Resiliencia: ¿Qué hacemos cuando viene una desgracia?

El Doctor Pedro Montejo, Médico Psiquiatra nos habla sobre la importancia de aumentar nuestra Resiliencia y cultivarla todo lo que podamos.
Resiliencia, en imagen, una margarita florece en una tierra cuarteada
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Donde unos quedan heridos para siempre, la persona resiliente surge y vuelve a la vida plena. Donde unos fracasan y quedan hundidos, otros se refuerzan y comienzan un proceso de desarrollo y superación. – Pedro Montejo. Médico Psiquiatra

¿Qué es la Resiliencia?

¿Significa “Resistencia”? Casi, casi. Si tomamos una goma y la estiramos pueden ocurrir dos fenómenos: o bien se rompe o bien, cuando dejamos de estirar, vuelve a su longitud anterior.

El volver a la situación de equilibrio después de haber sido estirada, eso es la Resiliencia.

En el aspecto humano, sería haber sido tocado o incluso lesionado por la adversidad, pero volver a la situación de equilibrio cuando ésta ha pasado.

En las personas, la Resiliencia tiene dos componentes, resistir lo adverso y crear un vivir y un comportamiento que, muchas veces, será nuevo. 

Nota: Aunque lo que vamos a decir vale para todas las edades, nuestro pensamiento está centrado en los destinatarios de este blog, que son sobre todo los mayores.

Un modelo de Resiliencia

Nadie puede escapar al sufrimiento porque forma parte de la vida y tendremos que afrontar en un momento u otro, la diferencia la marcan aquellas personas que aprenden a ver la parte buena de las cosas y que como consecuencia desarrollan una actitud adecuada para sobreponerse a ellas”. – Viktor Frankl.

Viktor Frankl fue un neurólogo y psiquiatra judío al que los nazis hicieron prisionero como a muchos otros.

Fue llevado con sus padres y sus dos hermanos a un campo de concentración, toda su familia murió, pero él se mantuvo con vida.

Ha llegado a ser el fundador de la Logoterapia y de la Filosofía Existencial y ha escrito numerosos libros, quizá el más importante o conocido sea “El hombre en busca de sentido”.

Él mismo buscó sentido a su vida en la terrible adversidad y, después, tras la liberación.  Viktor Frankl es un modelo de Resiliencia.

Entre las frases que podemos leer en sus escritos, está aquella que dice: “Nadie puede escapar al sufrimiento porque forma parte de la vida y tendremos que afrontar en un momento u otro, la diferencia la marcan aquellas personas que aprenden a ver la parte buena de las cosas y que como consecuencia desarrollan una actitud adecuada para sobreponerse a ellas”.

Aquí reside la base de lo que es la Resiliencia. Un acontecimiento estresante, más o menos adversa o terrible, y una recuperación después del acontecimiento.

Donde unos quedan heridos para siempre, la persona resiliente surge y vuelve a la vida plena.

Donde unos fracasan y quedan hundidos, otros se refuerzan y comienzan un proceso de desarrollo y superación.  

Los acontecimientos vitales estresantes. Reacciones

¿Cuáles son estos acontecimientos estresantes?

Antes o después se presentan en la vida de todos: un problema escolar, el fracaso de un proyecto o actividad, un rechazo, la ruptura de una relación, una enfermedad propia, de un familiar o un  amigo, un cambio económico grave, un problema importante en el trabajo o en la actividad que se desarrolla, el dejar el trabajo por cualquier motivo (desempleo, cierre de la empresa, a veces la jubilación), un fallecimiento, etc. 

Cuando tiene lugar uno de estos acontecimientos, hay quien pierde la confianza en sí mismo, se deprime, se repliega sobre sí, se vuelve solitario y con miedo a la sociedad y la vida, siente que ha fracasado y que su vida no tiene sentido. 

