Un artículo publicado en The Guardian, y que replica El Diario, nos pone los dientes largos sobre la manera en que Dinamarca cuida a sus ciudadanos jubilados. Podemos aspirar a conseguir algo similar para la atención a las personas mayores en España?

“Gastamos mucho dinero en nuestros mayores en Dinamarca. Es una de las áreas que cuenta con más consenso en el Parlamento”, afirma Kirsten Ketscher, profesora de Seguridad Social y Asistencia Social en la Universidad de Copenhague. “Todos los partidos políticos coinciden en que los pensionistas han aportado mucho a la sociedad, por lo que es justo que ahora reciban mucho a cambio”.

El famoso Estado del bienestar danés está financiado a través de un impuesto de más del 50% sobre los salarios, que la mayoría de los jubilados han pagado durante 40 años. “Así que es casi imposible arrebatarles un derecho que está amparado por la ley”, afirma Ketscher.

Mientras los países más ricos del mundo, incluido el Reino Unido, valoran la mejor forma de administrar sus recursos limitados para cuidar de las personas mayores, Dinamarca puede ofrecer varias soluciones. El país emplea el 2,2% de su PIB en el cuidado de las personas mayores, por detrás sólo de Suecia, y los daneses de más de 65 años reciben una pensión básica de 8.000 coronas (1.068 euros) al mes, antes de impuestos.

Aquellos que no cuentan con un sistema de pensiones privado o cualquier otro ingreso tienen derecho a otras ayudas, así como descuentos en las medicinas e impuestos más favorables.

Estas medidas en beneficio de la tercera edad son apoyadas por consejos de jubilados existentes en cada municipio, donde los líderes de las cinco regiones de Dinamarca se reúnen con las autoridades locales y profesionales para implantar mejoras en los servicios cada tres años.

“Estamos bien informados de nuestros derechos, hemos pagado nuestros impuestos y ahora esperamos que cuiden de nosotros”, dice Jane Holm, de 73 años, antigua administrativa de Copenhague. “Todo la gente que conozco goza de bastante buena salud, pero cuando mi suegra no podía limpiar (la casa) o cuidar de sí misma, y tuvo que ingresar en una residencia con 95 años, fue muy bien tratada”.

“Dinamarca se va a ocupar de ti como persona mayor”, coincide Rigmor Brond, de 73 años, una exprofesora de Kolding. “Me encuentro fenomenal ahora mismo pero sé que, si tengo algún problema, el Estado va a cuidar de mí. Ya sea para quedarme en mi propia casa o para ir a un hogar de ancianos donde pueda llevar una buena vida”.

Carstern Hendriksen es un geriatra y antiguo profesor de la Universidad de Copenhague que ha colaborado en la creación de muchas leyes que amparan a los ancianos de Dinamarca. Estas medidas legislativas incluyen el aumento de visitas a domicilio y pautas para los cuidados preventivos.

El profesor reconoce tres categorías de personas mayores: los sanos (seis de cada siete daneses encajan en esta clase); los que muestran señales de ciertas limitaciones funcionales que los doctores deben seguir de cerca; y la última categoría, que incluye a los que tienen serios problemas de movilidad o necesitan ser internados en un centro. “En Dinamarca, pagas con tu pensión para vivir en una residencia de ancianos, como el alquiler de un piso”, dice Hendriksen.

Una base de datos centralizada, donde los informes médicos de cada paciente están almacenados electrónicamente, ayuda a los hospitales y las autoridades locales a que colaboren para mejorar en los cuidados. Todos los octogenarios tienen garantizadas las visitas a domicilio para evaluar sus necesidades, y todos los viudos que superan los 65 años están controlados por si necesitan alguna ayuda. Además, ninguno de estos servicios se concede en función de los recursos. “Nuestras medidas han tenido éxito y el número de personas de este segundo grupo ha disminuido en los últimos años”, añade Hendriksen.

Los hogares de ancianos suelen ser controlados por los ayuntamientos, e incluso los centros privados son inspeccionados y subvencionados por las autoridades locales para ofrecer precios acordes con las instituciones públicas. “Se paga cerca de 5.000 coronas al mes (540 euros) por una residencia, más los gastos en comidas y limpieza”, detalla Hendriksen. Si alguien no puede pagarlo, el ayuntamiento evaluaría la situación financiera y ofrecería asistencia en base al importe de su pensión. Los que se quedan en casa también reciben apoyos.

“Reconocemos que es mejor y más barato mantener a las personas sanas en sus casas”, admite Hendriksen. “Así que reciben dinero para reformar sus casas y se les ofrece ayuda a domicilio, con independencia del nivel económico que tengan”.

Responsabilizarse del estado de la sociedad en su conjunto ha sido durante mucho tiempo parte de la tradición escandinava, y al ser una pequeña y rica nación, Dinamarca ha sido capaz de hacer cambios más fácilmente que otros países. “Hasta ahora el sistema parece estar funcionando”, dice Hendriksen, que se jubiló hace tres meses. “A veces escuchas historias de hospitales y residencias que se olvidan de estar pendientes de las necesidades de las personas mayores. Pero en teoría deberían intentarlo. Y la mayoría lo hacen”.