obra y se invitó al poeta a participar en ellas. Al principio Alberti estaba encantado con la idea, pero cuando todo estaba  organizado el poeta renunció a ir. ¿La causa? No se sabe bien, Alberti alegó que no se le había perdido nada en los países nórdicos y que allí cómo iban a entender la gracia de la poesía gaditana. En definitiva, suspendió su viaje. Es más, en las mismas fechas que debía estar en Estocolmo viajó  a Roma, porque allí le habían concedido un premio que consistía en 30 ó 40 botellas de vino. ¡Con estos desplantes cómo le iban a conceder el Nobel el jurado de la Academia!

De pintor a poeta

En 1917 su familia abandonó Cádiz y se estableció en Madrid, en donde inició una etapa como pintor de vanguardia. La verdad es que no le fue mal e incluso llegó a realizar un par de exposiciones, una de ellas en el Ateneo madrileño. Todo parecía indicar que su lugar estaba junto a los pinceles. Sin embargo, todo cambió en 1920, el año en que falleció su padre. Fue precisamente ante el cuerpo sin vida de su padre donde escribe sus primeros versos. Acababa de nacer el Alberti poeta.

Poco tiempo después una infección pulmonar –probablemente la tuberculosis– le obligó a tener que desplazarse hasta la sierra de Guadarrama, en Madrid. La paz y el aire de la serranía fueron la inspiración que necesitó para comenzar a escribir su célebre “Marinero en tierra”.

De vuelta a Madrid conoció a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillen, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego, al tiempo que frecuentó la célebre Residencia de Estudiantes. Es muy posible que en esos momentos surgiera el germen de lo que más adelante sería la Generación del 27.

Comunista hasta la médula

En el año 1927 nació el Alberti político y su implicación  con la izquierda, poco tiempo después se afilió al Partido Comunista Español y se declaró partidario de la república. En marzo de 1937 se entrevistó, junto con Teresa León, con el presidente de la desaparecida Unión Soviética –Josep Stalin– durante dos largas horas. Aquella entrevista con el mandatario soviético le impactó, hasta tal punto que en 1953 escribió un poema dedicado al camarada soviético:

José Stalin ha muerto,

padre y maestro y camarada

quiero llorar, quiero cantar,

que el agua clara me ilumine

que tu alma clara me ilumine

en esta noche que te vas.

 

Al terminar la Guerra Civil Española se vio obligado a exiliarse. Primero eligió Francia, donde no fue bien recibido, posteriormente optó por Chile, Argentina e Italia. No volvería a España hasta el inicio de la democracia, etapa en la que llegó a participar activamente como diputado por el Partido Comunista.

Una de sus últimas composiciones fue “Canciones para Altair”, escrita cuando ya había cumplido los 87 años. Rafael Alberti falleció en 1999 en la ciudad que le vio nacer, cerrando así el ciclo de la vida.