Pero también hay otras personas que reflexionan, piensan que es una piedra en el camino, pero no es la destrucción; tratan de vivirlo extrayendo las enseñanzas que se esconden para conocerse a uno mismo y a los demás, sienten que hay muchas maneras de vivir que son plenas y dan felicidad.

Estas personas no se aíslan, no se quedan encerrados en sí mismas, valoran a los demás y lo que ellos pueden hacer, tratan de seguir disfrutando de la vida.

Diríamos que afrontan de modo exitoso el estrés y los acontecimientos estresantes. 

Lo adverso tiene dos componentes: el hecho en sí y su repercusión en nosotros.

Siempre podremos actuar sobre la repercusión que un suceso tiene en nosotros mismos, pero además si el suceso se puede modificar, como ocurre muchas veces, aunque no siempre, estaremos más preparados para modificarlo y volverlo menos dañino o incluso favorable a nosotros.

El mismo hecho: fallecimiento de un amigo íntimo; puede vivirse de varios modos: con pena y con tristeza y quedarse ahí, sólo tristeza y duelo, o bien, además de tristeza y duelo, pensar que la vida sigue y que hay que relacionarse más con las amistades, quedar más con ellas o hablar, comenzar nuevas relaciones (lo que sabemos que no es fácil), buscar actividades de grupo, colaborar en la ayuda a otras personas, etc.  Esto haría la persona que es Resiliente.

¿Cómo es la persona Resiliente?

¿Por qué mientras que unos reaccionan hundiéndose, otros se levantan una y otra vez?

Los estudiosos de la Resiliencia atribuyen una serie de cualidades o rasgos a las personas que actúan con resiliencia:

  • Capacidad de reflexión sobre cuanto sucede dentro de nosotros y fuera.
  • Autoestima (valorar lo que uno tiene de bueno, que siempre es mucho, y las propias capacidades).
  • Iniciativa, creatividad, independencia.
  •  Capacidad de pensamiento crítico.
  • Descubrir lo positivo que casi siempre existe incluso en las situaciones terribles.
  • Optimismo (ver el vaso siempre medio lleno y no medio vacío).
  • Perseverancia.
  • Sociabilidad (la persona sociable tiene más facilidad para reaccionar de modo adecuado).
  • Capacidad de control de la situación externa (control es el convencimiento de que uno puede influir de modo fundamental en lo que nos sucede).
  • Flexibilidad (sería: si  no puedo ir por este camino, elijo este otro que también me lleva a donde quiero).

Hay también elementos externos: apoyo de familiares y amigos, personas con las que valorar y compartir los propios problemas y estados de ánimo. A veces es muy conveniente el apoyo social: buscar ayuda en instituciones que proporcionan cuidados y apoyo.  

La reflexión

Si tuviéramos que destacar un punto de todos los anteriores, destacaríamos la reflexión.

Esta reflexión tiene dos objetivos: conocernos a nosotros mismos y reflexionar o conocer de modo correcto la situación que nos está estresando.

¿Para qué quiero conocerme a mí mismo?

Para saber mis fortalezas y debilidades, para saber en qué situaciones reacciono mejor y peor o cómo reacciono:

Para saber, por ejemplo, que cuando discuto con una persona me es muy difícil dar marcha atrás, que por orgullo, amor propio o, como diríamos hoy, por “cabezonería” soy capaz de perder más de lo que gano.

Para saber que, cuando he discutido con alguien, no me es fácil tender puentes de entendimiento y reconciliación, que siempre pienso que es la otra persona quien debe venir a disculparse.

En este caso último una persona resiliente vería cómo se puede acercar a aquella con la que ha discutido y  reanudar la relación y tratar de que esa persona vea también en qué se ha equivocado y actuado mal, naturalmente nosotros primero debemos estar dispuestos a reconocer nuestro fallo.

A todo esto, nos ayuda la reflexión. 

También debemos reflexionar sobre el hecho estresante.

