Zeus, rey de los dioses, condenó a Atlas a sostener el cielo más allá de las Columnas de Hércules. Atlas tuvo tres hijas, las Hespérides: Egle, Eritia y Aretusa. Las tres vivían en la tierra más occidental del mundo, unas islas maravillosas en el Océano Atlántico, un paraíso terrenal donde el clima era benigno y donde los árboles producían manzanas de oro. (Hesíodo, poeta griego del siglo V antes de Cristo).

Tenerife conserva  de su padre, Atlas, esa forma de alzarse al cielo, de querer sostener la bóveda celestial. En medio de la Isla, como un titán de roca, surge el Teide, la montaña mágica, que parte en dos a la Isla, a sus climas, a sus gentes y a sus paisajes.

El norte, azul y verde, mar y bosque, como El Parque Rural de Anaga, un Espacio Natural Protegido situado en el extremo nororiental de Tenerife. De La Cruz de Taborno, (1024 metros) descienden escarpadas laderas y profundos barrancos que llegan hasta el mar configurando espectaculares acantilados y pequeñas playas recónditas de arena negra volcánica, algunas sólo accesibles a pie o con barco.

Es uno de los espacios naturales de mayor valor paisajístico y ecológico de Tenerife por su especial configuración geológica y por la extraordinaria biodiversidad natural que alberga. Entre los hábitats naturales de Anaga destacan los bosques de Laurisilva, una formación boscosa considerada como una reliquia de los bosques que cubrían hace 20 millones de años la cuenca mediterránea. La Laurisilva necesita para su desarrollo un alto grado de humedad, unas precipitaciones de 500 a 1.100 mm. y una temperatura media anual de 15-19º C, sin heladas. Estas especiales condiciones se dan en la vertiente norte del macizo de Anaga, sometida a la permanente influencia de los húmedos vientos alisios que originan el denominado «mar de nubes». En Tenerife hay bosques de Laurisilva, además de en el Parque de Anaga, en el macizo de Teno, en Aguagarcía (Tacoronte) y la ladera de Tigaiga (Los Realejos).

En el extremo noroccidental nos topamos con un tesoro poco conocido y fuera de los circuitos habituales, la Isla Baja. Garachico, Buenavista, El Tanque y Los Silos forman una zona plagada de sabor y tradiciones, donde disfrutar del turismo rural en plena naturaleza.

La isla tiene aliciantes de todo tipo

 

Quizás apetezca pasar una tarde de compras en Santa Cruz, capital de la isla, o en La Laguna, cuyo casco histórico cuenta con la declaración de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Ambas ciudades son el deleite de cualquier comprador que tendrá difícil no sucumbir ante la gran oferta de artículos tanto electrónicos, como perfumes o cosmética. Las noches invitan a degustar esos sabores únicos de la oferta gastronómica de la Isla que aguarda al viajero con sorpresas culinarias que nacen de una exquisita combinación de tradición y modernidad.

En el sur luce el sol casi los 365 días del año a una temperatura media anual de 23 grados: la eterna primavera. Las oportunidades son innumerables, pudiendo elegir entre la exclusividad de costa Adeje, la animación de playa de Las Américas, un paseo por el pueblo de Los Cristianos, la tranquilidad de Santiago del Teide o bien olvidarte del estrés cotidiano y relajar mente y cuerpo en cualquiera de los mejores centros de SPA, independientes o incorporados a selectos hoteles de la mayor calidad; con tratamientos especiales a base de piedras volcánicas, algas, envolvimientos de frutas o chocolate, masajes tradicionales, orientales, hidroterapia…

Puertos pesqueros con auténtico sabor marinero como el de Los Cristianos o Puerto Santiago, excursiones para avistamiento de cetáceos en Punta de La Rasca, o calas y fondos marinos de valor único para bucear.

Por todo lo dicho anteriormente la condena de Zeus a Titán no fue tan dura como parece. ¡Qué mejor sitio para sostener el universo que las Islas Canarias!