La celebración de la Capitalidad Europea, es sin duda una buena excusa para acercarse a San Sebastián, y de paso conocer algunos de los monumentos que más importancia espiritual tienen no solo para los guipúzcoanos, sino para el resto de los vascos.

Iniciamos el recorrido en Azcoitia, “villa de los caballeritos” donde podremos visitar la iglesia de Santa María la Real, antes de acercarnos hasta el primero de nuestros destinos el Santuario de Loyola. 

Santuario y Basílica de Loyola

Interior de la Basílica de Loyola, donde llama la atención su cúpula, y la utilización del mármol en su decoración.

Interior de la Basílica de Loyola, donde llama la atención su cúpula, y la utilización del mármol en su decoración.

Se ubica a orillas del río Urola, entre las poblaciones de Azpeitia y Azcoitia, y junto al de Santuario de  Arantzazu, es el más importante del País Vasco. Es un complejo arquitectónico que se construyó en torno a la casa natal de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, más  conocida como los Jesuitas.

El Santuario ocupa una amplia extensión destacando entre todos los edificios, la basílica. La primera piedra se colocó en 1689 pero habría que esperar hasta el 31 de julio de 1738, fiesta de San Ignacio, para su inauguración. Toda la obra, en la que trabajaron hasta 600 canteros, se realizó a base de grandes bloques de mármol extraídos del monte Izarraitz.

Tanto desde el exterior como desde el interior destaca su impresionante cúpula de 20 metros de diámetros y 65 metros de altura. La estructura de la cúpula es doble. Hay una cúpula externa, hecha de piedra caliza, y otra interna de arenisca, mucho más blanda y fácil de trabajar. Entre ambas hay una separación de medio metro, y ambas por diversos motivos estructurales, achacados al diseño y a los problemas de la construcción, han tenido que ser restauradas y reforzadas a finales del siglo XX y a principios del XXI.

En el interior destaca también el altar mayor realizado en la segunda mitad del s.XVIII, es de estilo churrigueresco trabajado en mármol, incrustándose diferentes tipos de mármoles en otros, utilizando la técnica de taracea.

Además de la Basílica, el Santuario cuenta con la casa natal de San Ignacio de Loyola, un Museo Sacro, un centro de espiritualidad, un albergue, una biblioteca y jardines que alberga el cementerio  del monasterio, y cuyo acceso el reservado.

Merece la pena visitar la Casa Natal de la familia de Oñaz y Loyola, cuyo linaje se conoce desde el siglo XIII. Sus muros de casi dos metros de espesor, conserva las  troneras, y  bombardas antiguas de la original fortaleza medieval.

Su proximidad con San Sebastián, 44 km, convierten el Santuario en uno de los centros más visitados de Euskadi, tanto por turistas como por peregrinos. Para estos últimos Loyola es el inicio del Camino Ignaciano que recrea el viaje que realizó san Ignacio en el año 1522 desde aquí hasta Manresa (Barcelona), donde la denominada “cueva de San Ignacio” recuerda al fundador de la Compañía de Jesús.

El Camino Ignaciano tiene 675 km y discurre por las Comunidades Autónomas de Euskadi, La Rioja, Navarra, Aragón y Catalunya.

Después de visitar el que muchos consideran uno de los centros espirituales del País Vasco, tomamos la GI 631 hasta llegar a Zumárraga donde se ubica la considerada como catedral de las ermitas, La Antigua o Ermita de Santa María. 

Ermita de Santa María (La Antigua)

El techo de `La Antigua´, como el resto del templo está hecho de madera y simula el casco de un barco.

El techo de `La Antigua´, como el resto del templo está hecho de madera y simula el casco de un barco.

La ermita de Santa María (La Antigua), está considerada como la catedral de las ermitas vascas. Se cree que la iglesia se construyó sobre un antiguo fuerte defensivo del s. XII, tal y como datan algunos elementos de su construcción. Aparece mencionada en documentos del s. XIV ya como parroquia dedicada a Santa María, aunque anteriormente estuvo dedicada a Santa Isabel.