Al reflexionar sobre lo que nos ha sucedido, podemos ver qué hemos hecho nosotros para que haya ocurrido ese suceso adverso; al reflexionar, sabremos si somos, o no, responsables de lo sucedido, podemos darnos cuenta de si se puede arreglar o no, conoceremos hasta qué punto es posible cambiar la situación y qué podemos hacer para aliviar los daños…

La Resiliencia no es algo que se tenga o no se tenga, como una bicicleta, o la tengo o no la tengo.

La resiliencia es una cuestión de grados, de más o menos. La hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida:

En la infancia con unos padres que nos daban seguridad y confianza, en la adolescencia y juventud resolviendo los problemas que iban apareciendo, teniendo iniciativas, estableciendo vínculos y abriéndonos al mundo, en la vida adulta siendo capaces de crear un entorno propio y controlar en lo posible nuestra relación con el exterior.

Todos somos más o menos resilientes, más o menos rígidos, más o menos amables, más o menos reflexivos.

La cuestión está en aumentar nuestra Resiliencia y cultivarla todo lo que podamos para que las adversidades no nos destruyan y para que nos hagan el menor daño posible o durante el menor tiempo posible. 

¿Cómo se cultiva la Resiliencia? ¿Qué puedo que hacer? 

Ya hemos dicho algo: primero reflexionar con frecuencia sobre cómo somos, cómo son los demás y cómo reaccionamos en las diversas situaciones. 

También podemos actuar sobre las cualidades o características que hemos señalado antes. 

Vamos a plantear algunos ejercicios: 

Optimismo

Ver lo positivo de la vida y de cuanto suceda.

Como ejercicio podemos empezar a contar cinco maravillas que tenga actualmente nuestra vida. Y ya que estamos en la era del COVID, ¿qué ventajas ha tenido para cada uno de nosotros el permanecer mucho más tiempo en casa? (dejar ahora las desventajas: esas las sabemos y nos las han repetido cien mil veces).

Confianza en uno mismo

Pensar que hemos sido capaces de construir nuestra vida, de hacer bien nuestras tareas; por lo tanto, seremos capaces de muchas más cosas, pero tenemos que proponernos realizarlas.

Hay que pensar que somos capaces de salir adelante, aunque estemos en situaciones dolorosas. Somos capaces de mirar hacia arriba, aunque a veces estemos en un pozo.

Ponerse objetivos y metas a conseguir

Todos los días al levantarnos deberíamos tener algo obligatorio para hacer. Por ejemplo:

Todos los días tengo que caminar durante una hora; todos los días tendré una hora de lectura; todos los días tengo que hablar un rato con una o dos amistades o familiares; todos los días tengo que enviar, por ejemplo, dos correos a gente conocida o hacerles dos llamadas de teléfono…

Una vez a la semana voy a una asociación a ayudar; una vez al mes voy a un cine o a un teatro o a un museo o a oír música, etc., esto será más fácil si se vive en una ciudad.

Incrementar los apoyos externos

Buscar la relación con otros:

Primero con la propia pareja (puede haber muchas actividades que se pueden hacer juntos, hablar sobre todo), con amistades (tener semanalmente al menos uno o dos contactos con los amigos: tomar café, pasear, juegos de mesa…), entrar en grupos o asociaciones, ir de modo frecuente a lugares como centros de mayores, parroquias…

Cada cual según su gusto, aficiones e ideología.

Tener iniciativas para salir del problema o conflicto

(Siempre que se pueda). En los dos párrafos anteriores hay varias actividades posibles, tener la iniciativa de desarrollar algunas de ellas.

En resumen: de todo lo anterior se desprende que la Resiliencia es algo necesario y es algo que nosotros podemos construir día a día.

Cuando lleguen los problemas a los acontecimientos estresantes estaremos mejor preparados.


Autor del Artículo: Dr. Pedro Montejo. Médico Psiquiatra.

Fotografía de Pedro Montejo

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