Son muchas las personas que en España empezaron a oír hablar de la discapacidad allá por la década de los 90, gracias al programa que se emitía en Onda Cero Radio de lunes a viernes, de tres a cuatro de la tarde, cuyo nombre era ‘Un mundo sin barreras’, presentado por Roberto Martín, un locutor invidente. Un espacio pionero que abrió nuevos caminos y que en 1996 vivió su momento cumbre al ser galardonado con el Premio Ondas al mejor programa de difusión nacional.

Martín contribuyó a cambiar la mentalidad de los españoles al difundir mensajes de denuncia y reivindicación, como la injusticia de prohibir la entrada de un perro guía a un restaurante, y mucho más grave, hasta delictivo, impedir el acceso de personas con discapacidad psíquica a estos locales, por si creaban incomodidad al resto de comensales.

Día Internacional de las Personas con Discapacidad

Lo que quizá no sepa tanta gente es que cada 3 de diciembre, desde 1992, se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, por acuerdo de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Con esta efeméride se pretende llamar la atención sobre la necesidad de construir una sociedad en la que tengan cabida todas las personas por igual. Este año se examinará el estado de la actual Convención sobre los derechos de las Personas con Discapacidad, destacando el papel de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible necesarios para alcanzar un mundo más inclusivo e igualitario para las personas con discapacidades.

Falta mucho por hacer, pero es justo reconocer que desde 1992 hemos avanzado considerablemente, porque en este tiempo han sido muchas las barreras derribadas, tanto arquitectónicas como mentales. Unas y otras ayudan a integrar y a combatir la discriminación. Hemos pasado del concepto de derribar barreras a la prioridad de construir sin ellas. Con la campaña #Barreras reales #Barreras mentales, thyssenkrupp Encasa se suma a esta iniciativa en favor de la accesibilidad.

Con la caída de las barreras arquitectónicas, derribamos los muros físicos. Eliminando escaleras e instalando ascensores, las personas pudimos llegar sin esfuerzo más arriba, más rápido.
Derribando las barreras mentales estamos logrando la normalización social, al igualar las posibilidades para que toda las personas participen de la vida pública, del ocio y del trabajo. Si no hubiera cambiado la mentalidad de la sociedad, los Gobiernos no habrían invertido en la implantación de ascensores y plataformas en numerosos espacios públicos: ministerios, transportes, hospitales…, permitiendo con ello el libre acceso a las personas de movilidad reducida.

Romper barreras es rentable socialmente y además genera puestos de trabajo

Antes se decía que no se podían acometer tamañas inversiones porque resultaban muy caras; hoy prima la rentabilidad social de estos proyectos, que además, generan riqueza. La inversión en diseño accesible propicia una gran actividad económica y crea numerosos puestos de trabajo.

Hemos avanzado mucho, pero aún nos queda mucho trabajo por hacer, sobretodo en el mundo rural. Debemos ser solidarios y promover la eliminación de las barreras desde su origen. Hemos pasado de corregir edificios inaccesibles, a construir con diseños universales en los que todos tenemos cabida, sean cuales sean nuestras capacidades. Todos tenemos capacidades diferentes, por lo que nadie debe quedar al margen de participar en una sociedad cada vez más concienciada y preocupada por la accesibilidad.

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