Podemos iniciar nuestro paseo por el Ávila teresiano, parando en los Cuatro Postes (1566). Desde este humilladero obtenemos una visión única de la muralla de la ciudad, siendo aquí según cuenta la leyenda, donde la niña Teresa, de apenas siete años, fue detenida junto a su hermano Rodrigo, por su tío Francisco de Cepeda cuando iban a tierra de moros dispuestos a sufrir martirio.
Su padre, Alonso Sánchez de Cepeda, hijo de un judío converso toledano alentó su afición a la lectura, en especial de los libros de caballería; mientras su madre, la noble castellana doña Beatriz de Ahumada, muy devota, sembraría su fe.
Teresa de Cepeda y Ahumada, nació un 28 de marzo 1515 en Ávila, siendo bautizada el 4 de abril de 1515, en la iglesia de San Juan en una pila gótica (S.XV) que aún se conserva. En 1527, cuando Teresa tenía 12 años muere su madre. Cuatro años después, su padre la ingresa contra su voluntad en el Convento de Nuestra Señora de Gracia, donde se educaba a doncellas nobles, pero una grave enfermedad la obliga un año más tarde a regresar a casa. De aquella época se conserva el comulgatorio y el confesionario, ya que la iglesia sufrió un grave incendio hace 400 años, cuyos restos aún son visibles en su techo.

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En 1535 ingresa en el Convento de la Encarnación, que curiosamente fue inaugurado en su actual ubicación el mismo día de su bautizo. Allí vivirá el paroxismo que la llevará a las puertas de la muerte, la pena por el fallecimiento de su padre, sus periodos de desesperanza y de oración; y allí conoció a Francisco de Borja, Juan de la Cruz y de Pedro de Alcántara. Y sobre todo, desde aquí preparará la Reforma del Carmelo, para volver la orden a la austeridad, la pobreza y la clausura.
A finales del s. XVI, la celda que habitó casi ininterrumpidamente hasta 1574, se destina a oratorio, inaugurándose en 1717 una capilla, conocida como de la Transverberación. El Convento alberga un museo teresiano y fue declarado Monumento Nacional en 1983.

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Convento de La Encarnación

El Papa Pío IV aprueba que el 24 de agosto de 1562 pueda trasladarse junto a cuatro monjas al convento de San José de Ávila, arrancando así la Orden del Carmen. Después vendrían 16 conventos en 20 años.

El convento conserva las dependencias conventuales, que permiten imaginar cómo era aquel primer convento de la reforma: cocina, refectorio, celda de la santa, claustro, campana fundacional y la escalera del diablo, por la que Teresa cayó en las Navidades de 1577, rompiéndose el brazo izquierdo.
El 4 de octubre de 1582 a los 67 años, moría en Alba de Tormes (Salamanca) Teresa de Jesús, donde fue enterrada. Desde su primera exhumación nueve meses después de su muerte, algunas partes de su cuerpo incorrupto fueron diseccionadas para guardarlas como reliquias: El pie derecho y parte de la mandíbula superior están en Roma; la mano izquierda, en Lisboa; el ojo izquierdo y la mano derecha que conservara Francisco Franco hasta su muerte, en Ronda (Málaga); un dedo, en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto en París; otro dedo en Sanlúcar de Barrameda; y el brazo izquierdo y el corazón, en sendos relicarios en el museo de la iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes.
Teresa de Ávila fue canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada primera doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970.