Según ha difundido Europa press, una de cada tres personas mayores son activas sexualmente y han mantenido relaciones en el último mes, según una encuesta hecha a personas mayores de 65 años en la provincia de Barcelona, que recoge que el 63% cree que la sexualidad no deja de existir en la tercera edad.

El 45,5% de las personas mayores cree que no tiene que utilizar medidas de protección sexuales, ha explicado este martes durante la presentación del estudio la socióloga Sònia Díaz, de la entidad Serveis Integrals per l’Envelliment Actiu (Siena).

Díaz ha subrayado que el estudio “rompe tabús” y demuestra un cambio de tendencia en los llamados ‘madurescentes’, la franja de edad entre los 65 y los 79 años, que muestra un cambio de actitud respecto a generaciones anteriores en esa edad, con más educación sexual, más actividad, acceso a las nuevas tecnologías y menos tabúes.

El director de desarrollo de Serveis Funeraris de Barcelona-Grup Mémora, Josep París, ha presentado el estudio preliminar en el marco del salón FiraGran 2016, y ha explicado que se trata de un estudio preliminar para el que se ha preguntado a 517 personas -un 45,9% eran mujeres y un 54,16% eran hombres-.

El estudio ha constatado un desconocimiento mayoritario acerca de las relaciones sexuales de personas mayores homosexuales, ante el hecho de que el 60% de los encuestados han admitido no saber si estos tienen relaciones con más frecuencia que los heterosexuales.

También recoge que cerca de la mitad de los encuestados no considera que sean necesarias medidas de protección sexual: un 26,3% -mayoritariamente hombres- consideran que están sanos y ya son mayores, mientras que el 19,1% -sobretodo mujeres- alega que medidas como el preservativo son solo para evitar embarazos no deseados.

Los hombres casados de entre 65 y 70 años son el perfil de población más satisfecha sexualmente, mientras que las personas que han asegurado tener más educación sexual son también los más activos.

Personas solteras y viudas son las que viven más mal su sexualidad, lo que Díaz y la sexóloga Mònia Presta han atribuido a la existencia de tabús, que se transmiten entre generaciones, y a la asociación de sexo con coito.

Presta ha observado que hay una gran diferencia entre las personas “felizmente casadas” y los casados pero no tan felices, con una gran diferencia entre la frecuencia entre las relaciones de ambos, y ha destacado que, pasado el primer año de enamoramiento, las parejas que permanecen juntas aceptando los defectos del otro son más felices.