El portal del CSIC Envejecimiento en Red ha publicado un interesante artículo sobre la diversidad etaria en España. Se trata de un índice que mide cómo son de heterogéneas las distintas localidades españolas, es decir, cuanta gente de diferentes edades vive en os distintos sitios. En España la situación es preocupante, especialmente en algunas zonas rurales. Allí, lo más probable es que los vecinos que se crucen durante el día sean todos mayores de 65 años, y generalmente mujeres.

En el artículo de Puga González, M.D.; Abellán García, A.; Pujol Rodríguez, R. “Dónde y entre quién viven las personas mayores”, se explica que en el mundo rural los problemas aumentan en relación inversa a su población y a su capacidad de respuesta. La dispersión de la población en núcleos pequeños y distantes dificulta la prestación de servicios, ya que esto exige una proximidad del productor del servicio al beneficiario. La concentración de servicios sociales y de salud en centros urbanos favorece una mejor relación coste/servicio/beneficio; es factible atender a un mayor conjunto de población con la misma inversión económica. En España hay 8.117 municipios, de los que 5.831 tienen menos de 2.001 habitantes (72% de todos los municipios); a estos los consideramos rurales; 1.534 municipios tienen entre 2.001 y 10.000 habitantes, que llamamos intermedios; el resto son urbanos, 752 municipios.

Además de la dispersión, el mundo rural sigue perdiendo población y dejando como residentes a personas mayores que han decidido no trasladarse a la ciudad, o no han podido o ni se lo han planteado. En 2014, viven 2.773.849 personas en los municipios rurales (6% de la población de España), de las que 774.799 son personas de edad (65 y más años), que suponen el 28% de la población rural. Sin embargo, el mayor número de personas de edad se concentra en los municipios urbanos (6,3 millones) e intermedios (1,3 millones); por ejemplo, en los dos municipios más grandes de España (Madrid y Barcelona) viven casi un millón de personas mayores, 200.000 más que en todos los municipios rurales.

Un reto añadido viene dado por la distribución de las distintas generaciones en el territorio, pues los territorios que han perdido más rápidamente población por emigración, han perdido también heterogeneidad generacional. Las relaciones sociales en las que participan miembros de distintas generaciones favorecen un mayor nivel de bienestar en la vejez, al facilitar a la persona de edad el acceso a un mayor abanico de información y recursos de distintos tipos.

Por tanto es relevante no sólo en dónde viven los mayores sino también entre quién viven. El índice de diversidad etaria mide la probabilidad de un vecino de encontrarse con otro vecino de un grupo de edad distinto al suyo (se toman los tres grandes grupos de edad: jóvenes, adultos y mayores), es decir, mide la heterogeneidad generacional. Cuanto más alto es el índice (colores verdes) mayor es la diversidad o heterogeneidad generacional; y cuanto más bajo es el índice (colores rojo y naranja), mayor concentración de personas del mismo grupo de edad.

En amplias zonas del interior de Galicia, ambas Castillas, Aragón, interior de Cataluña, Extremadura y Andalucía Oriental, que se corresponden con miles de municipios rurales, y si exceptuamos las áreas urbanas y sus áreas de influencia, puede observarse cómo los mayores viven fundamentalmente entre mayores, con escasa diversidad generacional, que no les permite aprovechar plenamente todos los beneficios de vivir en sociedad.