Constituye un ejemplo claro del románico vasco, del que tan pocos monumentos perduran hoy en día, con elementos arquitectónicos del periodo de transición románico-gótico. Su exterior es austero, frente a un interior cuya cubierta en artesonado de madera en roble recuerda el casco de un barco al revés, debiendo su construcción a carpinteros de ribera.  Son muy curiosos también, los relieves que se pueden ver en parte de su maderamen interior, además de motivos geométricos, aparecen talladas cabezas y bustos de mujer , o un dragón;  ruedas y cruces gamadas, representativas en su origen céltico del sol y del fuego.

La ermita, guarda también dos obras de especial interés; una talla gótica de “Andra Mari” (la virgen María) y otra de los grupos de la Piedad más antiguos de Guipuzcoa.

Situada en la ladera del monte Beloki, próximo a Zumarraga, desde aquí se divisan unas hermosas vistas sobre los pueblos vecinos Legazpi, Zumarraga, Urretxu, Irimo.

Como no podía ser de otra manera, sobre La Antigua existen varias leyendas, uno de ellas cuenta como mientras los cristianos intentaban construirla, los gentiles les lanzaban grandes piedras desde la sierra de Aizkorri para impedirlo, material que utilizaban los primeros para terminar la iglesia.

El 2 de julio, los vecinos de la comarca suben desde primeras horas de la mañana para celebrar la festividad de Santa Isabel. Después de la misa, los dantzaris de la localidad, tras una breve procesión alrededor del templo, ejecutan ante el altar una antigua Danza de Espadas, la Ezpata Dantza de Zumarraga, repitiéndola más tarde en el exterior; donde bailan también el Aurresku…

Continuamos por la GI 2630 hasta llegar a Oñate, donde se encuentra la patrona de la provincia, el Santuario de Arantzazu.

Santuario de Arantzazu

El santuario se encuentra dentro del parque natural Aizkorri-Aralar.

El santuario se encuentra dentro del parque natural Aizkorri-Aralar.

Situado en el municipio de Oñate (Guipúzcoa), aquí se venera a la Virgen de Aránzazu,  que según cuenta la tradición se habría aparecido en 1469, sobre un espino a un pastor y éste, asombrado, le preguntó: “Arantzan zu?” (¿Tú en un espino?). Durante los siguientes siglos los frailes franciscanos hicieron de Arantzazu un lugar de devoción y peregrinación, y un exponente del arte y la cultura.

La ubicación del santuario es excepcional, a 750 m de altitud, a los pies de las campas de Urbia, una gran extensión de prados situada en medio de una sucesión de barrancos y oquedades, montes rocosos y pequeños ríos que se pierden en el fondo del valle bajo el edificio del santuario.

Situado dentro del parque natural Aizkorri-Aralar, es uno de los puntos de partida más conocidos de la provincia para realizar numerosas excursiones, en especial al macizo de Aitzkorri, a los montes de la sierra de Elguea y al complejo pastoril de Urbia.

El edificio original del s. XIV, desapareció a raíz de los distintos incendios que sufrió en 1553, 1622 y 1834 (del que se conserva solo la cripta), teniendo que ser reedificado otras tantas veces. En los años 50 del s.XX, se decidió levantar una nueva e impresionante basílica, construyéndose al borde del precipicio, y constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura vanguardista vasca.

Así, en medio del barranco se alzan las altas torres de la fachada y el campanil, cubiertas de miles de puntas de diamante calizas, que suponen una continuidad del paisaje kárstico de la zona, y una referencia a las afiladas púas del espino.

Las cuatro puertas de acceso al templo, obra de Eduardo Chillida, están casi hundidas en la tierra tras el descenso de una empinada escalinata, sugiriendo, en su apariencia mineral, el ingreso al mundo de las regiones subterráneas.

Ya en el interior del templo, el ábside de la basílica llamado por algunos `la Capilla Sixtina del siglo XX”, con una superficie de 600 m², fue realizado en cinco meses. Concebido en madera tallada y policromada en él se halla la Virgen en su camarín, en medio de una alegoría de la naturaleza.

En la villa monumental de Oñati, se puede visitar también la renacentista Universidad de Sancti Spiritus, la primera y única Universidad de Euskadi desde su fundación en el s.XVI hasta el s.XX; la parroquia de San Miguel, con su claustro asentado encima del río, y las abundantes casas-torre y palacios.